viernes 18 de octubre de 2019

SOCIEDAD | Hace 1 mes

Empoderamiento: ¿cómo encontrar tu conexión interna?

En la era de la comunicación el auto-conocimiento es clave para el bienestar propio. Mucho se habla acerca del feminismo, la militancia y la responsabilidad social y todo eso nos lleva al núcleo de una palabra: empoderamiento.

A la raíz de cualquier forma expresión, el acto de empoderarse es el motor para descubrir nuevas facetas de uno mismo. Sin embargo, es una palabra que puede generar miedo cuando falta la profundidad del conocimiento propio.

Según la Enciclopedia Libre, empoderarse implica “el desarrollo de una confianza en sus propias capacidades y acciones, junto con el acceso al control de los recursos, la representación en los cuerpos de toma de decisiones y la participación de los procesos de planeación”.

Y este proceso de desarrollo de confianza interna puede ser intenso, y desflora en la vida de cada individuo de manera peculiar.

Personalmente, crecí en un típico hogar de una familia tradicional clase media –un pack que incluye raíces machistas, homofóbicas y religiosas. Como el cliché gay que soy (afeminado, con gustos por la moda y lejos de cualquier estereotipo de “macho alfa”), tuve muchos problemas en encontrar alguna forma de poder adentro mío.

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Siempre que algo me llenaba genuinamente el corazón de alegría – desde mirar constantemente Las chicas superpoderosas, hasta jugar con las muñecas de mis primas (mis primeros pasos como estilista) -, me encontraba con barreras y frenos por todos y me mostraba la pecaminosa vida de tragedias que me esperaban por delante, en el caso de no cambiar mis hábitos.

Lo que me resultaba muy difícil de asimilar – en mi cabeza de niño, no podía entender cuan mal era jugar con un par de Barbies. Igual, sentía en la piel el peso de verme como una vergüenza para otros, o el niño que todos apuntaban cuando pasaba, y los comentarios que los colegas de trabajo de mi papá hacían cuando me veían.

A los 12 años, yo tenía ojeras causadas por las noches de insomnio, estaba muy debajo de mi peso ideal y no salía de casa sin un buzo con capucha bien grande, como para esconder toda mi cara

Estaba lejos de conectarme con mi luz interior, y la situación se puso peor cuando decidí abrir la boca para contar un caso de acoso sexual, y todos me preguntaban por qué yo inventaría tamaña mentira para llamar la atención. Todos, incluso el psicólogo que debería orientarme.

En tan corta edad, me sentía en el abismo (todo esto, sumado a los problemas habituales que uno tiene en la pubertad). No tenía ganas de comer, ni de socializar; mi desempeño escolar iba de mal a peor, y me sentía aislado en una cueva bien oscura de mi cabeza.

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El tiempo fue pasando, hasta que la vida encontró su manera de hablarme bien en claro: a través una canción del ícono fashion de mi adolescencia, Lady Gaga. En la época en que ni siquiera yo creía en mí mismo, escuché las palabras que hicieron el click en mí para conectarme internamente:

“Soy linda a mi manera, porque Dios no comete errores – estoy en el camino cierto, baby, yo nací así. No te ocultes en arrepentimiento, solo amate a vos misma y listo”.

De alguna manera, yo sentí que no era solo una música – era un mensaje del destino que necesitaba para seguir con mi vida. Repetí este mensaje muchas veces, escribí en páginas de agendas y publiqué cincuenta mil veces esa frase en mi Facebook, hasta convencerme de que era verdad.

Un rato después, Beyoncé me dijo en el oído “te despertas? Impecable. Subís una foto? Impecable. Dando una vuelta? Impecable.” En el esplendor de mis 15, vivía mi mejor momento y estaba logrando tornarme un ser de luz, cuyo misión era ayudar a las personas a encontrar su poder interno.

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Ese fue el momento en que entendí que ser afeminado, con gustos por la moda y lejos de cualquier estereotipo de “macho alfa” era mi fuente de poder interno. Una fuente ilimitada.

De una manera muy inusitada, encontré mi poder por las palabras de mujeres que no se adecuaban a ningún padrón, sino que creaban sus propias formas para cualquiera que las quiera criticar de manera deconstructiva.

Entonces, queridx lector, cualquiera sea la batalla que estés enfrentando, tené en cuenta que la fuerza es tuya y que nadie te lo puede quitar.
Y cuando estés en duda, recordá: si las incapacidades de la vida te volvieron un marginado o apartado, disfrutá y amate a vos mismx hoy, porque naciste de esta forma.


 

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