La perimenopausia es una de esas palabras que, por mucho tiempo, se mantuvieron fuera de escena. Pero hoy, cada vez más mujeres rompen el silencio en torno a este proceso que puede durar entre 5 y 10 años y que marca el comienzo del camino hacia la menopausia. Cambios en el cuerpo, en la piel, en la energía, en el ánimo… y también en el deseo sexual.
En medio de este torbellino físico y emocional, la masturbación aparece como una herramienta no solo de autoplacer, sino también de autoconocimiento, alivio y reconexión con una misma. Lejos de los mitos, puede convertirse en una práctica clave para abrazar esta nueva etapa con libertad y sin vergüenza.
El deseo también cambia
Durante la perimenopausia, las variaciones en los niveles de estrógeno, progesterona y testosterona afectan muchas funciones del cuerpo, incluida la respuesta sexual. Algunas mujeres sienten una baja del deseo, otras notan una mayor sensibilidad o sequedad vaginal, y muchas experimentan una especie de desconexión con lo erótico.
Pero que el deseo cambie no significa que desaparezca. Solo necesita nuevos caminos para expresarse. Y ahí es donde la masturbación puede funcionar como una vía directa para reconectar con lo que da placer, sin presiones ni expectativas externas.
Placer sin guión
En esta etapa, el cuerpo no responde igual que antes. Y eso no tiene por qué ser un problema. Al contrario: puede ser una invitación a explorar nuevas formas de sentir. La masturbación sin apuro, sin metas y sin guión fijo —más enfocada en el disfrute que en alcanzar un orgasmo— puede ser profundamente liberadora.
Además, al estimular la circulación, activar la lubricación natural y liberar endorfinas, el autoplacer también tiene beneficios físicos concretos: mejora el ánimo, ayuda a dormir mejor y alivia tensiones musculares.
Escuchar al cuerpo sin juicios
Uno de los grandes aprendizajes de la perimenopausia es aceptar que todo cambia. Y con eso, también, soltar lo que ya no funciona. Quizás lo que antes excitaba ahora no genera nada, o el cuerpo tarda más en responder. Eso no significa que haya algo "mal". Solo que necesitás redescubrirte.
Explorarte sin presión, con respeto y con curiosidad es el primer paso para volver a habitar el deseo en tus propios términos. La masturbación puede ser una práctica íntima, silenciosa y profundamente reparadora.
¿Y si no tengo ganas? También está bien
El deseo no es una obligación. En esta etapa (como en todas), lo importante es que vos decidas cómo querés vivir tu sexualidad. La masturbación no es una receta, ni una solución mágica. Pero puede ser una herramienta para reconectar con el cuerpo desde un lugar amable, amoroso y propio.
Si el deseo está apagado pero hay curiosidad, explorarlo puede ser una forma de volver a encenderlo sin presiones. Si no está presente y preferís dejarlo pasar, también es válido. El eje no está en "recuperar" algo, sino en descubrir lo que hoy te hace bien.
El deseo no se termina, se transforma
Hablar de masturbación femenina en la perimenopausia es romper con una idea instalada durante décadas: que el placer tiene fecha de vencimiento. No solo no se termina: puede convertirse en algo más profundo, más auténtico y más libre.
El deseo no es lineal ni constante. Pero cuando se lo escucha sin prejuicios, puede volver a emerger como un motor vital, íntimo y propio. Y en esa búsqueda, la autoexploración no es un lujo, sino un derecho.
at redacción Marie Claire
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