sábado 8 de agosto de 2020

PERSONAJES | 22-07-2020 19:25

Carolina Unrein: “Se siguen pensando a los cuerpos trans como cuerpos violables”

Modelo y escritora, Carolina estrena mañana su primer trabajo como actriz para la pantalla grande (que ahora llega a Cine.ar): Yo, adolescente, un relato coral sobre los conflictos y dilemas de las nuevas generaciones. Hablamos con ella sobre esa película y sobre su propia historia, cruzada por el drama, la madurez, los traumas y la esperanza.

Dirigida por Lucas Santa Ana, y basada en la novela homónima de Zabo, Yo, adolescente tiene todo para convertirse en una película bisagra o al menos en una obra de referencia para toda una generación que creció en el limbo formado por los últimos años 90 y los primeros 2000.

Virtudes y aciertos a un lado (ya escribiremos más sobre ello), la película -que se estrena mañana, jueves 23, por la plataforma de Cine.ar- también quedará como la primera carta de presentación cinematográfica de Carolina Unrein, la actriz y escritora trans responsable de dos muy crudas novelas novelas autobiográficas: Pendeja, diario de una adolescente trans (Editorial Chirimbote, 2019) y Fatal, una crónica trans (Planeta, 2020).

Criada en la pequeña localidad de Diamante, Entre Ríos, hoy Carolina transita la cuarentena en su departamento de Villa Crespo, desde donde nos atendió para hablar de este estreno, de su propia adolescencia y vida, de los abusos y prejuicios y del arte como vehículo de identificación y salvación.

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-¿Es muy errado imaginar que lo primero que te atrajo de esta película y del libro fue su foco en la adolescencia, un período que también fue central para vos como autora?

-No, no es errado. Creo que Zabo y yo tenemos algo en común, y es que los dos sentimos en algún momento la necesidad de contar nuestras propias adolescencias porque ninguna historia sobre ese período nos representaba. Al menos a mí me pasó eso, crecí sin ningún relato de adolescencia que me representara.

Y en definitiva creo que eso fue lo que me impulsó a escribir, primero cuentos, después poesías y novelas un poco para cubrir ese agujero, para crear un universo en donde pueda sentirme reflejada.

-¿Te seguís sintiendo adolescente?

-Sï, siento que todavía soy muy chica para muchas cosas, aunque a su vez creo que me tuve que curtir muchísimo en otras cosas y de manera muy rápida. Esa dualidad todavía es algo que me confunde y mucho. Por momentos me siento más adulta de lo que soy. Supongo que estoy en medio de una transición hacia una adultez. O joven adultez.

Carolina Unrein
Su primera y autobiográfica novela.

-¿Creés que tus 20 serán menos desafiantes?

-No, pero al menos las crisis identitarias dejarán de estar tan en primer plano. Esto de quién soy, cómo soy… Pero igual habrá mil otros temas no resueltos y también críticos. Lograr independizarme, hacer un camino, verme reflejada y representada en él... No será sencillo, para nada. Es toda una etapa está muy caótica, pero también muy bella.

-¿A qué te referís con bella?
-A que esa propia crisis lo es. El gran conflicto que es ser adolescente o joven esconde una gran belleza detrás, que se puede explotar, o no, desde un costado creativo, pero que es algo inherentemente bello. Es lindo de vivir y de atravesar ese caos.

Y está bueno darse cuenta de eso en el momento, no muchos años después. Y de eso, de haberme dado cuenta a tiempo, es una de las cosas que me siento muy orgullosa.

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-Es curioso porque a tus 13 vos ya eras muy “adulta”, en el sentido de haber tenido que enfrentar situaciones muy complejas. El propio hecho de hablar con tus padres, y ser vos las que les expliques qué es ser trans, los tratamientos de hormonas y  que no se trata de una fase y demás, es un montón… ¿Cómo hiciste para tener esa madurez a tan temprana edad?

-Supongo que fue una mezcla de todo, el hecho de ser la más chica (tengo dos hermanos mayores) sin duda ayudó. Por otro lado, nuestros papás laburaban todo el día. Y todos los días, mi familia era de clase media muy ajustada y ellos estaban realmente muy ocupados todas las semanas.

Habrá sido a mis 6 o 7 años, cuando ellos se dieron cuenta de que no necesitaban tener los ojos encima mí y ahí, me dejaron ser. Empecé a pasar mucho tiempo sola y, por necesidad y/o curiosidad, empecé a madurar más rápido. Creo que poder haberle dicho al mundo “soy trans” tuvo que ver en algún punto con esa etapa previa de “empoderamiento” medio forzosa. Pero sí, es cierto, siempre fui más "madura" que el resto de mis compañeros.

-¿Todo esto fue en Entre Ríos?

-Sí, la primaria fue en Viale, un pueblito muy chiquito de unas 9 mil personas y la secundaria, en Diamante, de donde son mis padres. Ahí vivirán unas 20 mil personas más o menos.

-¿Cómo fue crecer en dos pueblos chicos?

-Horrible. En serio, fue particularmente difícil… El tema con los pueblos chicos es que no tenés ni un tercio, mejor dicho ni un décimo, de los recursos y herramientas de las grandes ciudades. Ni hablar de la Capital Federal…

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Más allá del bullying que sufrí antes, durante y después de mi transición, fue muy feo no poder encontrar nunca gente que sea como yo. Ni que me entendiera ni que tampoco tuviera la mínima decencia como para ponerse en un lugar de humildad, escucharme y al menos intentar entenderme.

En esos años me crucé con muy pocas personas que cumplieran con algo de eso, un par de amigos nomás, que eran gente mucho más grande que yo. En general me sentía completamente sola en el mundo. Iba de grupo en grupo pero nunca encontraba real compañía.

Carolina Unrein
Los abusos, el deseo, la identidad... Todos temas centrales en su obra y vida.

Caminaba sola, siempre y con esa permanente sensación de que no pertenencia a ningún lado. Que no encajaba ni podría formar parte de ningún espacio. Llegué a pensar que todo el mundo era así. Recién en Buenos Aires esa sensación empezó a desaparecer. Y no del todo, claro.

-¿Por qué no del todo?

-Porque es un problema con el que sigo lidiando hoy y con el que deben lidiar todas las personas trans. Si bien yo tuve el privilegio de crecer en una casa que me abrazó y contuvo, lo cierto es que vivimos en un mundo que niega nuestra existencia.

No sé si se entiende del todo lo que quiero decir, pero invalidar la identidad de alguien es algo muy tremendo, es creer firmemente que esa persona no debería existir.  Es algo muy traumático y solitario y una de las razones por la que tantas trans elegimos eliminar nosotras mismas nuestras existencias. Es difícil encontrar espacios donde te sientas parte…

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-En cierto modo, negar la existencia de alguien es peor que antagonizarla... Es incluso peor que el bullying…

-Sí.

-Leí que Camila Sosa Villada y Susy Shock fueron dos grandes referentes para vos…

-Sí. A Camila la vi en la por primera vez en La viuda de Rafael, la miniserie que emitió la TV Pública en 2012. Y fue un verdadero shock. Verla a ella y a Maiamar Abroso en pantalla fue algo muy poderoso, que me dio mucha fuerza y confianza, recuerdo que a las pocas semanas del último episodio de la serie yo decidí salir al mundo tal cual soy. Fue en gran parte gracias a ellas.

A Susy Shock la conocí a los 15, por un amigo de un grupo de teatro que me acercó sus textos. Y gracias a ella, y a Camila, empecé darle más bolilla a mi propia escritura. Creo que ambas, sin saberlo, me regalaron esa posibilidad, la de creer que lo que yo escribía y hacía podía interesarle a alguien. Y acá estamos…

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¿Y cuándo fue que dijiste también voy a ser actriz..?

-Más o menos por la misma época, recuerdo que en 2013 apareció Orange is the New Black y verla a Laverne Cox ahí también fue un shock. Durante tantos años los personajes trans habían sido interpretados por personas que no eran trans que sentí que estábamos frente a un gran cambio, un “game changer”.

De todos modos, yo siempre tuve muchas dudas sobre mis posibilidades como actriz, en el fondo de mi ser sentía algo así como: “de todas las cosas que hago, la actuación será sin dudas la que corre con menos chances de desarrollarse”. Por suerte me vengo equivocando muchísimo con mis predicciones… (ríe)

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-Alguna vez te escuché decir que te suelen decir mucho “no se te nota lo trans” y que vos misma tuviste que hacer un gran trabajo para poder explicar que eso no es ningún elogio…

-Sí, es cierto. Soy consciente de que por mi físico el patriarcado quiere, y puede, venderme como modelo. Incluso como modelo trans. Siento que eso no le quita mérito a lo que hago, pero necesario tenerlo en cuenta y expresarlo. Para que en algún momento deje de ser así. Y para que dejemos de evaluar como éxito ser blanca, rubia y flaca.

-¿Viste la serie Euphoria?

-Sí, por supuesto. Es una de mis series favoritas.

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Es difícil hablar de orgullo en un mundo en el que en muchísimos lugares aún hoy podés ir preso, y hasta morir, solamente por ser LGBTQ. Sin ir más lejos, yo crecí en un país en el que el promedio de vida era (y sigue siendo) de 35 años para las personas trans. El mismo país en el que la gran mayoría de nosotras tampoco puede ingresar en el mercado laboral. O en el que al menos el 90% pensó, planificó o intentó un suicidio. Con estos datos, durante mi adolescencia yo realmente no creía que sería capaz de alcanzar nada, o al menos no en esta vida, por culpa de ser quien era auténtica y libremente. Es más, hasta el día de hoy tengo mis dudas de si voy a sobrevivir los 30. Al final, tuve la suerte de poder pertenecer a un pequeño porcentaje de mujeres trans y travestis que no tienen que recurrir a la prostitución para poder comer. Y de eso me siento orgullosa, porque pude encarnar ese sueño que tenía Lohana, por ejemplo, de que las personas trans podamos empezar a vivir otras realidades a las que nos empujaron a vivir historicamente. Y no cualquier realidad, sino realidades que sean dictadas únicamente por nosotras mismas, y no por nadie más. Una realidad en la que seamos nosotras las que decidimos sobre nuestras vidas y sobre nuestros cuerpos. Y aunque sé que esto es posible, en mi caso, gracias a muchas otras que vinieron antes, y a otros muchos privilegios que tuve, me permito enorgullecerme, por entender, o más bien por atreverme a soñar, de tan joven, que era posible vivir en un mundo en el que la única que puede tomar las riendas, soy yo. Y por eso, feliz orgullo.

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-Allí vuelve a aparecer algo que asoma como una constante en el mundo trans: los abusos sexuales. Es como que a la negación de la que hablabas antes se le suele sumar una usurpación de esos cuerpos e identidades…

-Sí. Se sigue pensando a los cuerpos trans como cuerpos violables. Para gran parte del imaginario social, ser trans significa: “queremos que nos cojan”. Nos ven como hombres gays que se pasaron de la raya y se visten como mujeres para provocar a los hombres. Y que por eso tenemos que aceptar el avance sexual de cualquier de ellos.

Porque además somos eso, pervertidos sexuales. Marlene Wayar y Susy Shock suelen decir algo muy cierto: los cuerpos trans son la carne más barata del mercado. Es algo muy crudo y lamentablemente muy real, que sigue estando presente en muchos sitios. Por eso es tan difícil para nosotras tener citas y una vida amorosa segura, fluida y normal…

Y por eso también muchas de nuestras experiencias sexuales fuero o son abusivas. Las primeras, casi inevitablemente.

-¿La tuya también lo fue?

-Sí, mi primera experiencia sexual fue un abuso. Y lo peor de todo, es que no fue el único abuso sino que le siguieron muchos más… Volviendo a Euphoria, me gustó mucho cómo la serie puso este tema en foco y demostró cómo esta problemática sigue siendo algo muy vigente.

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-¿Tenés esperanzas de que este cuadro de situación mejore o de que esté mejorando?

-Es una de mis grandes dudas. Una de las principales incertidumbres con las que estoy aprendiendo a convivir. ¿Están cambiando las cosas realmente? ¿Lo que hago, funciona para algo? ¿Vale la pena todo esto?

Supongo que son dudas que no resolveré hasta dentro de muchos, muchos años. Y lo bueno, por llamarlo de algún modo, es que toda esa incertidumbre, toda esa ansiedad que me generan esas dudas, también pueden ser un motor. Y así lo tomo, como combustible para seguir haciendo todo lo que estoy haciendo… -

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