Las relaciones cambian continuamente. En el pasado era impensado abrir la pareja para involucrar a un tercero, o a un cuarto, o a un quinto. La monogamia era la ley y a nadie se le ocurría transgredirla. Sin embargo, los tiempos cambiaron y algunas personas se atreven a abrir la pareja para dar paso al poliamor.
No obstante, el tema que nos convoca aquí no son las distintas maneras de vincularnos, sino la infidelidad. Pero la introducción fue necesaria, ya que muchas veces suele justificarse la infidelidad con la supuesta incapacidad del ser humano de estar con una sola persona durante toda su vida.
Aquellas personas que promueven el poliamor y deciden tener una relación abierta, en la que no solo tienen relaciones con su pareja sino con varios sujetos más, abogan que la monogamia no es viable, y que el humano no tiene porque autolimitarse a amar solo a una persona. Por ello, algunos proclaman que la infidelidad dentro de las parejas tradicionales cerradas es común y hasta responde a la naturaleza propia del ser humano.
¿La monogamia está en crisis?
Aunque parezca que todo apunta a que cada vez son más los jóvenes que deciden subirse al tren del poliamor, son pocos los que prueban esta experiencia y salen victoriosos. La mayoría cae en el primer intento porque automáticamente surgen sentimientos de inseguridad, celos y ansiedad.
La realidad, es que para practicar el poliamor hay que ser muy seguro de sí mismo. Tal como dice la palabra, poli-amor, no significa únicamente tener relaciones con otra persona, sino también se abre la posibilidad de desarrollar sentimientos hacia ese nuevo “invitado”.
Acostumbrados a una cultura que nos mal educó en que la pareja es una propiedad que no se comparte, y que debe estar ahí incondicionalmente para sentirnos seguros, el hecho de siquiera pensar que nuestro compañero pueda sentir un mínimo cariño hacia otro individuo nos aterra.
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