viernes 18 de octubre de 2019

PERSONAJES | Hace 1 mes

Mariana Genesio Peña: “Por momentos me olvido de que soy trans”

Tras debutar en El marginal le llega ahora su primer gran protagónico en tele con Pequeña Victoria. Acá habla de su vida, de su historia de amor a lo Hollywood, de la maternidad y de sus propias (y no tan pequeñas) victorias.

El suave y sonriente “Mariana” con el que se presenta y saluda es también una sutil muestra de su sencillez y singularidad. Es que pensándolo apenas un poco, resulta evidente que mientras que para la mayoría de los mortales el nombre es algo puesto y heredado, una entidad que no encierra dudas y sólo exige repetición, para ella fue todo lo contrario: una elección, una bisagra.

Dice que no retiene bien cuándo se tornó definitivo, pero sí recuerda con nitidez que ese era el nombre que usaba desde muy chica para transformarse en actriz, algo con lo que fantaseó desde que tiene memoria.

“En el colegio tuve un gran amigo, con quien actuábamos todo el día. Nos encantaba jugar a que éramos dos modelos muy chetas y huecas. Y ahí también reapareció ese viejo nombre: él era María José y yo, Mariana.

Recuerdo patente que un día estábamos en el parque y él se quedó mirándome fijo y de repente me dijo una frase que me quedó para siempre: ‘vos sos Mariana de verdad. Está en tus ojos, la veo y quiere salir’.

Por aquel entonces, fines del secundario, yo pensaba que era gay nomás, con cierto look andrógino, sí, pero nada más. De a poco fui dándome cuenta de todo el resto”, sentencia hoy, a días de dar un nuevo paso en su feliz realización: su entrada, y ahora por la puerta grande, a la televisión, un medio que durante mucho tiempo le resultó lejano, inaccesible o “para otros”.

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Su debut, en rigor, fue el año pasado en la segunda temporada de El Marginal donde la vimos como Ginna, pero a partir de este mes será Emma, una de las cuatro protagonistas de la nueva y esperada tira de Telefé, Pequeña Victoria.

“Al comienzo fue algo intimidante verme al lado de esas actrices gigantes, con tanta experiencia y carrera. Tenía miedo de que digan y piensen: “¿Y está quién es?”.

Pero terminó siendo todo lo contrario, todas mis compañeras fueron muy generosas conmigo y eso lo valoro un montón”. Nacida en la ciudad de Córdoba, Mariana llegó a Buenos Aires allá por 2008 y comenzó a tejer una silenciosa carrera en el off.

En un café de la avenida Corrientes conoció a Nicolás Giacobone, quien se convertiría luego en coguionista de películas como El último Elvis, Birdman (con la que ganó el Oscar) y Animal y también en su marido.

“Nuestra historia fue como una comedia romántica de Hollywood”, comenta ella y enseguida relata que a poco de conocerse, se fueron a vivir juntos -y ya casados- a Nueva York.

Allí sucedió el “boom Birdman” que la metió de repente en un raid de fiestas, red carpets y encuentros top. “Desde entonces hubo varios que me miraron con cara de ‘esta llegó por su novio’ pero no me importa demasiado.

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Sé perfectamente que no fue así y que todo lo que tengo fue fruto del trabajo y el esfuerzo. De hecho me llevó 10 años llegar hasta acá”, afirma.

¿Siempre supiste que querías ser actriz?

Te voy a ser sincera: más que actriz, de chiquita soñaba con ser famosa. Fantaseaba con ser una estrella, que me saquen fotos, que me entrevisten… (ríe).

Fuera de broma, no me tenía fe como actriz, en aquel entonces, además, las referentes trans eran Cris Miró o Flor de la Ve, así que pensaba que a lo sumo mi camino iba por ahí, por la comedia o el teatro de revista… Descubrirme como actriz también llevó su proceso, no fue algo automático para nada.

¿La veta artística la heredaste de alguien?

No. Y es algo que siempre me pregunto porque en mi familia no hay nadie que se dedique a algo artístico. Mi papá tenía una fábrica de productos alimenticios, mi mamá, ama de casa, muchos de mis abuelos y tíos eran abogados… Supongo que siempre fui muy fantasiosa.

Mariana Genesio

¿Hermanas tenés?

Sí, pero todas nacieron cuando yo era más grande. La primera cuando yo tenía 5 y las mellizas cuando tenía 16. Lo que sucede es que mis padres me tuvieron cuando todavía eran adolescentes, mi mamá tenía 15 y mi papá 19. Fui un accidente, claramente. Un forro pinchado.

¿Y siguen juntos ellos?

Sí, eso es lo más increíble. No te voy a decir cuántos años llevan de casados, para no deschavar mi edad, pero su historia de amor es muy de novela. Y no es por mandato o costumbre, eh. Se aman. Yo creo que los dos venían de realidades e historias muy duras -mi mamá, de hecho, fue huérfana desde muy chica- y se encontraron.

¿Provocó conflictos con ellos tu elección?

Sí, sobre todo con mi papá, ya que al principio no lo aceptaba demasiado. La convivencia se hizo por momentos un poco difícil. De hecho durante toda mi secundaria yo viví con Lucy, mi abuela materna.

A mi papá lo habían trasladado a Tucumán y para no perder el primer año de escuela me dejaron un tiempo con ella, pero cuando llegamos a fin de año les dije que no quería irme a Tucumán y me quedé viviendo con mi abuela en Carlos Paz.

¿Te respetaron esa decisión?

Fue una lucha, pero sí, la respetaron. Yo me había puesto muy rebelde en esa época y además al poco tiempo nacieron mis hermanas más chicas. Digamos que fue todo un proceso conjunto.

Y paulatino. Con el que más chocaba era con mi papá. De a poquito, muy de a poquito (sonríe), fue aceptando mis decisiones, incluso la de ser Mariana. O al menos se acostumbró, sin aceptarlo del todo.

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Quizá lo que lo aflojó del todo fue cuando me vine a vivir Buenos Aires y después cuando empecé a vivir en pareja con Nico. Ahí se relajó del todo. Y en algún punto, lo entiendo.

¿Por qué?

Porque no se trataba de una no aceptación porque sí, tenía que ver con los miedos típicos de un padre, esto de no querer verme sufrir, o que termine ligada a la prostitución y a lo marginal.

Por esto te digo que cuando me vio que vivía en pareja, en una relación sana y cumpliendo de alguna manera mis sueños, aflojó mucho más.

¿Se lleva bien con Nico?

La verdad que no tienen mucho contacto, yo no soy muy de armar planes familiares, onda la mesa de los domingos y la pasta casera. A Córdoba suelo viajar sola, y mis padres vienen muy poco. Mi mamá quizá viaja más pero mi papá vendrá una vez al año, no más.

¿Se quedan con ustedes cuando eso sucede? 

Nooo, van a un hotel. ¿Ves? Soy muy poco familiera.

Lo curioso es que esta nota elegiste hacerla en la casa de tu suegra, con quien al parecer tenés una muy buena relación.

Sí, es cierto, con Titi tenemos mucha sintonía. Al igual que con la hermana de Nico. Somos los cuatro muy parecidos, muy libres y, sobre todo, muy tranquilos.

En la tira tendrás un papel muy ligado a la maternidad. ¿Cómo te pega eso?

No me pega para nada (ríe). Fuera de broma, quizá suene feo esto, pero te juro que toda mi cuota de madre está puesta en mi perro, Larry, un Jack Russell hermoso. No tengo el deseo ser madre, creo que no lo tuve jamás.

No siento que sea una vía de realización ni nada por el estilo. Por suerte, con Nico estamos en plena sintonía en este tema. Ojo, los bebés me enternecen muchísimo y me encanta mi rol de tía, pero no me imagino siendo madre.

Tomando prestado el título de la novela, ¿cuál dirías que es tu pequeña victoria en la vida?

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Uff, Tengo muchas. La verdad es que me siento muy victoriosa. No quiero sonar arrogante, pero en seguida me aparecen muchas conquistas, algunas que ni siquiera esperaba. 

Estar haciendo este papel es una de ellas, fue mi gran deseo de siempre llegar a la televisión, es un poco para lo que vine a Buenos Aires. Y en el medio hubo muchas otras victorias, enamorarme, convivir, casarme, ¡poder cambiar mi nombre en el documento! No fue una conquista personal, sino colectiva y muy importante.

¿Formás parte de algún colectivo de actrices o mujeres trans?

No. Mi militancia es más bien individual y silenciosa.

Decís que de chica tus referentes fueron Cris Miró y Flor de la V. ¿Te interesaría ser eso mismo para las generaciones jóvenes de hoy?

Sería muy pretencioso buscar algo así pero sí aspiro a ser la mejor actriz que pueda llegar a ser. Si en el medio alguien se siente representado o alentado por eso, muchísimo mejor. Ojalá. Yo siento que esta novela que estamos haciendo en algún punto tiene algo de inspirador ya que mi personaje sale bastante del estereotipo trans marginal o de la caricatura en clave de comedia.

Estamos muy habituados a contar lo difícil que es ser trans (cosa que es cierta) pero acá quisimos pararnos en un lugar más real y humano.

La idea fue humanizarla a Emma en su sentido más amplio, reflejar que las trans vivimos y atravesamos las mismas experiencias que todos: nos enamoramos, buscamos y perdemos trabajos, nos desilusionamos, nos divertimos, sufrimos. Obvio que hay dificultades, pero no por eso tenemos que estar siempre en el mismo registro dramático.

¿A vos te resultó difícil ser trans?

(Piensa) Sí y no. Para empezar, lo cierto es que me tocó vivir en una época en la que se barrieron con muchos prejuicios y hasta se nos otorgaron ciertos derechos que son esenciales, como el del documento. P

or supuesto que todavía hay mucha discriminación, pero no es algo que me haya marcado. Te soy sincera: por muchos momentos yo me olvido de que soy trans, lo vivo como algo súper natural y cero problemático.

Jamás me martiricé por ser trans, odio eso. Es que más allá de las dificultades obvias de una elección tan importante, para mí ser trans fue una verdadera liberación. No la siento como una cruz, sino todo lo contrario, como la expresión de lo siempre quise ser. Lo transito con felicidad y orgullo.

¿Te quedan muchos sueños por delante?

Sí, claro, un montón. Si me apurás, te digo que me gustaría ser presidente de la nación. O por lo menos, primera dama.

Estilismo: Priscilla Attanasio.

Maquilló y peinó: Lu Romero.

Agradecimientos: JT y Kosiuko (vestuario) y Spa Lola Nails (manicura).  

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