sábado 12 de junio de 2021

SOCIEDAD | 26-04-2020 16:29

Phishing: La pesadilla de vivir un día hackeado

Un día entero lo dediqué a intentar recuperar todas mis cuentas y hacer denuncias. Acá te cuento una experiencia virtual que no recomiendo.

"Creo que te hackearon la cuenta de Twitter". El mensaje, enviado por una colega, fue el que dio inicio a la pesadilla. Era un sábado a media mañana. Enseguida agarré el celular para confirmar la noticia, entré a la aplicación y vi que mi apariencia -a juzgar por mi foto de perfil-, había cambiado bastante. Ahora era un tipo orgulloso de sus músculos marcados apoyado sobre un descapotable negro. Y todas mis publicaciones referían a apuestas y juegos. Debo admitir que al principio me pareció gracioso. Denuncié la cuenta, mientras bromeaba con mis amigos y amigas sobre el asunto. Ser periodista y tener contactos directos en la plataforma dinamizó los tiempos y una hora después ya tenía de vuelta el poder de mi cuenta. Pero el asunto no terminó ahí. Fue solo el comienzo de un día virtualmente agitado.

Llamada de número desconocido. No atiendo. Un chat en WhatsApp (de un usuario con foto de perfil con el logo de Instagram) me contacta. Me dice que por tener mi cuenta certificada –la famosa tilde azul– tenía un trato especial y al enterarse de que me habían hackeado mi cuenta de Twitter querían reforzar la seguridad. Al tercer mensaje me pregunta en dónde estoy y si podía pasarle mi contraseña. Enseguida entendí que se trataba de un caso de phishing (el término que se utiliza para describir el robo de datos). Entonces, mientras entretenía al "delincuente" mediante mensajes de chat, entré a mi computadora y cambié las contraseñas de todas mis cuentas. Al modificar mi contraseña de Instagram, todo cambió. El chat se volvió agresivo y amenazante. Comenzaron a llamarme desde números del exterior entre 3 o 4 veces por minutos a la vez que recibía una catarata de chats de número desconocidos que me hablaban, me ofrecían dinero, citas, etc.

Pensé que iba a enloquecer. El teléfono no paraba de sonar. El asedio no cesaba. El “delincuente cibernético" seguía amenazándome. ¿El propósito? Que le cediera mi usuario de Twitter y mis seguidores. Contacté a una periodista especialista en redes, que me recomendó no responder nada, bloquear a esos usuarios y hacer captura de pantalla de todo lo que sucediera en mi teléfono. Otro gran consejo fue contactar a la UFECI (Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia).

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Cuando pensé que el asunto terminaría ahí me di cuenta de que nunca había cambiado la clave de Facebook (red social a la que no entraba hace dos años aproximadamente). Cuando quise acceder, el hacker ya estaba chateando con amigos y –atención- pidiéndoles fotos de sus pies. La excusa era una supuesta nota que estaba armando para la revista que edito. Algunos lo creyeron y, de repente, mi WhatsApp se llenó de ¡fotos de pies!...

Cómo me sugirieron, hice la denuncia en la comisaría, en la fiscalía y también llamé al 911. Es importante no dejar pasar estas acciones y denunciarlas. Y también atender a los consejos de seguridad de las redes sociales, como activar la función de verificación de dos pasos que la mayoría de las plataformas incluye.

La gran pregunta de por qué me quisieron hackear la cuenta nunca la pude responder. No sé bien por qué, ni cómo, ni quién fue el que cometió este delito, sólo sé que me hizo vivir el día más singular y angustiante de esta cuarentena. 

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