martes 22 de junio de 2021

PERSONAJES | 11-05-2020 16:25

“Sueño con un virus que solo ataque a escritores y nos obligue a seguir encerrados”

Con su habitual ironía, Sergio Olguin inaugura nuestra sección de mini entrevista de cuarentena, un espacio para hablar sobre lo que aprendemos, padecemos, soñamos y extrañamos en estos tiempos de encierro.

Sergio Olguín tiene 53 años, es periodista y escritor. En 1990 dirigió la revista cultural “incorrecta” V de Vian, cuyo último número salió en 1999. Ese mismo año, Olguín publicó su primer libro de cuentos: “Las Griegas”, con un notable protagonismo de personajes femeninos. Le siguieron varios libros, entre ellos la premiada novela negra “Oscura monótona sangre” (2010) y el infantil “Cómo cocinar un plato volador” (2011).

En 2012, el escritor lanzó la primera de las novelas policiales protagonizadas por Verónica Rosenthal, una periodista e investigadora que se transformaría en un hito para él y la literatura vernácula.

¿Es Verónica nuestra Lisbeth Salander? Podría decirse que sí, por su fuerza y personalidad pero también por la declarada admiración de Sergio por Stieg Larsson, autor de la famosa saga Millenium. “La fragilidad de los cuerpos”, título de esa primera entrega, tuvo hasta ahora dos secuelas y fue adaptada en televisión en 2017 (con Eva de Dominici en la piel de Rosenthal). En 2018 Olguín fue coguionista de la premiada película El Ángel y su última novela, publicada el año pasado, es “Los hombres son todos iguales”.

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-¿Cómo estás pasando la cuarentena?

-Genial. Los escritores necesitamos quedarnos encerrados, pero en general nos distraemos con salidas inútiles, reuniones con editores, presentaciones de libros, entrevistas presenciales y muchísimas actividades sociales o del mundo editorial que son un incordio. Ahora tenemos la excusa perfecta para hacer las dos únicas actividades en las que podemos destacarnos: leer y escribir.

Sueño con que levanten la cuarentena para todos, pero que se descubra una mutación del virus que solo ataca a escritores y nos obligue a seguir encerrados.

-¿Qué cosas aprendiste en este tiempo?

-La mayoría de las cosas que aprendí se vincula con la cocina: aprendí a hacer budín de banana, a amasar ñoquis, a preparar gran variedad de salsas y a usar arroz japonés como guarnición. Mi último y apreciado logro: usar el barbijo sin que se me empañen los anteojos.

-¿Cuáles te sorprendieron?

-Me sorprende el espíritu suicida de los ancianos que andan sin tapabocas, que se te pegan en los negocios o que charlan entre ellos a medio metro de distancia. Teníamos una generación punk over 70 entre nosotros  y no lo sabíamos.

-¿Qué cosas extrañás de la vida pre pandemia?

-Reunirme con amigos, la charla en cafés, abrazarse y besarse con todo el mundo, ir a la Bombonera, ir al cine. Si me apurás creo que hasta extraño al Subte E en las horas pico.

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-“Los hombres son todos iguales” (2019) fue tu última publicación. ¿Cuánto de autorreferencial tiene esa frase?

-Los escritores siempre trabajamos con elementos autobiográficos más o menos escondidos en los pliegues de la ficción. Pero en este libro me animé a hacer algo que hasta ahora no había hecho: contar en una historia la relación con mi padre un tiempo antes de su muerte. Fue una experiencia rara y movilizante. Y muy productiva en lo económico porque me ahorró años de terapia.

-¿Terminaste el nuevo libro de Verónica Rosenthal? ¿Cómo fue escribir esa cuarta entrega en este contexto de pandemia?

-Un escritor que admiro, Stieg Larsson, quería escribir diez novelas policiales y se murió entre la tercera y la cuarta. Con cierto fatalismo no del todo injustificado pensé que me podía ocurrir lo mismo. Así que a medida que me acercaba al final de la cuarta novela pensaba que algo iba a ocurrir. El coronavirus parecía la última prueba de supervivencia por la que tenía que pasar. Y sobreviví. Pude terminarla…

En parte gracias al encierro. Lo siento por Larsson que no pudo, pero yo llegué a la cuarta. Ahora estoy tratando de averiguar qué escritor se murió entre la cuarta y la quinta novela…

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