domingo 26 de enero de 2020

SOCIEDAD | Hace 1 mes

Depilación y feminismo: historia de una práctica impuesta 

¿Por decisión propia o por mandato? Esa es la cuestión. Cada vez más mujeres se suman a aceptarse tal cual son sin importarles el qué dirán.

La mayoría incursionamos en el tema desde tan pequeñas que ni siquiera tuvimos el tiempo de pensarlo, aún sin tener la más mínima información.

Nos depilamos por sugerencia de nuestras madres, por haber sido víctimas de bullying en el colegio o por la simple obligación que tenemos por ser mujeres.

Una imposición que viene desde hace siglos, de hecho, uno de los primeros métodos conocidos surgió en el Antiguo Egipto bajo el nombre de sugaring, una técnica que consiste en aplicar una pasta a base de azúcar, agua y limón, el método elegido por Cleopatra de acuerdo a los historiadores.

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La depilación es algo que nace con las mujeres desde muy temprana edad, pero que hoy con el surgimiento de una nueva ola feminista vuelve a ser tema de debate a nivel mundial.

En la Argentina una de las primeras en exponer el tema fue la artista visual Lala Pasquinelli, creadora de Mujeres Que No Fueron Tapa (MQNFT), un proyecto que tiene como objetivo dar cuenta de las herramientas de la cultura masiva e industrias que construyen estereotipos de género, racismo, cosificación, violencia simbólica, y hackearlos con mensajes a través de acciones.

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¿Cuándo fue la primera vez que alguien hizo un comentario sobre tus tetas? Recibimos miles de testimonios como los q se ven en este video. La mayoría de nosotras a partir de los 8 o 9 años empezó a recibir comentarios sobre sus tetas de parte de familia, compañeres de escuela, novies, amigues, desconocides. Por mucho o por poco, por la forma, o por el color de los pezones. Esos comentarios, muchas veces hirientes, descalificantes, nos constituyen, dejan huellas en nosotras. Muchas modificamos hábitos, nos avergonzamos, nos sentimos falladas, rotas “imperfectas”,llegamos a odiarnos porque nuestras tetas son demasiado poco o demasiado mucho algo. Somos tratadas como cosas, objetos para editar a gusto del consumidor. Y nos tratamos a nosotras mismas como cosas y nos editamos a gusto del mercado. ¿En comparación con que? Con el modelo único que nos bombardea desde todos lados y que es para nosotras un requisito de visibilidad, un modelo de éxito, una exigencia para existir. Existimos si nos convertimos en una cosa. Existimos si nos convertimos en quienes no somos. Que paradoja. Esa es la trampa, cosificarnos para que nos cosifiquemos, eliminar lo humano, diverso, potente, convencernos de que nuestro valor está en la apariencia de nuestro cuerpo, no en quienes somos. Funciona. Nos alienamos en el culto a la apariencia. Nos miramos como nos miran, nos tratamos como nos tratan, nos decimos lo que nos dicen. Funciona. Un sistema que nos secciona en partecitas y nos impone un modelo único para cada una de esas partes. Funciona. Compañeras, nuestras tetas están bien, chicas, grandes, caídas, no caídas, como sean. Nuestras tetas están bien como son.

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Con su cuenta de Instagram hace reflexionar a diario sobre las cosas que muchas veces hacemos sin pensar y que son claramente consecuencia de vivir en una sociedad patriarcal, siendo el por qué nos depilamos una de ellas.

“Creo que la depilación es algo que se le exige al estereotipo de mujer y al estándar de belleza que hay que encarnar para, además de ser mujeres, ser visibles.

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En el 90% de los testimonios que recibimos, las niñas comienzan a hacerlo por la presión que el entorno ejerce sobre ellas, madres, padres, abuelas, que les dicen que ya es hora de depilarse, el bullying de los compañeros de escuela, a veces son docentes los que les comentan que ya están en edad de depilarse.

Es decir, no hay espacio para la pregunta real y para la decisión libre de presiones. Se da por sentado que los pelos en las mujeres no deben existir, es un mandato, que además es violento si pensamos que es doloroso, aún en sus mejores versiones y que implica una mutilación solo para no recibir eventualmente más violencia desde el afuera.

Cuando alguien dice “a mí me gusta verme depilada” “yo me depilo porque quiero”, la pregunta que se me dispara es ¿creciste viendo mujeres depiladas o sin depilar?”, explica Lala Pasquinelli.

Fue, nada más ni nada menos que la modelo Emily Ratajkowski punto de diversas críticas por haber escrito un ensayo para la revista Harper’s Bazaar explorando lo que significa ser híper femenina, ilustrándolo con una imagen suya en la que lucía los pelos de sus axilas, admitiendo que si bien tiende a depilarse, a veces deja de hacerlo y eso la hace sentir muy sexy, alejándose del estereotipo de perfección impuesto.

Patricia L tiene 36 años y es abogada, hace unos días cuando fue a hacerse su mamografía anual de rutina, la enfermera le cuestionó los pelos de las axilas.

“Me dijo que eran antihigiénicos, le expliqué que lo decidí porque no quería seguir sometiéndome al dolor que me daba depilarme y que mi higiene no tenía nada que ver con mis pelos”, cuenta.

El problema radica en que la mujer también es víctima de otras mujeres que por crecer en un ambiente machista ya han sido adoctrinadas.

El feminismo surge para luchar por la igualdad social, económica y política de todos los géneros. Por el simple hecho de vivir en esta sociedad, debemos cumplir con un estereotipo que nos han otorgado.

Esa es la manera que encontraron para controlar a la mujer históricamente y los mandatos de belleza son un claro ejemplo. Haciéndonos cumplirlos es que nos distraen de las cosas verdaderamente importantes, como luchar por nuestros derechos.

No depilarse es hacer un acto político con tu cuerpo, es ir contra lo establecido, una de las maneras más visibles de hacerlo y posiblemente es por eso que se ataca tanto a la mujer que elige no depilarse.

La sociedad nos restringe, el contexto nos obliga tanto que se castiga a la que se impone a no hacerlo. Lo positivo está en las jóvenes que en comunidad empiezan a liderar el cambio, el feminismo existe por la desigualdad qué hay entre hombres y mujeres, entonces comenzar a tener una visión crítica sobre determinados temas es muy importante”, analiza Sharon Haywood, fundadora y directora de la ONG AnyBody Argentina.

Mariana M (30 años), Licenciada en Turismo, confiesa que se depila porque “no se anima a dejar de hacerlo”. Por sus raíces árabes tiene mucho pelo, por eso después de varios tratamientos, eligió invertir (sí, invertir, porque es extremadamente caro) en la depilación definitiva que le llevaría varias sesiones y mucho tiempo.

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“Estoy de acuerdo con que las mujeres no se depilen, de hecho, me encantaría ser una pero no me animo porque sé que sería señalada y no estoy preparada para eso”, confiesa.

Mientras que la traductora de inglés de 25 años, Stefanía M. asegura que se depila por decisión propia, por estética e higiene, negando haber sido influenciada por factores externos.

Porque si empezamos a indagar, los puntos de vista son muy diversos inclusive dentro de grupos de una misma generación. El tema indudablemente genera debate.

La creadora de la plataforma Bellamente, Cande Yatche, militante de la auto aceptación, nos explica: “Estamos tan expuestas al mismo estereotipo de belleza en los medios, en la moda, en la publicidad, que hace que depilarse por decisión propia sea casi imposible, por la imposición a la que estamos sometidas.

La mujer no puede salirse de la norma, sin importar la edad que tenga, debe ser bella casi por obligación, por el lugar de objeto de consumo que ocupamos en la sociedad, algo que con el feminismo está cambiando.

Nos han vendido que logrando ese ideal de belleza vas a ser feliz, exitosa y te vas a sentir realizada pero nada de eso es así. Debemos empezar a inculcar que la apariencia no define a la persona y comenzar a enfocarse en lo que realmente queremos, eso que nos hace feliz”.

La depilación es uno de los tantos debates que surge de la dificultad que conlleva ser mujer en una sociedad machista. ¿Lo más importante? Empezar a ser críticos en comunidad con estos temas impuestos y tratar de que cualquiera sea la decisión, sea lo más nuestra posible, a pesar de la fuerte influencia externa a la que nos vemos sometidas a diario.
 

at Jimena Sampataro

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