domingo 20 de septiembre de 2020

SOCIEDAD | 31-08-2020 19:14

Desde adentro: Cómo se vive la reapertura (paulatina) de hoteles en Buenos Aires

Una cronista pasó el fin de semana en un hotel céntrico para ser testigo de una “nueva normalidad” que, por ahora, parece estar dominada por declaraciones juradas obligatorias, pasillos desiertos y una gran soledad.

La reapertura para fines no turísticos de algunos hoteles de la ciudad de Buenos Aires cumplió una semana bajo estrictos protocolos que buscan mitigar el impacto de la pandemia originada por el coronavirus.

El lugar elegido para esta crónica fue el hotel Meliá, ubicado en pleno centro porteño, en el barrio de Retiro. Los fines de semana, hace cinco meses, la zona tenía vida: con bares y cafés abiertos, turistas de shopping y alguna que otra fiesta escondida. Hoy es una de las zonas más fantasmagóricas de CABA.

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Para ingresar al hotel hay que presentar, claro, el Certificado Único de Circulación Habilitante. De frente a la entrada nos recibe una alfombra sinitizante para el calzado y mucho alcohol en gel.

Hotel
Scanner y sanitizador de lapiceras para el check in "contact less".

El clima es servicial, pero sin otras personas (como uno acostumbra ver alrededor) cerca nuestro. En la recepción me atienden detrás de un mostrador blindado y me pasan por un espacio vertical angosto una declaración jurada para llenar que es obligatoria en todos los hoteles. Las lapiceras están en una caja desinfectante que parece traída del futuro y mi documento es escaneado.

La primera pregunta del formulario es si poseo síntomas como tos, dolor de garganta o dificultad respiratoria. La segunda es si transité algunos de los Estados miembros de la Unión Europea, Estados miembros del Espacio Schengen, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Estados Unidos de América, República de Corea, Estado del Japón, República Popular China, República islámica de Irán, Chile o Brasil.

Le siguen preguntas como si estuve en contacto con casos confirmados o probables de COVID-19, contacto estrecho con alguna persona (familiar o no) que fuera caso confirmado o probable de coronavirus con los síntomas detallados.

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Habiendo firmado la declaración, si se corroborara la falsedad de las respuestas, el hotel puede radicar una denuncia penal para investigar la posible comisión de los artículos 205 (Violación de Medidas Antiepidémicas) y 239 (Desobediencia a la Autoridad).

El check-in y check-out son digitalizados y los pagos se realizan de manera digital para no manipular dinero.

Las atracciones del hotel no están disponibles: ni restaurante, ni sala de desayuno, gimnasio, muchísimo menos el soñado spa. Solo hay servicio a la habitación y te entregan las cosas con guantes. El jugo de naranja, el café y la leche vienen cubierto en papel film, al igual que las frutas, los huevos revueltos con tocino, las mermeladas y quesos.

Hotel
Dispenser de alcohol "manos libres" (se activa con el pie).

Cuando comenzaron las restricciones, en el Meliá varias personas tuvieron que esperar para volver a sus países. El vaciamiento fue gradual. En la espera inconclusa hubo empleados de guardia en los diferentes sectores, como los de mantenimiento y ama de llaves para que el hotel se mantuviera en condiciones.

“Pudimos sostener los sueldos de los trabajadores y recibimos ayuda gubernamental, así como los aguinaldos que fueron abonados en cuotas”, cuenta Alejandra Garfunkel, Directora de Marketing del hotel.

A pesar de la dura realidad, los empleados del Meliá toman la reapertura con optimismo: “Recibimos la noticia con mucha ilusión, es un principio. La demanda es prácticamente inexistente, pero al menos alguna consulta tenemos. Esta primera semana nos ayuda a ir preparándonos para recibir más clientes en un futuro. La vuelta será paulatina, inicialmente viajarán los pasajeros de nuestro país, después de los países limítrofes y finalmente, del resto de los países”, cuenta Guillermo Díaz Le Loup, Gerente del hotel.

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“Las empresas están muy afectadas económicamente y también estarán evitando, de ser posible, los viajes laborales. De todas formas, estamos ofreciendo opciones de compra anticipada con descuentos muy atractivos y con mucha flexibilidad para nuestros clientes”, expresa Gonzalo Ucha, Director de Ventas del Meliá.

Para esta nueva etapa se capacitó al personal (desde clientes a proveedores y empleados del hotel) de manera virtual para la aplicación del nuevo protocolo, avalado por Bureau Veritas, una compañía de inspección y certificación.

“Consta del uso de tapabocas, alcohol en gel, limpieza profunda y desinfección de áreas comunes y un saludo con la mano en el corazón que simboliza afecto y bienestar hacia las personas a las que nos cruzamos en nuestro hotel, entre otras medidas”, explica Garfunkel.

Por ahora, la distancia con las personas es literal: los pasillos del hotel están desiertos. Lo que antes era hospedarse y disfrutar ya no tiene el mismo placer. Todo debe suceder dentro de la habitación. La sociabilización es necesaria, pero esas ganas de intercambiar más palabras se resumen en sólo una mirada más compasiva.

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Uno asocia lugares con sensaciones, y hoy en día es difícil asociar hoteles con turismo y placer. Se siente como un volver a empezar, lleno de paciencia y amor para volver a construir algo… aunque sea distinto.

En febrero la capacidad del Meliá estaba ocupada en un 80 %, luego las reservas se fueron cancelando a medida que avanzaba la pandemia. Para marzo la ocupación era de un 30%. Esta semana sólo se hospedaron 10 personas en el hotel. Así de duros son los números y así es la nueva normalidad. Sólo queda amoldarse al momento que nos toca vivir.  

Por lo pronto, la zona porteña irá tomando color de nuevo, con la reapertura de la gastronomía al aire libre. Siempre con distancia social entre personas de 1,5 metros, uso de tapabocas e higienización.

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