lunes 26 de octubre de 2020

PERSONAJES | 31-08-2020 18:44

De aristócrata naíf a ícono mundial: la metamorfosis de Lady Di

A 23 años de su muerte, todo sobre la evolución de Diana de Gales, la “Princesa del Pueblo”.

Norfolk, Inglaterra, principios de los 90. Vísperas de Navidad. La Familia Real pasa las fiestas en Sandringham, casa de campo adquirida por el rey Eduardo VII en 1862 y adoptada por la actual Isabel II como núcleo de reuniones familiares.

Entre los altísimos muros de la mansión, una princesa de apenas treinta años (la persona más fotografiada del mundo) se mira en el espejo de una institución que cuenta casi diez siglos. Entre los sinsabores de un matrimonio infeliz, esta joven dama decide abandonar el “cuento de hadas” y su destino como reina, en pos de valerse por sí misma. Ya no puede sostener la farsa.  

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La metamorfosis de Diana
Guiño al look militar (1988).

Vida de película

En ese momento decisivo para Diana de Gales, la Casa de Windsor y la historia de la monarquía, se centra Spencer, el próximo filme de Pablo Larraín, que se rodará el año que viene.

Después de retratar mujeres imponentes como Jackie (la Primera Dama estadounidense encarnada por Natalie Portman en 2016) y Ema (una bailarina de reggaetón en la piel de Mariana Di Girolamo en 2019), el director chileno ha elegido a Kristen Stewart para interpretar a la “Princesa del Pueblo”.

El guion de Steven Knight (Peaky Blinders) permite vislumbrar, en el transcurso de un fin de semana, los encantos y contradicciones de uno de los personajes más icónicos del siglo XX.

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Si un par de días bastan para descifrar las singularidades de su carácter, con un puñado de imágenes es posible apreciar la esencia de Diana. Baile a la par de John Travolta en la Casa Blanca, con un vestido de terciopelo azul by Victor Edelstein.

Arribo a la gala de Serpentine Gallery con el mediático “Revenge Dress” (vestido de la venganza), entallado con hombros al descubierto, mientras por cadena nacional el Príncipe Carlos admite haberla engañado con Camilla Parker Bowles.

Visita a un hospital infantil en San Pablo con un vestido floreado, alegre, y bijouterie llamativa para que los niños jueguen. Fuera de los márgenes de la moda, sus elecciones dan cuenta de un carisma y una calidez impropios de la realeza, que acompañan su evolución como mujer.

La metamorfosis de Diana
Entre los sinsabores de un matrimonio infeliz, decidió abandonar su “cuento de hadas”.

Diario de una princesa con allure  

Antes de convertirse en monarca con calidad de movie star, “Duch” era una niña soñadora. Sin figura materna presente, la heredera del clan Spencer leía novelas románticas y se enfundaba en vestidos de sus hermanas mayores para bailar durante horas en los salones de Althorp, residencia familiar desde el siglo XVI.

No estaba sola. Desde las paredes la observaban generaciones de ancestros, retratados a pura suntuosidad por los artistas de su época.

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Quizás ese background la motivó al elegir el look de su primer retrato no oficial, antes del compromiso con Carlos: una blusa romántica con lazo al cuello by Elizabeth Emanuel, quien más adelante diseñaría su vestido de novia.

Al momento de la foto de Lord Snowdon, Diana tenía diecinueve años, trabajaba como maestra jardinera y compartía tanto departamento como guardarropa con otras chicas “posh”. Sus únicas posesiones eran un vestido, una camisa y un par de zapatos.

La metamorfosis de Diana
Retrato oficial tomado por Lord Snowdon (1981).

Un matrimonio tóxico

Para la Familia Real, cuya reputación venía dañada por movidas socioculturales como el punk, el compromiso de Diana y Carlos supuso la promesa de un cuento de hadas. Una oportunidad para renovar su imagen.

Él, una suerte de James Bond adepto a las rubias y los deportes extremos. Ella, una tímida joven de la aristocracia al estilo Sloane: collar de perlas, blusa femenina, zapatos de taco medio.

Tras el gran anuncio, todo lo que Diana lucía (incluido su anillo de bodas) se agotaba en cuestión de horas. Y la ceremonia, sintonizada por 750 millones de espectadores, confirmó el nacimiento de una estrella tan imponente como los casi ocho metros de cola de su vestido.

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Con los focos sobre sobre Diana, la princesa descubrió que su matrimonio distaba de las novelas que leía en su adolescencia. Su príncipe azul, trece años mayor, vio la atención mediática como excusa para recluirse en el Castillo de Balmoral.

La falta de comunicación lo dejó claro: como tantos vínculos ¨reales¨, el suyo estaba destinado a ser un acuerdo de cortesía en público y vidas paralelas en privado.

Sin confidentes ni referentes de su generación, la blonda alzó perfil y adoptó el mundo como escenario. Transformación física mediante, la otrora chica bien devino en “Dynasty Di”: una royal con el porte de Alexis Carrington, bien plantada sobre sus tacos, aficionada a las hombreras, las faldas cortas y diseñadores modernos como Catherine Walker y Bruce Oldfield.

Íntimo de la princesa, Bruce solía acompañarla a fiestas desdeñadas por Carlos.

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Un legado eterno

A contracorriente de su relación marital, el vínculo de Diana (“Princhey” para los amigos) con el pueblo se fortalecía cada vez más. Admirada por su soltura, su instinto maternal y su sentido del humor, Di asumió el rol de servicio desde un lugar humano.

Durante sus rondas por hospitales, descartó protocolos como el uso de guantes o sombreros, en pos de interactuar más cómodamente. En eventos benéficos dialogaba con la prensa, aunque fuera a través de sus gestos o sus estilismos. También se mostraba en la calle, entrenando o llevando a sus hijos, Guillermo y Enrique, al colegio.

La metamorfosis de Diana
Diana descartó protocolos como el uso de guantes o determinados sombreros, en pos del contacto humano.

Sus andanzas presumían tono cotidiano, sí, pero ningún detalle quedaba librado al azar. Lady Di fue la primera royal en desarrollar una marca personal, independiente de la monarquía. Su estilo evolucionó con ella y luego del divorcio en 1995, se despojó de ornamentos para ceder protagonismo a la dueña de sus propias riendas.

Predominaron piezas by Gianni Versace, John Galliano para Dior y Karl Lagerfeld para Chanel. Eso sí, nada del logo de la doble “C”: le recordaba a Carlos y Camilla.

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El espíritu humanitario de Diana prevalece tanto en la memoria colectiva, como en las obras benéficas del anual Diana Award.

Y su impronta estilística sigue vigente en homenajes como la muestra “Diana: Her Fashion Story” en el Palacio de Kensington; proyectos cinematográficos como el de Larraín; la nueva temporada de la serie de Netflix, The Crown, y los looks de una nueva generación liderada por sus nueras, Catherine y Meghan.

Asimismo, para Di la moda no era más que otra herramienta en su misión de mejorar el mundo. Meses antes de su muerte en 1997, subastó casi ochenta vestidos a beneficio de fundaciones contra el HIV y el cáncer, recaudando 3.25 millones de dólares. Sus palabras: “No me interesa ser considerada un ícono, no me llamen así. Soy sólo una madre intentando ayudar”.

La metamorfosis de Diana
El proyecto de Larraín tendrá a la camaleónica Kristen Stewart como protagonista.

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at Matías Tortello

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