viernes 18 de septiembre de 2020

LIFESTYLE | 13-06-2020 16:09

Conocé la increíble vida (y casa) al natural del Chino Moro en Tulum

Hace más de una década el fotógrafo decidió mudarse con su mujer, la modelo Martina Correa, a la selva más virgen de Tulum, México. Juntos construyeron una increíble vivienda y una rutina familiar que prácticamente no se alteró en nada con el estallido de la pandemia.

Recibir amigos y viajeros de todo el mundo. Esa es una de las cosas que Luis “Chino” Moro más extraña de la “era pre-coronavirus”. Pero ahí se acaba su lista. Es que su vida, asegura, fue reconfigurada por completo y hace muchos años –más de una década ya- puertas hacia dentro.

¿En dónde? En Tulum, ese paraíso mexicano que en muy poquitos kilómetros acumula playas de ensueño, un impresionante sitio arqueológico y una espesa selva tropical.

Y allí decidieron mudarse en 2008 el Chino Moro y su pareja, Martina Correa; a un terreno inhóspito y virgen al que debieron entrar a machetazos para luego empezar una construcción que fue completándose muy de a poco y a pura intuición y deseo.

Chino Moro Tulum2
Se conocieron trabajando en Nueva York, donde vivieron hasta la crisis financiera de 2008. 

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Antes de eso, ambos vivían juntos en Nueva York, ciudad en la que se conocieron trabajando, él como fotógrafo de moda y ella como modelo internacional.

“Amé nuestra vida en Nueva York pero un día dije basta. Coincidió en tiempo con la tremenda crisis financiera global pero en realidad era algo con lo que soñaba desde hacía mucho tiempo. Podría decirte que desde chico quise llevar una vida así, austera, liviana y plenamente conectada con la naturaleza”, afirma hoya vía Skype y con una amplia sonrisa.

Chino Moro Tulum
Muebles reciclados, la mayoría comprados en los mercados de antigüedades de Mérida. 

Al principio, recuerda, la casa solo constó de un cuarto y un baño exterior. Con el tiempo, Chino (que redescubrió allí su pasión por el diseño y la arquitectura) le fue anexando bloques de cemento, base indispensable de cada uno de los diferentes ambientes.

Al igual que el vidrio, un elemento mayoritario en todo el diagrama del hogar. “Para donde mires, vas a ver ventanales y selva”, afirma él y cuenta que otro de los primeros ambientes terminados fue el singular dormitorio para huéspedes.

“Ya desde el comienzo empezamos a recibir gente y las reacciones de todos los que se quedaban a dormir siempre eran dos: ‘¿cómo llegaron hasta acá?’ y ‘¿hay más terrenos en venta…?’ Con apenas una noche en ese cuarto de huéspedes y con bañera a cielo abierto, alcanzaba para que alucinen por completo”, comenta Chino.

Chino Moro Tulum
Naturaleza salvaje.

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Y lo curioso es que el dicho muchas veces pasó a la realidad y hoy son varios los amigos de la pareja que, mudanza mediante, decidieron sumarse a su aventura maya.

“Formamos una mini comunidad que de hecho es la que nos posibilitó transitar la cuarentena mucho mejor. Nos organizamos para hacer compras (va uno solo de nosotros) y todo el tiempo compartimos comidas, encuentros, juegos entre los chicos… Nuestros vecinos más cercanos son Guillermina Dabove, una amiga de la infancia de Martina y luego modelo como ella, y su marido Alberto, uno de mis primeros y más íntimos amigos de México”.

Chino Moro Tulum2
La piscina (o "alberca") exterior, todo un símbolo de placer. 

A muchas de esas amistades, Chino las ayudó a instalarse y a concretar incluso el hogar de sus sueños. “Me pedían que imite lo que yo había hecho con mi casa. Y eso hice. Es increíble, por esas cosas de la vida solo pude estudiar hasta séptimo grado pero en México me terminé ‘recibiendo’ de arquitecto de manera autodidacta”, comenta.

La comida, y todo lo que la rodea, es otra de las esferas centrales en la vida del Chino y su mujer. No solo es un ritual de encuentro y disfrute (“Martina se volvió una experta absoluta en comida vegetariana, natural y orgánica”, cuenta el Chino) sino también fuente de sustento, ya que la pareja maneja dos pequeños locales gastronómicos en las cercanías de la playa.

Chino Moro Tulum
La cocina naturista y orgánica es tanto un ritual familiar como una fuente de sustento. 

“Y además tenemos nuestra huerta, que es otra de mis grandes pasiones y de donde proviene la casi totalidad de los alimentos que vendemos y consumimos. Requiere muchísimo trabajo diario, primero porque lo orgánico necesita el doble de esfuerzo y segundo porque la selva enseguida te invade cualquier espacio. Pero lo hago feliz, es mi gran momento de salir al sol y trabajar con la tierra”.

En 2013, la casa se amplió (en todo sentido), con la llegada de Lorenzo, el primogénito de la pareja que tuvo cuarto propio (uno de los más singulares de todo el hogar) y una vida plenamente casera.

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Chino Moro Tulum
Un cenote artificial, ahora repleto de plantas y peces.

“Martina es como yo, enseguida se engancha con algo y se mete a investigar a pleno en Internet, libros, lo que sea. Y eso le pasó con la cocina y también con la filosofía Montessori y el home schooling, algo que practicamos desde que Lolo tuvo dos años y que nos ha dado grandes satisfacciones”.

¿Otras rutinas fundamentales de la familia? Cocinar en el horno de barro, jugar en la cancha de bochas, andar en bici, reciclar muebles, limpiar, ordenar y disfrutar de la pileta interior (que cuenta con proyector a la pared para ver pelis desde allí) o del cenote que descubrieron en uno de los rincones del jardín, cuando estaban por plantar árboles frutales.

Chino Moro Tulum
Una mesa siempre dispuesta a recibir invitados y huéspedes.

“Decidimos mantenerlo con plantas acuáticas y un par de tilapias, que se reprodujeron sin parar”, cuenta el Chino a la vez que comparte su último gran descubrimiento: la astrofotografía.

“Me parece increíble que a mi edad pueda enamorarme tan fuertemente de cosas nuevas y eso me sucedió con las estrellas. De a poco logré armarme el observatorio que tiene solo un mes de vida, lo terminé justo antes de que se declarara la emergencia nacional. Me ayudaron varios amigos especialistas y hoy fotografiar cuerpos celestes es una de mis pasiones absolutas”, confiesa antes de concluir:

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El observatorio donde cultiva su más reciente pasión: la astrofotografía. 

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“En todo este tiempo, y si querés, también durante esta última gran crisis global, descubrí que si encontrás tu lugar en el mundo, nada más importa. Y no es algo tan imposible de lograr, hay tantos terrenos vírgenes en el planeta… ¿Es realmente dispensable apilarse en ciudades y ponerse a correr la carrera ‘de llegar a fin de mes’? Nosotros también tuvimos esos miedos al comienzo, ‘¿de qué vamos a vivir?’, pensábamos.

Y todo se fue acomodando. Con tiempo a tu favor, la energía creativa se libera, estoy convencido de eso. Hoy no necesitamos nada más que estar acá. Ni siquiera viajar, y eso que adoramos hacerlo (y lo seguiremos haciendo cada vez que podamos). Pero yo en esta casa siento que realmente toco el cielo con las manos. Todo el tiempo”, remata.

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