Thursday 22 de October de 2026

MODA | Hoy 08:02

Lulú Martins: la diseñadora que transforma recuerdos, flores y prendas reutilizadas en moda

Un matriarcado, flores y ropa que se reutilizaba fueron la inspiración de esta diseñadora para crear piezas singulares. Color, magia y formas que nos hacen soñar con un estilo único.

La historia de Lulú Martins empieza mucho antes de la marca, en un linaje de mujeres fuertes que cosían, bordaban y creaban con sus manos, pero que también conocieron las imposiciones de su época. Es socia con su mamá y su hermana, y ama trabajar con mujeres. Lulú parece convertirse en ese eslabón que toma aquellos saberes y los lleva hacia otro lugar. Sus diseños son pequeños fragmentos de ese imaginario que salen a la calle, vistiendo flores, paisajes y sueños. Quizás ahí esté también la verdadera herencia, no repetir una historia sino encontrar la propia manera de continuarla.

Lulu Martins
Su espacio de trabajo tiene su esencia: libros de arte, colores y mezcla de estilos.

¿Cómo nació Lulú Martins y qué recordás de esos primeros pasos?

-Yo era muy chica, tenía 19 años. Estudiaba Diseño de Indumentaria y Textil en la FADU y trabajaba en un depósito de maquillaje, armando pedidos, por un sueldo mínimo. Mis compañeras de la facultad hacían pasantías en marcas y ganaban menos que yo. Cuando empecé a hacer cuentas, entendí que tenía que empezar cuanto antes. En mi casa no sobraba nada y necesitaba generar mis propios ingresos. Hicimos una primera colección de 30 prendas y armamos un showroom en una habitación de casa. Yo repartía folletos a los vecinos y subía fotos a Facebook desde mi perfil. Pasaron varios años hasta que empezamos a trabajar con talleres y a hacer crecer la estructura. Fue casi por obligación: hicimos una campaña en Islandia y esa colección gustó muchísimo, se agotó enseguida, pero nos agarró sin ese know-how. Así que aprendimos a los ponchazos.

-Desde tus inicios, lo mágico, la naturaleza y el ensueño están presentes en tus colecciones. ¿De dónde nace ese imaginario?

-Desde chica pasaba muchísimo tiempo en contacto con la naturaleza. En casa no teníamos televisión, por decisión de mis padres, y durante varios años, a partir de la crisis de 2001, el teléfono era solo para recibir llamadas. Así que leía mucho y me inventaba cosas para hacer.

Armaba terrarios, buscaba bichos, me colgaba de los árboles. Siempre tuve fascinación por los insectos. También crecí rodeada de flores. Una de mis abuelas las pintaba y la otra las bordaba, así que ese universo estaba muy presente en mi casa. Todo eso fue construyendo una mirada que después se tradujo naturalmente en mis diseños.

“En momentos de recesión aparece esa necesidad de ir a lo seguro, a lo neutro, a algo que funciona y no te haga pensar demasiado”.

-Pero todos esos mundos también tienen su lado oscuro y a veces salvaje, que escapa a nuestro control. ¿Cómo explorás esa otra dimensión en tus diseños?

-Las personas buscan encontrar en la marca ese costado lúdico y onírico que es inherente a nuestro universo. Cuando aparece algo más oscuro, esa sombra está tamizada y se comunica desde nuestro lenguaje: puede verse en una imagen, una campaña o como un acento dentro de una colección. Pero nuestra clienta entiende mucho esos guiños.

Durante el duelo por la muerte de mi papá, estábamos las tres atravesando ese duelo. Fue un período de mucha terapia y de un camino espiritual que me hizo enfrentarme con esa parte más incómoda y humana que muchas veces la sociedad no quiere mirar.

Me pasa, por ejemplo, con el cuadro de Ofelia, que amo. Es un personaje trágico de Hamlet. La escena es bellísima, con esa mujer rodeada de flores. Pero aparece esa otra dimensión, la muerte, que no tiene por qué ser algo negativo. Ahí el desafío está en cómo acercarnos a esa historia. En esa intersección se generan matices muy interesantes en el proceso creativo. Se trata de encontrar belleza sin dejar de entender que esos contrapuntos conviven.

Lulu Martins
El trabajo artesanal y su vocación vinculada a la pintura reflejados en sus diseños.

-¿Y qué pasa cuando una tendencia, además muy amplificada por las redes, no conversa con una identidad tan marcada como la de Lulú Martins?

-Soy muy mala mintiendo —se ríe—. Para mí se trata de no ser desleal a lo que somos. Cuando una tendencia no nos acompañaba, algo que pasa muchas veces, aprendí a adaptarme pero no camuflarme. Como diseñadora puedo diseñar lo que quiera, sobre todo cuando son modas tan instaladas, pero también puedo pensar en el negocio. Entendí que no se trata de escaparles, sino de ver qué puedo tomar de esa situación.

Y fue un gran aprendizaje a prueba y error. Cuando lograba hacerlo propio, funcionaba; cuando la prenda no terminaba de ser genuinamente Lulú, no se vendía.

También vivo armando líneas de tiempo y buscando patrones, me es inevitable —se ríe—. Por ejemplo, el quiet luxury y otros fenómenos que aparecen después de las recesiones tienen antecedentes en otros momentos históricos. Esas conexiones para mí son clave para tener una lectura que nos encuentre más preparadas como marca.

-¿Qué buscás cuando armás esas líneas de tiempo y encontrás patrones? 

-Hay algo de agudizar la sensibilidad para captar qué está pasando. La información está ahí, en todas las variables, sociológicas, psicológicas, económicas. Se trata de leer el contexto y relacionarlo con lo que ya pasó.

Por ejemplo, después de la pandemia volvimos a ciertas formas conocidas de vestir. En momentos de recesión aparece esa necesidad de ir a lo seguro, a lo neutro, a algo que funciona y no te haga pensar demasiado. También es algo que se potencia con el scrolleo en redes, ese “dame, listo, lo consumo”. Con mi hermana veníamos viendo que eso podía empezar a cambiar. De repente vuelven el color, las estampas. Y esa lectura también te permite prepararte para lo que viene. No significa no equivocarse, sino saber pegar la vuelta y aprender.

Antes de la apertura de las importaciones armé un plan de contingencia, busqué asesoramiento externo y sistematicé todos los procesos y la producción. La idea era que la crisis no me agarrara desabastecida y poder sostener la estructura y las fuentes de trabajo. Podría haberme achicado, pero decidí hacer lo contrario y prepararme lo mejor posible, aunque lógicamente es inevitable que no te atraviese.

“La flor es muy importante en la marca y también en mi historia familiar. Tiene algo etéreo, porque es hermosa y al mismo tiempo se transforma”.

-Después de 17 años de recorrido, ¿en qué etapa te encuentra hoy Lulú Martins y qué es lo que más te enorgullece de este camino?

-Desde los inicios quise trabajar con textiles biodegradables. Hoy estamos pudiendo hacer una colección casi toda en algodón, lino y rayón, y para mí es un gran logro. En mi casa nunca se tiraban las cosas, se restauraban. Yo hacía lo mismo desde chica, cuando armaba mi propia ropa, y eso estuvo presente incluso antes de que el upcycling se instalara como concepto. Siempre hacemos al menos una cápsula con los retazos que nos quedan. Los corto a mano y los transformamos en prendas nuevas. Lo que no podemos reutilizar lo donamos a cooperativas y artistas. La idea es que todo tenga una segunda vida.

-Hablás de dar una segunda vida. ¿Hay algo de esos ciclos que también encontrás en las flores?

-Exacto. Hay un paralelismo con mi forma de pensar el diseño. La flor es muy importante en la marca y también en mi historia familiar. Tiene algo etéreo, porque es hermosa y al mismo tiempo se transforma. Me pasa con el tulipán. Me encanta cuando está nuevo, divino, pero me gusta todavía más cuando empieza a arrugarse y retorcerse. Hay algo de ese momento en que deja de ser perfecto y empieza otra cosa. Me gusta observar ese ciclo, cómo algo termina para volver a empezar. Creo que ahí también hay algo de mi manera de apreciar lo efímero, esa belleza que está en transformación y la posibilidad de que siempre haya un nuevo comienzo. 

 

at Gaby Ratner

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