SOCIEDAD | Hace 2 semanas

Tati Español: “Le decimos vagina a la vulva que es como decirle garganta a la cara”

La creadora de un taller que brinda empoderamiento sexual habla de la ESI (“que sigue sin incluir el goce”), del tabú que aún rodea a la masturbación femenina y de los mandatos sociales detrás del porno.

La curiosidad de Tati Español la llevó desde pequeña a investigar sobre la sexualidad y a descubrir la poca información que existe sobre el tema. Por la necesidad de transferir su conocimiento comenzó a dictar talleres.

El más reciente, lo brinda desde el año pasado, se titula “Todo sobre tu vulva” y es un espacio semanal de cinco horas pensado para empoderar a las mujeres en el placer. Aclara que no es psicóloga ni sexóloga, y que su rol es más bien el de una “intermediaria”.

Haces mucho hincapié en que sos autodidacta, ¿quiénes fueron tus referentes en esa búsqueda de información?

Empecé a informarme través de psicólogas y sexólogas feministas, con otras miradas y perspectivas encontré a la estadounidense Betty Dodson, que en los años 70 brindaba un taller bastante parecido al mío.

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Similar en el sentido de que yo no voy con la bajada de línea y digo “tengo la posta”, sino que brindo información que nos ocultaron durante un montón de siglos y que es bastante nueva.

Para empoderarnos desde el conocimiento. También me guié mucho por la clínica feminista sexual que hubo en Estados Unidos en la que hablaban sobre el aborto y comenzaron a darse cuenta de que lo que estaba escrito era muy diferente a lo que veían en la práctica.

Incluso a nosotras nos enseñaron un modelo de vulva con un color, una forma y un tamaño que no es real porque existe una diversidad increíble.

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Desde tu perspectiva, ¿el feminismo llegó a la cama?
Yo creo que todavía falta un montón y que aún no ha llegado. No se reconoce al placer como algo inherente al feminismo y la sexualidad. De hecho el año pasado en el debate del aborto, ¿quién hablo de goce?

¿Crees que la Educación Sexual Integral (ESI) debería llamarse educación de prevención?
Y… un poco sí. Porque la educación sexual en nuestro país es súper heteronormativa y habla desde la reproducción. Y no lo hace desde el placer. Eso me dispara dos temas.

Por un lado hace 13 años que está vigente la ESI y no logramos que se aplique, si encima hablamos de placer, no se implementa más. Entonces hoy hay otras prioridades y las entiendo, aunque creo que se puede cambiar porque a mi taller vienen muchas docentes que después aplican los conocimientos en sus clases.

¿Por qué crees que no se incluye el placer?
En primer lugar, porque el placer está muy conectado con todo porque significa pasarla bien. Y cuando una mujer sale a la calle y tiene miedo por todos los peligros que existen como la violación o los femicidios o el riesgo de quedar embarazada en un encuentro heterosexual, todo eso no nos permite relajarnos.

Entonces ahí caemos en esos lugares súper banales de “como la mujer es más romántica, necesita más contención para calentarse, en cambio al hombre se le para rápido”. Y lo que pasa en realidad es que ellos no tienen ni un riesgo, ni un miedo.

Además nosotras tenemos otra conexión con nuestro cuerpo porque no nos enseñaron cómo funciona. De hecho le decimos vagina a todo que es como decirle garganta a nuestra cara.

Y es simbólico porque la vagina es justamente lo reproductivo, lo que le da placer al varón heterosexual. Y cuando decimos vagina, extraemos todas las demás partes como el clítoris, que en general es la que a las mujeres nos dan placer.

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¿Por qué ocurre?
Nosotras llegamos a nuestro primer encuentro sexual sin ningún conocimiento, con mucho tabú sobre la masturbación que es de donde más se puede sacar información.

Los varones, en cambio, no cargan con ese tabú. Incluso las mujeres sabemos mucho más cómo funcionan sus genitales que cómo funciona nuestro clítoris, a pesar de que se estimula de la misma manera que el pene.

¿Cuáles son las problemáticas actuales por las cuáles todavía no se busca esa información?
Para mí hay cuestiones generacionales, en las más grandes lo que ocurre es la falta de información y en las más jóvenes lo que más las conflictúa es la pornografía.

El problema con el porno es que como no tenemos educación sexual, las personas aprenden desde ahí y esa no es la realidad. No se trata de prohibirlo sino de explicarlo. Es importante resaltar que no funciona así.

Porque algo que me pasa muy seguido es que cuando yo muestro una vulva de verdad, no las que se ven en las películas que están todas operadas, modificadas, blanqueadas y con los labios recortados, muchas chicas se largan a llorar y dicen “creía que mi concha era horrible”.

Eso pasa mucho porque las mujeres no vemos muchas vulvas y los varones tienen la ventaja de ver otros penes. En los baños de gimnasios o públicos.

Y si lo único a lo que accedemos es a ese modelo hegemónico termina siendo súper dañino. Independientemente de que en el porno el placer femenino tampoco está representado.

¿La pornografía también ayudó a ocultar al placer femenino?
Creo hay un montón de factores. Pasamos por muchas épocas prohibitivas del placer y de una lógica en la que la mujer no podía estar liberada sexualmente.

De a poco comenzó a liberarse, de hecho recién en los años 70 que se empezó a hablar del clítoris, luego llegaron los 80 con el concepto de punto G.

Se sumó un lugar más que tiene que ser a través de la penetración. Y la mayoría de las consultas que recibo tiene que ver con que muchas mujeres no sienten placer en la penetración y creen que algo falla en ella.

Y en eso el porno tiene que ver pero también la educación y ciertas teorías de (Sigmund) Freud... Además nosotras estamos moldeadas culturalmente porque por un lado somos las que tenemos que usar lencería sexy, comprar aceites, depilarnos, es decir, generar el estímulo en la otra persona.

Pero, por otro, también hay una bajada muy grande de que el placer lo brinda otra persona. “Este me coge bien”, es una frase común con la que pareciera que el encargado de nuestros orgasmos es otro.

Para mí cada encuentro se debe hablar y discutir con errores y aciertos. Porque muchas veces ni nosotras sabemos qué nos gusta y mucho de eso se aprende a través de la masturbación.
 

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