Cuando las noticias shock son demasiadas y demasiado frecuentes, tanto que la realidad a veces supera a la ficción, hay temas y regiones del mundo que quedan completamente fuera del radar. Eso es lo que está pasando en Afganistán, donde cada día el peor tipo de hombres busca nuevas formas de expresar su odio hacia las mujeres, aplastando sus derechos, su voluntad y sus vidas. La última novedad desmiente de manera definitiva todas las teorías de quienes en 2021 juraban que los “nuevos talibanes” que retomaban el poder eran “distintos”, “evolucionados”, “usuarios de redes sociales” y que iban a respetar a las mujeres. Así es como van a demostrar ese supuesto respeto, desde ahora.
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En enero de 2026, los talibanes emitieron un decreto que aprueba formalmente un nuevo Código de Procedimiento Penal. El reglamento no fue anunciado públicamente: su existencia salió a la luz recién cuando una organización humanitaria publicó una copia en lengua pastún en su sitio web el 21 de enero. Después de que la comunidad internacional lo advirtiera, alguien bilingüe lo tradujo al inglés, y desde esa versión comenzó a circular en otros idiomas.
Algunas de las nuevas disposiciones, en la práctica, legalizan la esclavitud de las mujeres.
El artículo 34 regula su movilidad: establece que una mujer puede ser encarcelada durante tres meses simplemente por permanecer en la casa de su familia de origen sin el permiso del marido o sin un “motivo justificado por la Sharia”. Si su familia no la devuelve al hogar conyugal, sus integrantes pueden ser imputados y recibir la misma pena. En los hechos, esta norma convierte a las mujeres casadas en propiedad de sus esposos, negándoles el derecho a decidir dónde vivir o a buscar refugio en caso de conflictos familiares o violencia doméstica.

El artículo 32, por su parte, señala que si un marido golpea a su esposa con “fuerza excesiva” —definida de manera estricta como fracturas, heridas o moretones visibles— puede ser condenado a apenas quince días de prisión, siempre y cuando la mujer logre probar el abuso ante un tribunal. Resulta absurdo si se tiene en cuenta que el contacto físico consensuado entre adultos no emparentados puede implicar hasta un año de cárcel. Más aún si se recuerda que algo similar sucedía en Italia hace apenas sesenta años.
El artículo 58 establece que si una mujer abandona el islam puede ser condenada a prisión perpetua. Además, debe recibir diez latigazos cada tres días hasta que regrese a la fe.
En cambio, el código penal talibán no especifica de manera explícita cuál sería la pena para los hombres apóstatas. En síntesis, con el nuevo Código de Procedimiento Penal, las mujeres afganas quedan desproporcionadamente afectadas por la ley: sus movimientos, sus vínculos, sus creencias y sus decisiones familiares quedan bajo control legal, su protección frente a la violencia es limitada y su conducta está fuertemente reglamentada.
Todo esto ocurre en medio de la indiferencia de la comunidad internacional. Y es duro decirlo, pero si no hay reacciones es justamente porque el problema afecta solo a las mujeres. Una confirmación más de lo que el feminismo denuncia desde hace décadas: no existe una guerra entre hombres y mujeres, sino la de cierto tipo de hombres contra las mujeres, mientras la otra mitad mira para otro lado. De otro modo, ya habría habido reacciones concretas incluso frente a un presidente de Estados Unidos cada vez más involucrado en hechos escalofriantes.
Este artículo se publicó originalmente en MC Italia.
at Debora Attanasio
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