lunes 26 de octubre de 2020

PERSONAJES | 30-09-2020 20:09

Hana: “Me tocó lidiar con dos ambientes recontra machirulos”

Artista plástica y música (y ahora también escritora), nos habla de su obra, de su vida, de sus experiencias con Coldplay y Laurie Anderson y de su necesidad de no encorsetar jamás al arte.

Ella misma ser ríe cuando le preguntamos cómo llamarla: Hana o Florencia (Ciliberti). “Me dicen de ambas maneras, y cada vez de manera más pareja, por lo que hace un tiempo empecé a firmar todo como Florencia Hana Ciliberti. Elegí vos las que prefieras”, responde Hana, que allá por 2005 decidió lanzar su proyecto musical solista bajo ese bonito y musical alter ego (que significa “flor” en japonés).  

Su álbum debut se tituló Fetiche, al que le siguieron Hana x Melero, Señuelos, Palabras Gastadas, Otras formas y Pretexto. Formó parte del Vive Latino en México y en 2016 fue la artista elegida por Coldplay para telonear sus dos recitales en el Estadio Único La Plata. El año anterior le había sucedido lo mismo con Laurie Anderson (en el Teatro Ópera).

Apasionada por la pintura y la plástica, fundó el sello Otras formas, con el que editó la música de 20 aristas visuales, un proceso que ahora también decidió reflejar en su primer libro, que acaba de terminar en plena pandemia.

Por si todo eso fuera poco, acaba de estrenar una reversión de su tema Listos, cuyo videoclip bien "pandémico" puede verse por la plataforma Kabinett y que contó con la participación de colegas como Roberto Jacoby, Dani Umpi, Fátima Pecci Carou, Laura Hita, Agustín Goytía, Aldo Benitez, Javier Barrio y Mariano Oliva.⠀⠀⠀⠀⠀⠀

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-Pensaba recién que con tu alter ego, Hana, fuiste pionera en apelar a Japón, hoy un país muy en boga….

-Sí, en ese momento todo era diferente, vista desde hoy me parece otra vida directamente… Para empezar, había muy pocas chicas en el mundo de la música y no existía este feliz despertar del feminismo. Pero sí, soy una enamorada de Japón desde siempre y de hecho en mi primer disco, Fetiche, hay muchos instrumentos de origen japonés.

-¿Conociste ese país?
-Sí, pude viajar hace cinco años atrás a Tokio, una ciudad increíble que me dejó maravillada a todo nivel. Por su complejidad y riqueza, todo al mismo tiempo. Ya en ese doble juego de que puede ser híper tradicional y moderna a la vez, pero también por todos los subgéneros que encierra, por sus calles podés toparte con el kitsch, pero también con el diseño más elegante y cool del mundo. 

Y justamente a mí lo que más me interesa en esta vida y el arte es eso: la multiplicidad de facetas. Y en Japón eso está a la vista todo el tiempo. Y a su vez es una cultura tan diferente… Desde cómo te envuelven un paquete en un negocio a cómo se manejan en los espacios públicos. Tienen una forma de vivir muy diferente, muy ritualista, parsimoniosa… Es realmente un flash.

-Decías recién que aquella época te parecía otra vida y es imposible no pensar en esta pandemia. ¿Cómo estás sobrellevando esta etapa?

-Por un lado bien, porque estoy muy creativa y con muchas ideas pero después la coyuntura te trae a tierra, te baja y te hace recordar esto tan terrible que estamos viviendo. En ese doble camino ando.

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-Y en lo cotidiano, ¿cómo venís?, ¿con sobredosis de zoom?

-No, la verdad es que no hago muchos, tampoco hice muchas cosas por streaming ni tampoco lives de Instagram…. Casi que lo único que hice virtual fue este hermoso video para Kabinett de Otras Formas. Lo loco es que yo me creía una mina muy urbana y con esta pandemia volví a entender que tenía mucho para descubrir encerrada en cuatro paredes.

-¿Decís “volví” por tu experiencia de reposo obligado durante el embarazo de tu hija Bruna?

-Así es. Digamos que todavía tenía “a mano” esa referencia de transformación total de la “normalidad”. Por supuesto que fue algo muy diferente, pensé que los últimos cuatro meses de embarazo estuve en reposo absoluto, sin poder bajar de la cama… ¡Para nada! Me bañaban ahí arriba, todo, ¡todo! pasaba por ahí.

Gracias a Dios, mejor dicho, gracias a una gran doctora que se dio cuenta de que la pérdida de mis dos embarazos anteriores tenía que ver con eso, yo ahí ya sabía que tenía trombofilia, que no es una enfermedad, sino una especie de reacción hormonal, por decirlo rápido, que provoca que la sangre se te espese, formando coágulos o trombos.

Es muy terrible no saber por qué te pasa algo así, por lo que una vez que tuve ese diagnóstico, la cosa cambió. Cuando finalmente nació Bruni, me tomé un tiempo pero luego decidí que quería hacer algo con este tema a través del arte, que es mi canal más primario para procesar las cosas.

Y así nació la muestra “En Reposo”, que buscó justamente apoyar la sanción de una ley de detección precoz de la trombofilia. Es increíble, cuando estás embarazada te hacen mil diferentes, pero ese no. Y solo requiere una extracción de sangre. Es una cosa muy perversa. 

La muestra generó mucha respuesta y repercusión, hablé con legisladores, traté de aportar todo lo posible. Cuando hoy lo miro retrospectivamente entiendo que ese proceso me hizo entender muchísimo de la vida y el arte. Y de lo conectadas que están ambas esferas. 

-Ahí apareció con fuerza la idea de unir tus dos caminos, la música y el arte…

-Sí, digamos que ya no me contenía pintar un óleo a la mañana y ensayar o tocar a la noche. El arte me había atravesado de tal manera, en una experiencia tan crucial, que ya nada iba a ser igual en mi vida.

Y de a poco, empecé a cruzar ambos mundos y a descubrir que en el campo de las artes había muchos artistas, algunos de gran trayectoria, que tenían proyectos musicales pero que nunca habían sido considerados como parte de su arte, de su acervo cultural.

Como por ejemplo Federico Peralta Ramos o Jorge de La Vega, que editó un vinilo pionero allá por 1968 y que siempre sufrió por tener que dejar su música a la sombra de su obra plástica.

Empecé a investigar cada vez más y descubrí que también había muchos artistas contemporáneos con proyectos musicales y me puse a armar lo que fue el primer registro histórico de la música hecha por artistas visuales.

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Lo convertí en álbum y lo presenté en el MAMBA (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires). Ese fue el gen del posterior Otras Formas, el sello con el que acabamos de cumplir 20 lanzamientos. Se generó un movimiento muy interesante.

Dinamité una situación muy conservadora que existía, sobre todo en torno a la música pop. Podía existir el arte sonoro, si querés, pero un artista plástico no podía hacer canciones pop.

-Hace un rato dijiste que cuando comenzaste en la música había pocas colegas mujeres. ¿Con la plástica te sucedía lo mismo?

-Sí, la verdad es que me tocó lidiar con dos ambientes recontra machirulos. Yo tuve suerte de poder tocar y editar discos, pero siempre fui consciente de que la industria musical era muy machista. Sobre todo en esa época, incluso directivos de discográficas me lo decían claramente: “si fueses hombre, tendrías otra carrera”.

Ya como dando por hecho la situación. Y lo peor es que yo también lo aceptaba, no veía una posibilidad de cambio cercana. Durante años naturalizamos algo que por fin comenzó a desarmarse. Y en la plástica lo mismo. ç

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En la actualidad formo parte de Nosotras Proponemos, que es un colectivo de artistas y trabajadoras del arte con el que hemos hecho varias acciones al respecto. Una de las últimas, en el Museo de Bellas Artes, fue muy contundente: hicimos que sólo se iluminaran las obras de artistas mujeres. Quedó todo el museo prácticamente a oscuras… Fue tremendo.

Es que la sociedad entera es machista. Y es importante que se entienda que con esto no estoy hablando de género (de hecho, hay muchas mujeres machistas), sino de una desigualdad estructural. Por suerte, se está empezando a desarmar. Hoy entendemos que el machismo es una destrucción del ser, algo que no funciona, que nos hace mal a todos y todas.

-Quisiera preguntarte por tus dos experiencias como telonera, primero de Coldplay y luego de Laurie Anderson…

-Uff, fueron dos experiencias muy diferentes pero que me marcaron a otro nivel. Con Coldplay fue someterme a un público enorme, y te diría que fue una experiencia casi mística. Sentís una energía en común que es realmente muy especial. Te atraviesa, es inexplicable y no lo olvido más. Conocer a Chris Martin también fue muy enriquecedor.

Tuvimos charlas muy lindas, él tiene un nivel de sensibilidad enorme. Y a su vez, y esto me sorprendió, es muy consciente de sus privilegios, de haber nacido hombre, en una ciudad como Londres… Me pareció un tipo muy humilde.

Laurie fue una experiencia mucho más íntima. También fueron dos noches, lo que me dio la posibilidad de flashear y disfrutar a la vez. Recuerdo que ella se quedó escuchando toda nuestra prueba de sonido.

Y mucho después, cuando terminamos el show, yo estaba de espaldas y de repente sentí el abrazo de alguien. Me di vuelta y era ella. Me habló del show, de los momentos que más le habían gustado… Una genia.

Después de esa charla, se dedicó a prender una por una –ella eh, no un asistente- las casi cien velas que tenía sobre el escenario. Era parte de su tránsito a un estado muy especial, con el que brindaba después un show hermoso y muy poético. Te repito, fueron dos experiencias inolvidables.

-La última: ¿qué significa el “listos” de esta última canción?

-Tiene que ver con estar despiertos. Pero, como dice la letra, en colaboración con el universo. Yo puedo poner mi voluntad, pero claramente tengo que saber que no tengo el control de todo. Y no tengo que pelear con eso, hay que sumar esa fuerza, del universo o de la naturaleza, como prefieras llamarla.

Somos partícipes de un todo, y como tales tenemos que dejar atrás el egoísmo, y la omnipotencia. De todo eso habla esa canción. -

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