domingo 25 de julio de 2021

PERSONAJES | 19-03-2021 18:30

Natalia Oreiro: “Siento que jamás me traicioné y eso es un montón”

La actriz acaba de regresar a los sets para enfrentar su mayor desafío profesional: interpretar a Evita. Acá nos habla de ese rol, de sus “privilegios”, del feminismo, del amor y de sus cada vez más notorios aprendizajes.

La vimos el año pasado sólo desde la pantalla gracias a Nasha Natasha, el muy logrado documental de Netflix que retrata su larga relación de amor y devoción con Rusia. Y luego la encontramos casi en cuentagotas, cuando aceptó ir a programas de televisión solo bajo un estricto protocolo sanitario y unas hermosas máscaras de diseño que le encarga especialmente a su amiga Florencia Tellado.

“Quise comunicar la importancia del cuidado de una manera algo ‘lúdica’ y creativa y por eso elegí hacerlo desde la moda. Traté de ponerle un poco de onda a una situación que no la tiene en absoluto…”, resume por teléfono desde un hotel de Montevideo, adonde se instaló para filmar Iosi, la serie de espías que Daniel Burman y Sebastián Borensztein preparan para Amazon Prime Video.

Tras esa experiencia, y mientras espera el estreno de tres películas en cine (sí, tres, y la primera de ellas, La Noche Mágica, llegará este mes), se prepara también para filmar en abril Santa Evita, serie para Disney+ basada en la novela homónima de Tomás Eloy Martínez con la que se meterá en la piel de “la mujer más importante de toda la historia argentina”. Una vuelta, sí, con todo.

“Con Ricardo fuimos muy responsables y cuidadosos en todo este proceso, pero porque también pudimos serlo. Porque tenemos una casa con jardín, espacio y contención y porque sabíamos que cuando la cosa se abriera un poco íbamos a tener trabajo. En la gran mayoría de los casos eso no era así y mucha gente necesitó salir para cubrir su día a día. Mi situación, sin dudas, fue muy privilegiada”, afirma.

-¿Pasaste momentos incómodos con gente que no viviera los cuidados igual que vos? Pienso en los “anti- cuarentena”, los “anti-barbijo”… 

-Creo que todos hemos pasado por situaciones de ese estilo... Hay mucha gente desbordada también, que atravesó todo tipo de estados y terminó creyendo o descreyendo cualquier cosa. Ojo, no es que intento todo el tiempo ponerme en el lugar del otro porque también hay límites, sobre todo cuando ese otro atenta contra tu salud y la de los tuyos…

El otro día, por ejemplo, me crucé con un tipo acá en el hotel que me vio y se puso el barbijo diciendo: “solo lo hago porque estás vos” ¿Qué le podía contestar? Lo dejé subir al ascensor solo y me quedé esperando el próximo. Más que eso no podía hacer…

Natalia Oreiro


-Tengo entendido que en Buenos Aire no te juntaste nunca con amigos y familiares…

-No, y es algo que mantuve y mantengo con muchísima pena… A mi sobrina, por ejemplo, la vi una sola vez: el día de su cumpleaños, pasé por su casa, le dejé su regalo, nos saludamos de lejos desde la reja y me fui. No solo me cuido por mí y mi familia, tampoco quiero que le pase nada a la mamá de Ricardo que es grande, a mis padres... Ahora que volví a trabajar, me hisopan día por medio. Y en ese contexto volví a ver a mis padres después de prácticamente un año. Y solo los veo una vez por semana.

-¿No se ofendió nadie de tu entorno?

-No, trato de tener relaciones con gente que no se enoje por decisiones personales. Sí es claro que muchos de ellos no transitaron la pandemia de la misma manera que yo. Y es súper lógico en algún punto, cada uno la procesa como puede…

 “Con Ricardo fuimos muy cuidadosos en todo este proceso, pero porque también pudimos serlo. Porque tenemos una casa con jardín, espacio y contención y porque sabíamos que cuando la cosa se abriera un poco íbamos a seguir con trabajo”.


-Es notable cómo hablás de tus privilegios, un término muy presente en la conversación pública hoy. ¿Te llegan a dar culpa esos privilegios?

-No, no soy una persona culposa. Soy de acción. Cuando soy consciente de que tengo un privilegio, acciono… Pero no podría no admitirlos. Soy consciente de que hoy llevo una vida extraordinaria.

Por más que con Ricardo tratamos de ser y mantenernos ordinarios, la realidad es que pudimos atravesar la pandemia con trabajo, salud, una casa hermosa, tiempo y conexión para poder acompañar a nuestro hijo en su educación a distancia…

Sería muy injusto negar todo eso. Y por más que muchos de esos privilegios son una mezcla de cosas; de suerte, de haber nacido donde nací -aunque en casa nunca sobró nada- y de esfuerzo personal también.

Hay mucha gente que nace rodeada de enormes privilegios y sin embargo no los agradece, no los toma en cuenta. Me resulta incomprensible eso. Sobre todo en esta época.

La pandemia fue una lupa gigantesca sobre nuestras desigualdades, nuestras enormes deudas sociales. Es muy triste que en un país con tantos recursos naturales como Argentina existan estos niveles de pobreza tan abismales.

-Hablando de actualidad, es imposible no preguntarte por el drama de los femicidios. El asesinato de Úrsula volvió a poner el tema en el centro de la agenda pública…

-La violencia machista no es nueva, pero la pandemia la agravó en muchos sentidos. Lo que estamos viendo es que el problema no es solo de educación, sino que también hay una falta de respuesta de los organismos que deberían proteger a la mujer. ¿Cómo puede ser que, habiendo hecho 18 denuncias, hoy Úrsula no esté entre nosotras?

De todo esto hablaba la carta que firmamos con muchas otras mujeres y le enviamos al presidente Fernández pidiéndole la emergencia nacional contra la violencia machista. Es un problema y un drama estructural. Una mujer muere por día a causa de la violencia machista, tenemos que poder abordar cada caso en tiempo y forma.

Botones de pánico, tobilleras, seguimiento de los casos 24x7... Es muy triste lo que está pasando y creo que la sociedad entera debe involucrarse.

Hace poco leí un post que decía algo así como “todas conocemos amigas agredidas por su pareja, pero ningún hombre tiene un amigo violento”. Es una generalidad, es cierto, pero que pone un importante asunto sobre la mesa. No hay hombres que denuncien a amigos. Y es una responsabilidad de todos acabar con esta otra pandemia, no sólo de la mujer.

Yo siento el deber y una responsabilidad muy grande de criar a un hijo feminista. Siento que ya lo es, pero en ese camino estoy y sigo.

Natalia Oreiro


-Volviendo al trabajo, en breve te pondrás en la piel nada menos que de Evita. Después de Gilda, otra “mujer mito”…

-No, bueno, con Gilda fue otra la historia ya que fue un personaje que deseé muchísimo durante años y con el que finalmente tuve bastante que ver para que sucediera. Acá es diferente, primero porque yo ya había tenido otros ofrecimientos para hacer de Eva antes y nunca había sentido que fuese un personaje para mí.

-¿Por qué?

-Por miedo, supongo, y porque sentía que tantas actrices la habían interpretado tan magistralmente bien que no creía que yo pudiese aportar algo. Básicamente, no me animaba.

Pero bueno, la vida me volvió a poner esa prueba por delante, y esta vez me pareció que sí, que era el momento y el lugar. Aunque el miedo no desapareció, claro. Recuerdo que después de hacer el casting, cuando llamaron para decirme que había quedado seleccionada, mi primera reacción fue casi de parálisis: “¿Y ahora?”… (risas).

“Estoy viviendo el desafío de interpretar a Evita con mucho respeto y responsabilidad. Para una actriz no hay nada mejor que te saquen del lugar común y claramente este no es un lugar común para mí. Ni tampoco cómodo ni sencillo”.


-¿Y ahora? ¿Qué significa para vos interpretar a Eva hoy?

-Un desafío inmenso. Componer a alguien que existió y que encima es la mujer más importante de toda la historia argentina… Lo estoy encarando con muchísimo respeto, estoy trabajando con una coach actoral y con una fonoaudióloga.

No es que vaya a hablar como ella, la verdad es que no soy imitadora y no es esa la búsqueda. Haré la Evita más fiel a la historia que se busca contar, y a la que yo pueda componer. Y me apoyaré a full en el equipo.

Esto siempre es un trabajo colectivo, eso lo tengo claro. Nuestra intención es que trascienda la mirada de si me parezco o no. De hecho, no me parezco. Me teñiré de rubio, claro, pero sobre todo tomaré el desafió con mucha responsabilidad. Para una actriz no hay nada mejor que te saquen del lugar común y claramente este no es para mí un lugar común. Ni tampoco cómodo ni sencillo. 

-¿Temés quedar atrapada dentro de la tan mentada “grieta política”?
-En algún punto, todo acto artístico es político y no es mi intención escaparle a ese “bulto”. Tomás Eloy Martínez no era un autor peronista, y sin embargo tenía una admiración profunda por todo lo que había hecho y representado Eva.

Yo estoy al servicio de ese personaje y de esa historia, desde mi sensibilidad y óptica, claro, aunque a la vez me tengo que correr lo más posible de mí. Y también de esta actualidad, de las ideas que tenemos hoy sobre lo que es una mujer empoderada, lo que debe ser una sociedad…Te repito: es un mega desafío y está buenísimo que así sea. 

Natalia Oreiro


-Se te nota muy receptiva con todo lo que sucede a nivel sociedad, no solo por la pandemia. ¿Creés que estás más reflexiva, más madura?

-Yo siento que una puede envejecer o crecer, y la verdad que siempre intento ir por ese segundo camino. A veces lo logro y otras no, pero mi intención es esa, ir conociéndome cada vez más. Si miro para atrás siento que jamás me traicioné y eso es un montón.

Sigo teniendo muchas cosas de la niña de 16 que llegó a Buenos Aires, ese asombro, esas ganas y esa curiosidad, y la vez hay un montón de cosas que cambié. Ya no me enojo tanto como cuando tenía esa edad, por ejemplo. Supongo que también el hecho de ser madre me dio otra perspectiva. No digo que me cambió porque no creo tanto en eso…

-¿Cómo es eso?
-A ver, seguramente me cambió en varias cosas, pero no siento que me haya “completado” como suele decirse.

Siempre fui defensora de la individualidad y por eso mismo siempre luché con ese estigma de que la mujer tiene que ser madre sí o sí. O sino es una mala mujer. Durante un tiempo largo, de hecho, yo no quise ser madre hasta que en un momento sí sentí la necesidad de serlo y por suerte se me dio.

Y después, cuando nació Ata, rápidamente sentí también las ganas de volver a trabajar y de reencontrarme conmigo, con mi Natalia actriz y profesional.

“No siento que mi hijo me haya ‘completado’ como suele decirse. Siempre fui defensora de la individualidad y por eso mismo siempre luché con ese estigma de que la mujer tiene que ser madre sí o sí”

-Y de hecho volviste a trabajar casi enseguida, ¿no?
-Sí, Ata tenía dos meses y me fui a Colombia a grabar una serie (Lynch), después me fui al sur a filmar Wakolda y al toque de eso arranqué con Solamente vos… Sí logré que en todos esos trabajos respetaran mi decisión de darle la teta a Ata que para mí era algo súper importante.

Pude hacerlo porque lo exigí -si bien hay una ley que lo contempla, pero no siempre se cumple- y sobre todo pude hacerlo porque tenía a mi lado a Ricardo que me recontra bancó y vivió su paternidad a la par mía.

-Hace poco en tu mensaje de San Valentín justo posteaste algo muy lindo sobre él: “no hay en el planeta mejor compañero, que te abrace y sientas que podés con todo. Te amo botija”…

-(Ríe) Sí, él es así... Y acá me tomo el atrevimiento de meterme donde no me corresponde, pero todo eso también fue aprendizaje. Él tuvo a Ata y pudo dedicarle casi todo su tiempo cosa que quizá cuando era más chico no se permitió hacer o no supo cómo. La vida te da esas posibilidades, esas revanchas…  

Yo fui madre de “grande”, después de los 30, y decidí volver a trabajar enseguida. Mi compañero, que tampoco nunca paró, sí pudo y supo tomarse el tiempo necesario para decir: “yo te acompaño adonde vayas. Esto es algo que hacemos de a dos”. Todo eso fue y es muy hermoso e importante para mí. 

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