Wednesday 21 de January de 2026

MODA | Hoy 08:19

Cuando Balenciaga eligió la belleza: la revolución silenciosa de Pierpaolo Piccioli

En su primera precolección para Balenciaga, Pierpaolo Piccioli propone una nueva gramática estética: una síntesis precisa entre herencia histórica, rigor couture y una visión contemporánea que reemplaza la provocación por belleza, color y emoción.

La colección Balenciaga Fall 2026 no fue solo una presentación de indumentaria, sino un verdadero manifiesto estético. En el centro de esta transformación se encuentra Pierpaolo Piccioli, el diseñador que supo evolucionar la gracia de Valentino y que ahora enfrenta un desafío aún mayor: redibujar los límites de una de las casas más complejas e influyentes de la moda del siglo XX.

Si la era de Demna Gvasalia —hoy al frente de Gucci— se definió por un realismo cínico y una provocación de raíz underground postsoviética, la Balenciaga de Piccioli responde con la fuerza de la gentileza y el rigor de la historia.

 

Balenciaga

 

Una infiltración silenciosa

La estrategia del diseñador, definida por la crítica como una infiltración silenciosa, no reniega de la estética previa, sino que la habita. Los volúmenes macroscópicos y la actitud street heredados de Gvasalia se funden con la nobleza sartorial y el ADN de Cristóbal Balenciaga, transformando el oversize en pura arquitectura.

No se trata de suavizar las siluetas, sino de refinarlas hasta el extremo, devolviendo el ruido de las subculturas al control absoluto de la materia. El resultado es una jugada brillante que no defrauda a los clientes —cómplices del ascenso de la marca a coloso de facturación— y que logra reconciliar a innovadores y nostálgicos en una misma colección.

 

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El diálogo con Cristóbal Balenciaga

En esta Fall 2026, Piccioli reabre los baúles de Cristóbal Balenciaga para hacerlos dialogar con el espíritu del presente. Aparece una maxifalda en tejido técnico con caída escultural, referencia directa a los volúmenes del fundador en los años 50.

En la indumentaria masculina se presenta el debut del hombre Balenciaga de Piccioli, inspirado en el guardarropa personal de Cristóbal: capas de cashmere, car-coats en neo-gazar —un material que fusiona la tradición del gazar con polímeros reciclados— y una combinación precisa entre lo formal y lo casual.

Para la mujer, la redefinición continúa con guantes de ópera, sombreros con capucha y monos deportivos adherentes con espíritu couture, realizados en ProBody, un tejido técnico desarrollado por la maison: transpirable, antibacteriano y repelente a la humedad. Entre las propuestas más audaces se destacan los trajes de noche íntegramente bordados con paillettes técnicas en clave urbana y la relectura de siluetas históricas en cuero y felpa, junto a prendas con líneas laterales inspiradas en equipos deportivos.

 

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El cuello como gesto protector

Uno de los guiños más potentes de la colección es el cuello extralargo, un detalle emblemático de Balenciaga en 1958. Si entonces servía para distanciar el cuello de la nuca y generar un efecto de desapego regio, en la versión de Piccioli se transforma en un elemento protector, casi un caparazón, que enmarca el rostro de manera teatral.

Aquí reside la maestría del diseñador: tomar un código de hace setenta años para responder a una necesidad contemporánea de protección y privacidad. El recurso aparece tanto en abrigos estructurados como en rompevientos hi-tech, demostrando cómo la alta moda puede influir en el guardarropa cotidiano sin perder su aura.

 

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El color como declaración emocional

Durante años, el negro fue el uniforme oficial de Balenciaga: un color-escudo, nihilista y absoluto. Piccioli, reconocido como uno de los grandes coloristas de su generación, decidió que era hora de encender las luces.

La colección despliega una paleta intensa y culta, pero nunca estridente: verde jade, coral profundo, óxidos y chartreuse dialogan en composiciones que remiten a la pintura del Renacimiento italiano, aplicadas sobre siluetas de aire casi espacial.

Este uso del color es tanto estético como psicológico. Piccioli introduce optimismo en una marca históricamente asociada a imaginarios distópicos, reposicionándola en una dimensión de alegría y vitalidad.

 

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Colaboraciones: del lujo al deporte

El cambio de rumbo también se refleja en las colaboraciones. La alianza con Manolo Blahnik para el calzado —con tacos que retoman las geometrías de la Torre Eiffel— devuelve protagonismo al zapato joya y al taco fino como símbolos de lujo entendido como artesanía suprema.

En paralelo, la colaboración con la NBA demuestra la habilidad de Piccioli para dialogar con el streetwear desde otro lugar: no hay logos vacíos, sino prendas técnicas donde el dinamismo deportivo se cruza con la precisión del corte couture.

Una nueva comunidad Balenciaga

El relato visual de esta nueva etapa se materializa en el lookbook fotografiado por Robin Galiegue en París. Las prendas aparecen en el flujo de la vida real —la calle, el gimnasio, el trayecto cotidiano— vestidas por una comunidad diversa que incluye a actores y músicos como Benjamin Voisin, Eliot Sumner y Laufey.

 

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El lujo como estado de ánimo

Reemplazar a un director creativo tan influyente como Gvasalia no era tarea sencilla. Piccioli sortea el desafío respetando la visión anterior y sumando la suya, poética y humanista. En este nuevo escenario, las jerarquías tradicionales del vestir se disuelven: daywear sartorial, noche, techwear y deporte conviven en una misma narrativa.

Balenciaga ya no necesita shockear para existir. Bajo la guía de Piccioli, elige el camino de la belleza y del lujo entendido como un estado de ánimo.

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