miércoles 27 de enero de 2021

SOCIEDAD | 15-12-2020 19:05

Puentes de Luz: Conocé este proyecto que hace de la integración una "receta cotidiana"

Nació en San Martín de los Andes con el objetivo de ayudar a personas con discapacidad, capacitarlas, darles confianza, y oportunidades en contacto con la naturaleza y la cocina. Esta es la historia de varias de sus constructoras.

Es altamente probable que el primer puente de la historia haya sido un árbol, caído o abatido de manera voluntaria, y convertido, quizá desde entonces, en símbolo absoluto de conexión. Y una muy singular, además, ya que abre la posibilidad de unión donde antes dominaba la nada.

Algo de todo eso tomó cuerpo en 2006 cuando un grupo de profesionales, madres y padres se juntó en San Martín de los Andes para poner los cimientos de Puentes de Luz y llenar así un gran vacío: el de la atención y ayuda integral a las personas con discapacidad, tanto severa como moderada.

“Descubrir Puentes para nosotros fue un verdadero giro copernicano. Nos cambió la vida de raíz”, cuenta hoy Moni Leotta, su actual presidenta, que llegó a la ONG allá por 2011, junto con su hija Carolina, que por entonces tenía 27 años y un largo peregrinaje de tratamientos y terapias por su discapacidad: parálisis cerebral por hipoxia perinatal.

“Le faltó oxígeno en el cerebro en algún momento del parto, o antes de nacer, no se puede determinar bien. Se la diagnosticaron al año y medio de vida y en ese momento -imaginate, 37 años atrás-, la única solución viable era viajar a Buenos Aires”, relata Moni. 

La familia, compuesta además por dos hijos mayores, incorporó así a su vida una nueva modalidad de viajes “relámpago” a la Capital.  “Me tomaba con Caro un avión de 8 pasajeros que iba a Neuquén, de ahí hacíamos la espera (nunca menos de 4 horas) para tomar el avión de línea a Buenos Aires, adonde llegábamos tarde en la noche para arrancar al día siguiente bien temprano con todos sus turnos para la rehabilitación”, relata Moni y enseguida replica:

¿Mudarnos? Claro que lo pensamos, pero aún hoy recuerdo a la perfección lo que nos dijo uno de sus médicos más cercanos: ‘no lo hagan, allá tu hija es un número, en San Martín sigue siendo Carolina. Y ella lo que más necesita es calidad de vida, amor, familia y contención’. Se me quedaron grabadas sus palabras, y por suerte le hicimos caso”, rememora.

“El amor que encontré en los chicos, su compromiso y esa tremenda capacidad para enseñarme algo nuevo a cada paso…  ‘Con esta gente voy hasta el fin del mundo’, me dije”.

Con el tiempo, y a su ritmo, toda la zona de San Martín de los Andes se fue “gentrificando” y poblando también de profesionales de la salud que lograron que la familia de Moni, y muchas otras más, pudieran cambiar esos viajes en avión por traslados mucho más cercanos.

“Igual íbamos de un lado a otro, de una terapista a otra, a la psicóloga, al kinesiólogo… Con lluvia, viento, nieve o lo que fuera. Por eso cuando escuché que estaban por fundar un Centro de Rehabilitación integral bien cerca de la ciudad no lo pude creer. Me lancé de cabeza”, cuenta y agrega:

“Lo más importante y poderoso no es cómo nos cambió la vida a nosotros, sino cómo se la cambió a Carolina. Para ella Puentes es todo: amigos, saberes, contención, terapias... Es su familia ampliada, su lugar de pertenencia”.

Puentes de Luz
Los productos, todos orgánicos y naturales, se comercializan en Buenos Aires en Patio Bullrich y Nordelta.

Un lugar en el mundo

Cuesta creer que todo nació del empuje de un grupo de madres y padres, sobre todo si pensamos en la multiplicidad de programas y proyectos que hoy rodean a Puentes de Luz.

Para empezar, está su Centro de Día, un lugar donde, antes de la pandemia, confluían a diario unos 60 chicos y jóvenes con diversas discapacidades, desde Síndrome de Down, retrasos madurativos, ceguera a dificultades motoras. “No te puedo explicar lo que extrañan ese contacto, pero al ser pacientes de riesgo, tenemos que ser súper rigurosos con las precauciones”, explica Moni.

Si bien sus terapias siguen hoy por Zoom (con las dificultades que eso conlleva para chicos que en general son muy dispersos), todos ansían volver a tener contacto con la tierra, con los cultivos, plantas y animales que pueblan esa soñada chacra, a medio camino entre la Cordillera, la ciudad de San Martín y el Lago Lácar.

“Al año de vida, mi hija Carolina fue   diagnosticada con parálisis cerebral. Para ella Puentes es todo: amigos, saberes, contención… Es su familia ampliada, su lugar de pertenencia”.


Dos ponys, varias ovejas, una cabra, conejos, perros y gatos componen la población animal del predio y son fuente de estimulación temprana y muy necesaria para todos los que asisten al Centro.

Además del Centro, el lugar cuenta con dos programas destacados: el Club de Amigos (una propuesta lúdica y recreativa, sostenida en gran parte por un enorme grupo de voluntarios) y Sabor Natural, el emprendimiento gourmet que ya lleva 5 años de sólido crecimiento.

Silvina Cerino es la responsable de este último gran proyecto. A diferencia de muchas de las mujeres de Puentes, su historia previa poco tiene que ver con la discapacidad. A San Martín llegó a los 22 años, decidida a quedarse para siempre.

Trabajó años como Diseñadora Gráfica y Publicista y, luego, como jefa de Marketing del Casino de la ciudad. Allí fue que conoció Puentes de Luz, cuando Luis Rodríguez, psicólogo y uno de los pilares fundamentales de la organización, se acercó para solicitar sponsoreo para uno de sus eventos anuales de recaudación de fondos.

“San Martín todavía tiene esa cosa de pueblo, de desconfiar de la gente de afuera que te propone tal o cual cosa. Pero con él y con todo el proyecto de Puentes fue muy diferente. En seguida la creí”, rememora.

Puentes de Luz
Terapia con animales, aprendizaje de oficios y rehabilitación integral forman parte de los diversos programas de Puentes de Luz.

Sabores que convocan

La relación entre Silvina y Puentes fue creciendo, al punto tal que apenas dejó su trabajo en el casino, Luis le ofreció formar parte de la organización para crear su primer emprendimiento autogestivo.

“Al principio tardé bastante en decidirme. Dudaba mucho si iba a poder trabajar de manera formal en un lugar en el que hacía falta tanto amor, paciencia, sacrificio… Y ya en la primera semana de prueba, el resultado fue contundente. Y opuesto por completo a esas dudas. No me imaginé trabajando en otro lugar que no fuera ese. El amor que encontré en los chicos, su compromiso y esa tremenda capacidad para enseñarme algo nuevo a cada paso… ‘Con esta gente voy hasta el fin del mundo’, me dije”, recuerda hoy, a la vez que relata la paulatina gestación de Sabor Natural:

“La idea era darle sustentabilidad económica al Centro de Día. Pero no sabíamos con qué, cómo. Solo teníamos clara una premisa básica: las personas con discapacidad tenían que estar incluidas en el proyecto, sino nada tenía sentido. Recuerdo que me pasé un par de meses recorriendo el predio, pensando, hasta que un día ‘aparecieron’ las plantas aromáticas, que en realidad estaban por todos lados.

‘¿Todo esto sobrevive a la intemperie durante todo el año?’, pregunté. Y me dijeron que sí. Y así, de a poco comenzó a tomar forma un proyecto que no había en otros lados, que le daba valor a la planta entera (no sólo a sus semillas) y que, sobre todo, era plenamente inclusivo con los chicos de la fundación: ellos pueden cosechar, deshojar, disecar, envasar y participar de prácticamente todas las etapas de producción”, explica.

A los frascos con mixes y blends de hierbas al poco tiempo se le sumó otra novedad: las mermeladas orgánicas en base a toda esa gran gama de berries tan típicas de la región. “Y ahí dimos un nuevo gran salto. Porque las mermeladas se empezaron a consumir mucho y porque a través de ellas pudimos contar con nuestro primer local propio, en el aeropuerto de la ciudad”, relata.

Comercializados en varios puntos del país (en Buenos Aires se consiguen en Patio Bullrich y Nordelta), los diferentes productos de Sabor Natural no sólo son 100% orgánicos (utilizan incluso azúcar orgánica) sino que acaban de conseguir además su esperada certificación y sello “sin TACC”.

Puentes de Luz
Los chicos de Puentes cosechan, deshojan, disecan y envasar los productos de Sabor Natural.

Una usina de solidaridad

“El paso que dimos, es causa y es efecto…”, susurraba la voz de Gustavo Cerati en Puente, una canción que también utilizó esa figura de la misma manera que la usaron en este pequeño gran emprendimiento de la Patagonia: unión, conexión y también consecuencia, palpable en las cada vez más numerosas facetas de la organización.

Antes de la pandemia, de hecho, estaban por cerrar el acuerdo para abrir el segundo local de Sabor Natural, esta vez en la ciudad. “Era un proyecto bastante ambicioso, ya que iba a ofrecer además crepes y waffles con nuestros productos. Por suerte no se terminó concretando, hubiésemos tenido que enfrentar grandes costos sin poder abrir al público… Es como que, en el fondo, todo tiene su por qué…”.

El regreso a la “nueva normalidad”, también traerá la reactivación de otros proyectos de la asociación: La granja educativa (mediante la cual jardines y primarios visitan el predio, sus actividades productivas e interactúan con los chicos) y el ambicioso Proyecto Casa Tuya.

“Este último proyecto -relata Moni- nace por una realidad muy concreta: no sabemos si todos los chicos que pasan por la asociación lograrán la independencia plena algún día. Si bien en algunos casos, como en el de mi hija, los chicos cuentan con una red familiar y de contención más allá de los padres, en mucho otros eso no existe.

Y ahí aparecen los mayores problemas, porque los padres mueren y esa persona queda muy desprotegida, prácticamente librada a su suerte. Para todos ellos estamos creando este programa que apunta a la construcción de viviendas para personas con discapacidad, para cuando logren su independencia y autonomía plena o para cuando sus padres no estén”. 

Para ello ya cuentan con su primera gran donación, un terreno de 600 metros cuadrados en el loteo Los Nalcas, a solo 7 kilómetros de la ciudad.

“Jamás me imaginé trabajando tantos años en una ONG”, admite Moni y concluye: “Siempre me interesó la ayuda social pero lo que encontré acá superó cualquier idea previa que pudiera haber tenido. No solo por mi hija, sino por cada una de las personas e historias que encontré acá. Es gente que realmente vive sin odios, envidias ni rencores. Es solo amor lo que los guía. Y eso es una lección tremendamente poderosa”. 

 

Fotos: Gentileza Diego Costantini.

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