«I like my body when it is with your body» —amo mi cuerpo cuando está con el tuyo—. Es a partir de este verso del poeta estadounidense E.E. Cummings, carnal y modernista, que Maria Grazia Chiuri comienza a concebir la colección Primavera-Verano 2027 de Fendi, presentada en Milán. Una reflexión sobre la sensualidad como relación y sobre el deseo como espejo del otro.
La pasarela está revestida de espejos, no como simple fondo, sino como una arquitectura activa: los invitados quedan separados sutilmente de los modelos por superficies transparentes, convirtiéndose también en parte del espectáculo. El espacio se vuelve teatral y el desfile, una performance colectiva. «El espejo como reflejo de uno mismo, pero también de los demás», explica Chiuri, en una declaración que funciona casi como manifiesto de la colección.

La puesta también dialoga con Cubo di specchi, obra del artista italiano Luciano Fabro, y refuerza una idea que atraviesa toda la propuesta: la mirada propia existe, inevitablemente, en relación con la de los demás.
A partir de esta intuición visual toma forma la colección. Chiuri parte de las prendas íntimas, aquellas que están más cerca del cuerpo, para hablar de la relación con los otros y con el mundo. Lo femenino vuelve a aparecer como un espacio de encuentro y, en su segunda propuesta de prêt-à-porter para la maison, la diseñadora se apropia con mayor seguridad de los códigos de Fendi, imprimiéndoles su mirada sin borrar la herencia de la casa.
Destellos de rosa, borravino y tonos tierra atraviesan una paleta predominantemente en blanco y negro. Pero junto a Cummings aparece otra fuente de inspiración que permite entender el universo de la colección: Raffaella Carrà.

La artista italiana entra en escena a través de una referencia precisa: su célebre performance de 1974 junto a Adriano Celentano en el programa Milleluci, rodeados de bailarines y espejos al ritmo de Prisencolinensinainciusol. Movimiento, cuerpos y reflejos construían allí un espectáculo en el que la individualidad terminaba fundiéndose con lo colectivo.
«Raffaella tenía una gran percepción de su cuerpo y de cómo quería aparecer ante los demás», explica Chiuri. «Hay en ella un gran sentido de la moda y fue, de alguna manera, un espejo para toda una generación, influyendo enormemente en la idea del estilo». Una influencia que no aparece desde la nostalgia, sino desde su vigencia: la de un cuerpo consciente de sí mismo que se ofrece a la mirada sin renunciar a su autonomía.
La colección se mueve así entre lo íntimo y lo espectacular. Conjuntos de chifón decorados con encaje, vestidos de macramé que dejan entrever el cuerpo y tejidos brillantes definen la silueta sin sobrecargarla. El recorrido va, en palabras de la propia diseñadora, «desde el modo de vestirse en escena hasta las jerarquías del deseo, hasta la reivindicación de una independencia de vida y de pensamiento».

Sobre la pasarela aparecen también los bolsos icónicos de la casa, con la Baguette como una de las protagonistas, mientras las prendas de piel pierden solemnidad y se combinan con la lencería desde un registro más despreocupado.
Corpiños y boxers con detalles de encaje, combinaciones, musculosas y prendas deportivas construyen, además, un guardarropa que desafía los límites tradicionales de género. Mujeres y hombres comparten códigos, materiales y siluetas, en línea con una idea que Chiuri ya había comenzado a desarrollar dentro de Fendi: la ropa como territorio compartido, más allá de las categorías establecidas.
Entre los accesorios aparecen piezas de espíritu punk, que introducen tensión y estructura frente a la fluidez de las transparencias y la lencería.
Maria Grazia Chiuri difícilmente presenta una colección sin abrir, al mismo tiempo, una reflexión sobre el significado cultural del vestir y nuestra relación con los demás. Esta vez deja hablar a los cuerpos, acompañados por las telas.
Y en Fendi esa sensibilidad encuentra un territorio especialmente fértil: una casa cuyo archivo atraviesa buena parte de la historia de la moda del siglo XX y que, durante décadas, construyó junto a Karl Lagerfeld un diálogo permanente entre moda, experimentación y cultura.
Entre el verso de Cummings y la libertad de Raffaella Carrà, entre el espejo y el cuerpo que se refleja en él, Chiuri continúa escribiendo su capítulo en Fendi. Una moda que no sólo propone qué vestir, sino también una manera de pensar cómo elegimos mostrarnos y relacionarnos con los demás.
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