martes 9 de marzo de 2021

CULTURA | 21-04-2020 11:48

"Poco Ortodoxa me enfrentó a mis propios demonios"

Jeff Wilbusch interpreta al "villano" de la serie de Netflix. En exclusiva desde Berlín, repasa su historia personal: el actor también abandonó una comunidad judía ultraortodoxa para encontrar su propio camino.

Alemán, hebreo, holandés, inglés e ídish son los idiomas que domina este actor, que se siente germano, aunque nació en Haifa, Israel. El dominio de distintas lenguas son apenas un reflejo del derrotero de Jeff durante estos 32 años de vida. Aprendió hebreo en su casa, ídish e inglés en la escuela, holandés en la universidad y alemán, gracias a su formación en arte dramático.

A pesar de su experiencia en teatro en Alemania y en series, como Bad Banks y The Little Drummer Girl, nunca imaginó el furor que causaría su interpretación del personaje de Moishe en la serie Poco Ortodoxa de Netflix.

Jeff no tiene aires de estrella. Fue sencillo contactarlo y entablar una charla con él. Apenas se entera de que le escribo desde Argentina (“país en el cual la serie está en el top ten de la plataforma”, cuenta él mismo) acepta hacer una videollamada desde Berlín, donde reside hace tres años, para hablar de todo, pero especialmente de lo laberíntico de su vida y del interesante paralelismo con la de Esty, la protagonista de la miniserie de cuatro capítulos de la que habla el mundo.

-¿Te imaginabas el éxito de Poco Ortodoxa?

-Tenía la sensación de que habíamos hecho algo muy bueno e interesante, desde el comienzo del rodaje sabía que iba a ser algo especial; pero un suceso como este, obviamente lo deseé, pero jamás lo imaginé.

-¿A qué lo atribuís?

-Recibo miles de mensajes de mucha gente de todo el mundo, de diferentes credos, -¡en Argentina es la más vista en Netflix!- y creo que ese éxito se debe a que la historia es universal. Si bien trata de un pequeño grupo de judíos ortodoxos, lo que le sucede a la protagonista realmente nos inspira a todos.

-Existen distintas versiones de tu historia y de cómo llegaste a ser parte del elenco, contame realmente cómo fue…

-Contaron que yo era parte de la producción y demás cosas, eso no fue real. Yo soy un actor alemán y trabajó acá hace tiempo. Con respecto a la serie, mi agente se comunicó conmigo para que me presente a un encuentro secreto, no se sabía si era Netlfix o no y tampoco demasiado sobre la historia. Buscaban a un actor que hable ídish, jamás trabajé en ese idioma y me parecía bastante exótico que se filme en esa lengua. Hice el casting y quedé.  

Jeff Wilbusch

-¿Cambió mucho tu vida desde ese entonces?

-Poco ortodoxa salió al mismo tiempo que surgió el tema del coronavirus en Europa, así que tengo la idea de que todo lo que me pasó en este último tiempo es tan absurdo que no puedo separar bien si me cambió la vida por el virus o por la serie ¡o por ambas cosas! (ríe). Lo que sí es una locura es que recibo muchísimos mensajes de todo el mundo y, ahora que en Berlín podemos salir a la calle de a poco, me reconocen. Hasta argentinos que viven en Berlín me pararon. E incluso, muchos judíos religiosos. Claramente la serie despierta algo emocional y encuentran en Moishe la verdadera complejidad del ser humano.

-Haciendo un paralelo con tu historia real, ¿fue terapeútico para vos ponerte en la piel este personaje?

-Crecí y viví en una comunidad ultraortodoxa similar a la de Esty, pero en Israel. A los 13 años me fui y desde ese momento no tuve nunca más contacto con ellos, en absoluto. Los primeros nueve años que pasaron no tuve comunicación con mi familia, después hablé con ellos en dos oportunidades y, finalmente, pasaron ocho años más sin ninguna comunicación. Realmente en ese tiempo me olvidé muchísimas costumbres, como de qué manera se usaba la filactería, ya que me fui a las semanas de mi Bar Mitzwah y ese es el momento en donde uno empieza a usarlo. Me olvidé prácticamente del ídish. Pero cuando me topé con Moishe tuve que volver a todos esos recuerdos, a la ropa, a reconectarme sentimentalmente con ese pasado. Fue realmente volver a enfrentarme a mis propios demonios. Volver a escuchar ídish, a leer la Torah, reconocer mandatos y reglas religiosas. Fue muy difícil, no quería hacerlo, pero en el camino de profundizar en el rol, sucedió y fue realmente emocional. No sé si terapéutico (ríe). No podría definir si fue sano o no, pero al tiempo volví a generar contacto con mi familia…

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-¿Lograste mayor empatía con la comunidad?

-Por supuesto. Y comprendí que es una parte de mi vida y reconocerlo hace que la existencia sea más llevadera. Uno no puede pensar todo el tiempo en que el mundo es blanco y negro, hay que entender y comprender los grises para que todo sea mejor y más liviano.

-¿Por qué tomaste la decisión de dejar la comunidad?

-Fue muy parecida a la historia de Esty. Yo también me fui un sábado de la comunidad, realmente tuve la sensación de que no tenía otra salida. Lo planeé en mi cabeza y escapé, y fue un largo camino para encontrarme y convertirme en actor.

-¿Cómo se despertó tu vocación?

-Yo no sabía qué era ser un actor, claramente. Mi primera batalla (N. de la R.: al dejar la comunidad se fue a vivir con familiares no religiosos en Israel) consistió en poder concurrir a un colegio normal para educarme, saber sobre el mundo, estudiar música… Era un chico muy curioso, quería aprender desesperadamente, ganar fundamentos que no sean los religiosos. Egresé, me fui a Países Bajos, estudié Economía e hice un Master. Pero siempre sentí que algo me faltaba y el padre de una ex novia me sugirió que pruebe con el arte dramático.

-¿Y eso también fue como el caso de Esty?

-Me presenté en una academia en Israel, lo hice intuitivamente y me aceptaron. Luego me fui a Alemania porque quería saber de dónde provenían mis antepasados y me presenté en la escuela de arte dramático en Múnich, la prestigiosa Otto-Falkenberg Schule. Todavía no hablaba bien alemán, hice la prueba, no entendieron bien de dónde venía ni mi historia, canté una canción en ídish y recité un monólogo sobre mi padre. Creó que me vieron medio atrevido, sin experiencia teatral, pero con posibilidades de formarme y me otorgaron una beca a mis 24 años. Como en toda mi vida, fue una mezcla de suerte y casualidad.

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-¿Extrañás algo de tu comunidad?

-Sí, el idioma y, afortunadamente, pude recuperarlo a través del contacto con mis hermanos, tengo 13. Algunas cosas cambiaron en el tiempo en mi familia y se abrieron muchas puertas. Justo antes de la serie me encontré con algunos de ellos y ahora el vínculo volvió a fortalecerse.

-¿Sabés si vieron la serie?

-(Piensa). No podría saberlo… mis padres seguramente no la vieron y no creo que la vean.

-¿Por qué lo decís?

-Lo sé, no tienen televisor en su casa, no saben qué es Netflix, tampoco Internet… Y por miles de motivos más no la verían tampoco. (Piensa). Es difícil de creer, pero ese mundo también es para mí muy, muy lejano y no lo juzgo, no sé cómo se podría vivir hoy de esa forma, pero sé que es así y lo acepto.

-¿Cuáles son tus próximos planes?

-Tuve muchas propuestas, pero con el tema del coronavirus es todo muy complejo. ¡Mi plan es que el Covid-19 se vaya ya! Por lo pronto, próximamente se estrena una serie alemana en la que interpreté un personaje germano totalmente diferente al rol de Moishe. Ahora quiero enfocarme en el mercado internacional, tengo un agente en Los Ángeles y otro en Inglaterra, así que espero que pronto se concrete algo nuevo.

-¿Qué más te gusta hacer además de actuar?

-Mi gran hobby fue siempre tocar la guitarra, pero desde que empecé con la actuación lo dejé de lado. Canalicé todo en el arte dramático. También hago deporte, escribo, escucho música, estudio idiomas, hablo cinco idiomas, pero me encantaría aprender más, tal vez árabe, o español, ¿no? 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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