Hay edificios que son mucho más que un lugar donde pasar la noche. Sus paredes conservan historias de familias aristocráticas, sus patios fueron testigos de otras épocas y sus salones todavía reflejan las costumbres de quienes los habitaron siglos atrás. Dormir en un antiguo palacio o alojarse cerca de una residencia real permite descubrir Europa desde una perspectiva diferente, donde el pasado forma parte de la experiencia del presente.
En ciudades como Madrid, Venecia, Córdoba o Palermo, antiguos edificios nobiliarios fueron transformados en hoteles que conservan buena parte de su identidad arquitectónica. En otros destinos, como París, Viena o Copenhague, la cercanía con los grandes palacios reales ofrece la posibilidad de recorrer algunos de los escenarios más representativos de la historia europea.
En este contexto, NH Collection Hotels & Resorts reúne una selección de alojamientos que tienen al patrimonio histórico como protagonista, ya sea por ocupar edificios centenarios o por encontrarse cerca de algunas de las residencias reales más emblemáticas del continente.
Dormir entre siglos de historia
En el corazón del Barrio de las Letras de Madrid, el Palacio de Tepa ocupa un edificio diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva para los condes de Tepa. Durante su rehabilitación se recuperaron restos de un sistema de canales del siglo XVI que hoy forman parte del hotel. La arquitectura original convive con intervenciones contemporáneas, a unos quince minutos a pie del Palacio Real.
Más al sur, en Córdoba, dos casas nobiliarias de los siglos XVII y XVIII conforman un alojamiento situado en plena Judería, uno de los sectores más representativos del casco histórico de la ciudad. Sus patios, galerías y elementos arquitectónicos originales permiten acercarse a la tradición andaluza, a pocos pasos de la Mezquita-Catedral.
La ciudad de Burgos ofrece otra experiencia singular. Frente a su célebre catedral gótica y junto al río Arlanzón, un edificio del siglo XVI conserva un claustro de piedra que recuerda su pasado. La posibilidad de alojarse en una construcción centenaria, rodeada de monumentos históricos, transforma la estadía en una extensión del recorrido cultural.
Venecia y Palermo: la historia detrás de las fachadas
En Venecia, lejos del movimiento constante de la plaza de San Marcos, el barrio de Cannaregio conserva una atmósfera más tranquila y residencial. Allí se encuentra el histórico Palazzo Rizzo-Patarol, convertido en hotel, con 64 habitaciones inspiradas en la tradición veneciana.
Uno de sus mayores atractivos es su jardín histórico, un espacio poco habitual en una ciudad donde los canales y las construcciones parecen ocupar cada rincón. La propuesta gastronómica se completa con el restaurante Da Lorenzo – Al Giardino Segreto, vinculado a la cocina del chef Paulo Airaudo.
En Sicilia, Palermo permite descubrir otra faceta de la arquitectura aristocrática italiana. Sobre la Via Vittorio Emanuele, el Palazzo Sitano ocupa tres antiguas residencias nobiliarias integradas en un edificio de impronta barroca. Frescos, columnas y arcos originales recuerdan el pasado de una ciudad marcada por el encuentro de diferentes culturas.
Ambos destinos comparten una particularidad: sus edificios históricos no funcionan solamente como escenarios decorativos, sino como parte de la identidad de cada lugar.
Los grandes palacios reales de Europa
No hace falta dormir dentro de un palacio para sentirse cerca de la historia. Algunas ciudades europeas permiten combinar una estadía contemporánea con visitas a residencias reales que marcaron el desarrollo político, artístico y cultural del continente.
En Francia, el Palacio de Versalles sigue siendo uno de los grandes símbolos del absolutismo monárquico europeo. La residencia impulsada por Luis XIV, con sus salones monumentales y jardines, es una de las visitas más representativas de los alrededores de París.
Alojarse en la capital francesa permite combinar ese recorrido con otros puntos de interés, como el Grand Palais, el Petit Palais o los Campos Elíseos. Desde el distrito VIII, donde se encuentra el hotel Paris Ponthieu Champs-Élysées, es posible organizar una excursión a Versalles.
En Viena, el Palacio de Schönbrunn conserva buena parte del imaginario asociado a la dinastía de los Habsburgo. Antigua residencia de verano de la familia imperial, sus salones y jardines permiten acercarse a la vida cortesana y a figuras como la emperatriz Isabel de Austria, popularmente conocida como Sisi.
La capital austríaca suma además una intensa vida cultural, con museos, cafés históricos y edificios que reflejan su pasado imperial.
En Copenhague, el Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real danesa, presenta una arquitectura diferente, organizada alrededor de una plaza monumental. Su ubicación en el centro de la ciudad permite integrarlo fácilmente en un recorrido que también incluye los canales y la arquitectura contemporánea de la capital.
De Ámsterdam a Turín: ciudades que conservan su pasado
En Ámsterdam, el Palacio Real situado en la plaza Dam recuerda la importancia comercial y política que alcanzó la ciudad durante el siglo XVII. En sus alrededores, edificios históricos reconvertidos en hoteles, como el Barbizon Palace, permiten experimentar esa convivencia entre patrimonio y vida urbana.
Turín, por su parte, conserva el legado de la Casa de Saboya, una de las dinastías fundamentales en la historia de Italia. Su Palacio Real forma parte del conjunto de residencias saboyanas reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
A pocos minutos se encuentra Piazza Carlina, donde un edificio histórico del siglo XVII alberga actualmente un hotel. La ubicación permite recorrer a pie buena parte del centro y descubrir una ciudad que combina arquitectura barroca, museos y una reconocida tradición gastronómica.

En España, Aranjuez ofrece una experiencia diferente, marcada por la relación entre arquitectura, jardines y paisaje. Su Palacio Real y el entorno histórico forman parte del Paisaje Cultural de Aranjuez, reconocido por la UNESCO.
Muy cerca del palacio, un edificio vinculado históricamente a Manuel Godoy fue adaptado para recibir huéspedes, manteniendo su relación con el pasado cortesano de la ciudad.
Una manera diferente de descubrir Europa
El interés por alojarse en edificios históricos responde a una forma de viajar que busca algo más que recorrer los atractivos tradicionales de cada destino. La arquitectura, las historias que permanecen detrás de cada fachada y la posibilidad de habitar espacios de otros siglos suman una dimensión cultural a la experiencia.
Desde un antiguo palacio veneciano hasta una residencia señorial española, estos alojamientos proponen una relación más cercana con el patrimonio. Y en ciudades como Viena, París o Copenhague, la cercanía con las grandes residencias reales permite reconstruir parte de la historia europea a través de sus escenarios más emblemáticos.
Porque, a veces, viajar en el tiempo no requiere demasiado: alcanza con atravesar una puerta que lleva siglos abierta.
at redacción Marie Claire
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