Friday 29 de May de 2026

LIFESTYLE | Hoy 08:02

El atardecer como ansiolítico natural: qué dice la ciencia sobre la hora dorada

Mucho más que un momento lindo para fotografiar, la “hora dorada” funciona como una señal biológica capaz de ayudar al cuerpo a desacelerar. Entre cortisol, pantallas y ansiedad cotidiana, el atardecer reaparece como uno de los rituales de bienestar más simples —y poderosos— de la vida contemporánea.

Hubo un tiempo en que mirar el atardecer era un acto de supervivencia. Nuestros ancestros buscaban la señal biológica de que el día terminaba y era hora de resguardarse. Hoy, entre el ruido digital y las agendas que parecen no tener fin, es fácil olvidarnos que nuestro sistema nervioso sigue esperando esa señal.

No se trata solo de una cuestión estética o de perseguir el fondo perfecto frente al mar para redes sociales. La evidencia científica muestra que la “hora dorada” —ese momento en el que el sol roza el horizonte— funciona literalmente como un interruptor biológico de calma.

 

El atardecer como ansiolítico natural

 

Cuando los tonos anaranjados, rosados y rojizos inundan el cielo, ocurre un intercambio particular en nuestra retina. A diferencia de la luz azul de las pantallas, que mantiene al cuerpo en estado de alerta constante y eleva los niveles de cortisol, la luz cálida del atardecer le indica al cerebro que es momento de desacelerar. Ese cambio lumínico favorece la producción de melatonina y ayuda a regular el ritmo circadiano, el reloj interno que organiza nuestros ciclos de energía y descanso.

Podría decirse que contemplar el atardecer es una de las formas de biohacking más honestas, naturales y accesibles que existen.

 

El atardecer como ansiolítico natural

 

Quizás la ansiedad sea, en parte, una desconexión permanente del presente. Y el atardecer obliga justamente a lo contrario: detenerse. Habitar el instante. Procesar el día antes de entrar en la noche. Funciona casi como un pequeño ritual de despedida emocional que permite soltar tensión acumulada y volver, aunque sea por unos minutos, a una percepción más lenta del tiempo.

Sobre esta relación entre luz, bienestar y salud mental reflexiona Linda Geddes en su libro Chasing the Sun, donde explora cómo el exceso de luz artificial afecta nuestro vínculo biológico con los ciclos solares y cómo reconectarse con ellos puede impactar directamente en el sueño, el estado de ánimo y la regulación emocional.

 

El atardecer como ansiolítico natural

 

Cómo transformar el atardecer en un ritual de bienestar

La propuesta no implica grandes cambios ni rutinas complejas. A veces, pequeños gestos pueden generar una diferencia enorme en cómo el cuerpo atraviesa el cierre del día.

  • Mirar el cielo durante algunos minutos sin anteojos oscuros ni pantallas para permitir que esa frecuencia lumínica llegue naturalmente a los ojos.
  • Aprovechar ese momento para respirar más lento y profundo, acompañando el cambio de ritmo que propone la luz natural.
  • Bajar la intensidad de las luces del hogar al caer la tarde para extender esa sensación de calma también dentro de casa.

Porque quizás el bienestar contemporáneo no siempre esté en sumar más estímulos, más rutinas o más productividad. Tal vez también exista en algo mucho más simple: ese momento silencioso en el que el horizonte recuerda que el día terminó y el cuerpo, finalmente, puede descansar.

at Ariana Santilli

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