Saturday 17 de October de 2026

CULTURA | Hoy 09:09

Pooya Abbasian: el artista que explora el espacio entre las cosas

Conocemos a Pooya Abbasian, el tercer ganador del Premio de Arte y Medioambiente Guerlain x Lee Ufan, mientras nos invita a recorrer su mundo y su obra. Un viaje profundamente personal y experimental a través del espacio que existe entre las cosas.

La obra de Pooya Abbasian existe en la tensión entre dos espacios. En muchos sentidos, es un hombre sin un plan. Él mismo lo dice: “Trabajo a través del inconsciente. Paso mucho tiempo trabajando, experimentando, agregando cosas, sin pensar demasiado, sin obsesionarme con el tema. Y, después de un tiempo, todo se vuelve evidente. Todo está conectado, aunque al principio no puedas verlo”.

Nacido en Irán en 1983, comenzó su carrera en el cine, trabajando con figuras como Abbas Kiarostami y Jafar Panahi. En 2011 llegó a Francia para presentar una de las películas de Panahi en Cannes y nunca se fue.

“Pensé que me quedaría en lo de un amigo en París. Tenía una visa por tres meses. Pero entonces Mojtaba Mirtahmasb, que había dirigido la película junto con Jafar, fue detenido cuando regresó a Irán. Le quitaron el pasaporte. Así que pensé: mejor quedarme un poco, hasta que las cosas se calmen. Todavía estoy acá. Ya pasaron 15 años”.

Pooya Abbasian
“Durante mi residencia pasé mucho tiempo con su obra. Su presencia en el espacio y su economía de recursos me impulsaron a ir más despacio y a prestar mayor atención a la relación entre los materiales, el espacio y el tiempo”.

Permaneció en Francia con visas de estudiante y de trabajo hasta que pudo obtener la ciudadanía francesa, sin regresar nunca a Irán.

“Vi a Jafar cuando salió de prisión. Había perdido 20 kilos. Al principio ni siquiera lo reconocí”.

Y, aun así, nunca quiso convertirse en refugiado político, porque eso hubiera significado denunciar a su país.

“Ya no soy iraní, pero tampoco quiero ser cien por ciento francés. Vivo físicamente en Francia, pero la mitad de mí sigue en Irán. Todas las mañanas empiezo el día leyendo las noticias de Irán. Después escucho la radio francesa y luego vuelvo a las noticias iraníes. Sueño en francés más que antes, pero el persa siempre vuelve. No quiero olvidar la lengua en la que nací. Físicamente vivo en ese espacio intermedio. No es simplemente un lugar de paso. Es donde construí mi vida, en ese espacio de transición”.

Eso también define en gran medida la manera en que fue tomando forma su obra.

“Empecé con animación, con posproducción, donde todo está completamente controlado. El azar me fascinaba por completo. Pasé del dibujo a la animación, a la fotografía, al video, al cine… Y a la instalación, con la que empecé a trabajar más recientemente. No buscaba un único medio. Inconscientemente, estaba buscando el vínculo entre todos ellos. Y ahora mi trabajo existe en ese espacio de transición entre el video y la pintura, entre el video y la fotografía”.

“No quería usar la mano: ni dibujar ni pintar. Quería pintar con luz. ¿Cómo puedo darle materialidad a un medio inmaterial? Esa era la idea. El video es luz”.

Su proceso está tan basado en la investigación que, al principio, resultó algo desconcertante para Ann-Caroline Prazan, directora artística internacional de Cultura y Patrimonio de Marca de Guerlain y fundadora del premio.

“Al comienzo, cuando recién empezó la residencia, me llevó un tiempo entenderlo. El trabajo de Pooya está muy basado en la técnica, el pensamiento, el movimiento, las capas. Era difícil comprenderlo del todo; realmente tenía que explicarnos el proceso”.

Pooya suele bromear con que recién sabe qué es una obra cuando está terminada, algo que puede generar cierta ansiedad en los equipos de Guerlain y Lee Ufan. Pero Prazan relativiza:

“Siempre es así cuando llego al comienzo de una residencia. Es un momento de intercambio humano, un momento para encontrarse, pensar juntos, tener ganas de salir a descubrir esta región juntos. Al final, eso es todo lo que hacemos con cada premio y cada colaboración: conocer a un artista”.

Pooya Abbasian
Una colección de “copias inestables” que mezcla fotografías de plantas con capturas de pantalla de la cobertura de la guerra en Irán. Una pequeña rama de Baccharis dentro de un vaso.

La residencia, de tres meses de duración, tiene lugar en Arlés, lo que supone adaptarse a una nueva ciudad, a un nuevo ritmo y explorar la naturaleza extraña y fascinante de la región de la Camarga. Una perspectiva especialmente estimulante para Abbasian, un apasionado de las plantas.

“Me encantan las plantas. Descubrí una que se llama Oxalis. Es hermosísima, parece una mariposa. Pero después descubrí que es una maleza. Me encanta la ambigüedad de esta planta: la comprás en una florería, pero si aparece en tu jardín, tenés que deshacerte de ella.

Después descubrí un bosque prohibido en Romainville: es un bosque tóxico que crece sobre una antigua cantera de yeso que posteriormente fue utilizada para depositar residuos farmacéuticos. Nadie puede entrar porque es increíblemente tóxico para los seres humanos. Pero la naturaleza creció sobre esos residuos, y una de las plantas que aparecieron allí es el polígono japonés.

Fue la primera planta que volvió a crecer después de la catástrofe nuclear en Japón y purificó el suelo. Es una planta que limpia, pero al mismo tiempo es increíblemente resistente e invasiva. Hace un año se convirtió en un delito cultivarla en Francia. Si crece en tu jardín, tenés que notificar a las autoridades y eliminarla. Pero, al mismo tiempo, es comestible y a los animales les encanta, especialmente a las abejas”.

“Ahora estoy trabajando con la planta Baccharis, que crece por toda la Camarga. Fue llevada a Europa como planta ornamental y ahora se la considera invasiva, como si hubiera demasiada.

Estas plantas me hacen pensar en los inmigrantes. Los traés para trabajar en una mina o en el campo y, una vez que el trabajo termina, no sabés qué hacer con ellos. Se quedan, pero querés que se vayan. Es como el Baccharis o el polígono japonés. Los comprás, los traés a Europa porque te parecen hermosos y, años después, te das cuenta de que hay demasiados y ya no te gustan tanto”.

La violencia presente en las políticas de erradicación aplicadas a estas plantas encuentra un eco en su experiencia, mediada por la distancia, de la violencia que atraviesa su país de origen.

“Observo obsesivamente lo que sucede en Irán. Primero las masacres y después la guerra. Así que, mientras fotografiaba esta planta, también hacía capturas de pantalla de imágenes de las noticias.

Tomaba imágenes muy cercanas de las plantas mientras estaba tan lejos de lo que sucedía allá. Entonces empecé a recopilar capturas de pantalla de manera obsesiva. A veces la imagen completa, otras veces detalles, casi hasta llegar a la abstracción.

Pooya Abbasian
Caption

Y las imágenes empezaban a parecerse: el detalle de una planta, una nube, una explosión… Estaba hablando con gente sobre métodos para erradicar esta planta y, en mi teléfono, veía explosiones que erradicaban personas. Dos escalas completamente diferentes, pero una misma erradicación de la vida”. Para enfatizar el vínculo entre esas dos realidades y hacer visible su conexión visual, desarrolló una técnica específica.

Proyecta las imágenes con un videoproyector sobre papel fotográfico en blanco y negro durante unos segundos, fuera del cuarto oscuro, de manera que la imagen aparece y desaparece en pocos minutos. Justo antes de que se desvanezca, la escanea, y las líneas de luz del escáner imprimen finas franjas sobre la imagen mientras esta desaparece del papel fotosensible.

“Es el último nivel de exposición el que crea copias inestables y, al mismo tiempo, le otorga una única textura a imágenes que son muy diferentes por naturaleza. Les da el mismo grado de importancia, el mismo aspecto, la misma estética. Las iguala”.

Ese mismo nivel de correspondencia entre significado e investigación estética y técnica aparece también en su trabajo con el color: una serie de experimentaciones con bicromato en las que intenta pintar sin utilizar las manos, únicamente mediante la luz y las reacciones químicas.

Su experimentación se extiende también al video, mediante capas de filmación, proyección, distorsión y nuevas capturas.

“Creo este pasaje entre la fotografía analógica y lo digital. Entre lo nuevo —el video, las proyecciones, los escáneres— y antiguas técnicas de impresión que ya no se utilizan. Un puente entre el presente y el pasado.

Todas son copias inestables de algo que existe. Hay una ambigüedad en eso. ¿Qué sucede después? ¿Qué hago con todas estas copias inestables?

La única certeza es la inestabilidad. Es lo que siempre está detrás de la investigación en torno a las plantas y también detrás de la guerra: la cuestión de la desaparición. Esta sensación de las cosas mientras desaparecen está muy presente”.

Una poesía profunda y melancólica impregna la estética decididamente vanguardista de la sala blanca, mientras la luz entra e ilumina esas imágenes que parecen desvanecerse hacia el negro o hacia el blanco. 

at Galia Loupan

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