El cuerpo humano ha sido lienzo desde hace siglos, pero para Amanda Rodriguez Oropeza la piel es, sobre todo, un espacio donde contar historias. El camino de esta artista venezolana comenzó a los 19 años, cuando pasaba horas pintando pequeños detalles sobre tela. Su búsqueda por vivir del arte la llevó luego a Caracas como aprendiz y marcó el comienzo de un recorrido atravesado por la migración y la construcción de un lenguaje propio.
La crisis en Venezuela la impulsó a emigrar en 2016. Su primera escala fue Panamá, donde, con la ayuda de su hermana y de su marido músico —quien la acompañó en el proceso de convertir su pasión en una profesión—, compró su primera máquina y comenzó a tatuar turistas.
Sin embargo, cuenta que fue en la Argentina donde encontró su madurez artística. En 2019 se incorporó a Iris Tattoo, en Buenos Aires, y profundizó una técnica que con el tiempo la llevó a trabajar con figuras como Abel Pintos, Cande Molfese, Paula Chaves, Oriana Sabatini y Stephanie Demner.
En 2024 se instaló en Miami junto a su familia. Hoy forma parte de la sede estadounidense de Iris Tattoo, donde recibe clientes de distintos lugares, entre ellos Emilia Mernes y la influencer Kate Cassidy.
Lejos de replicar fórmulas de Pinterest o seguir aquello que dicta el algoritmo, su trabajo se concentra en el microrrealismo, una vertiente del fine line que permite representar imágenes complejas, texturas y profundidades en espacios reducidos de piel.
Para Amanda, no hace falta un tatuaje de grandes dimensiones para llevar una obra de arte en el cuerpo. Su proceso creativo parte de escuchar la historia de cada persona, tomar las referencias visuales como punto de partida y diseñar una pieza única que dialogue con su anatomía.
Su trabajo también excede el tatuaje. Durante la Art Week de Miami 2024, su ilustración digital Chica en el bosque —una obra centrada en la figura femenina que combina referencias a la escultura clásica con líneas contemporáneas— fue exhibida en vidrieras de la ciudad.
Desde su estudio en Miami, Amanda habla con Marie Claire sobre el cuerpo como territorio de decisión, el lugar de las mujeres dentro de una industria históricamente masculina y aquello que aprendió después de construir su carrera lejos de su país de origen.
—Marie Claire celebra a la mujer que decide sobre su cuerpo. Pasamos de una industria históricamente masculina a este presente. ¿Qué significa para vos tatuar mujeres y por qué lo considerás un acto de empoderamiento?
—El tatuaje es una transformación hermosa; hay un claro antes y después en la vida de una persona. Como mujer, tengo la sensibilidad para entender que la clienta está tomando una decisión para toda la vida y me aseguro de que nunca se sienta presionada. Antes, la industria podía ser rústica e intimidante porque no había tantas tatuadoras. Hoy el mundo es mucho más amplio, nos da espacio para desarrollarnos y permite que las mujeres se sientan cómodas. Tatuarse es expresar tu forma de ser y tus amores; sin duda es un acto de empoderamiento porque requiere la valentía de ser fiel a eso que te identifica.
—En Miami, el tatuaje de autor encontró un público que valora especialmente la técnica, el diseño y la exclusividad. ¿Cómo hacés para que quien llega a tu estudio entienda que, más que un dibujo, se lleva una obra pensada especialmente para su cuerpo?
—Por lo general, quienes llegan al estudio lo hacen porque ya han visto y valoran profundamente el nivel de terminación de mis trabajos. Siempre recomiendo escuchar al profesional a la hora de tatuarse para poder llevarse una pieza con criterio estético. Un buen tatuaje es muy notorio cuando lo lucís. Hay que tener en cuenta que es algo que te acompañará para siempre, por lo que vale la pena dejar el presupuesto en un segundo plano y priorizar el resultado, la experiencia y la calidad de la obra.
—¿Cuál es la huella que querés dejar como artista latina que desarrolló su carrera fuera de su país y qué le dirías a esa chica que hoy está empezando y te mira desde Instagram?
—Quiero demostrar que tu lugar de origen te identifica, pero es tu trabajo lo que te destaca. Además, en un mundo tan acelerado y con tanta exigencia de productividad, quiero priorizar la belleza y devolverle el valor al tiempo, a la dedicación y a los detalles que hacen que un resultado sea especial y delicado. A la chica que recién empieza le diría que no hay límites. Si hacés las cosas con determinación, te sorprenderá ver adónde te lleva ese esfuerzo, sin importar lo poco con lo que empieces. Es hermoso que, en medio de tanta tecnología, sigamos existiendo personas expresando arte, que es en definitiva lo que nos hace tan increíbles como humanidad.
El recorrido de Amanda está atravesado por una constante: el tiempo dedicado a perfeccionar un oficio. Desde aquellos primeros trabajos en Venezuela hasta el microrrealismo que hoy desarrolla en Miami, su manera de entender el tatuaje parte de la precisión, pero también de la escucha.
En una época dominada por imágenes que aparecen y desaparecen a toda velocidad, ella trabaja sobre algo pensado para permanecer. Y quizás allí esté la particularidad de su mirada: entender la piel no simplemente como una superficie para intervenir, sino como un espacio íntimo en el que una historia puede adquirir una forma propia.
at Clara Ballester
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