La luz del Grand Palais parece quedar atrapada en la ropa: en el brillo de los botones dorados, las transparencias que dejan pasar el cuerpo, las plumas y los destellos metálicos que aparecen sobre siluetas reconocibles, pero nunca completamente quietas. En la colección Primavera-Verano 2027 de Chanel, todo parece suspendido en ese instante en el que algo conocido comienza a transformarse.
Ese movimiento es también conceptual. Matthieu Blazy parte de las diferentes identidades que convivieron en Gabrielle Chanel a lo largo de su vida, desde la joven Gabrielle hasta la mujer que terminaría convirtiéndose en Chanel. No se trata de reconstruir su historia de manera literal, sino de observar cómo esas distintas versiones pueden convivir dentro de una misma mujer. Fédération de la Mode
Hay una delicadeza particular en la manera en que Blazy vuelve a mirar los códigos de la maison. El tweed, las chaquetas, las faldas, las perlas y el negro continúan ahí, pero las superficies parecen haber perdido peso, los tejidos se vuelven más móviles y las prendas encuentran nuevas maneras de separarse del cuerpo, dejando que el aire participe en la construcción de cada silueta.
La libertad aparece simbolizada por los pájaros, especialmente vencejos y golondrinas, que atraviesan la colección convertidos en botones, joyas y bordados. Pero la referencia no queda limitada a lo ornamental: la verdadera idea de vuelo aparece en la construcción de los tejidos y en una búsqueda constante de movimiento y ligereza.
Las transparencias introducen otra dimensión. Diferentes pesos de seda se superponen para crear superficies que evocan el movimiento de las nubes, desde la mañana hasta la hora dorada y la llegada de la noche. El cuerpo aparece y desaparece entre capas, mientras la sensualidad se acerca más a la insinuación que a la exhibición.

También hay una conversación permanente entre lo femenino y lo masculino. La sastrería masculina regresa transformada: chalecos de bordes sin terminar, pantalones y trajes con falda lápiz conviven con vestidos de inspiración años treinta, lentejuelas, tejidos al bies y prendas de punto con cuentas tan livianas que buscan llevarse con la facilidad de una remera.
El pasado aparece, pero nunca como una reconstrucción nostálgica. Se reconocen rastros del corsé eduardiano, líneas de ballenas, peplums, cuellos con volados y formas de antiguos corpiños. Son huellas de otras vidas de la moda, fragmentos de identidades anteriores que Blazy incorpora a prendas pensadas desde el presente.
Y mientras todo parece moverse, el tweed encuentra una nueva vida. Una de las innovaciones de la colección es el “smocked tweed”, una versión elástica, flexible y móvil del tejido más reconocible de Chanel. La técnica lleva al extremo una idea que atraviesa todo el desfile: hacer que aquello que parece rígido pueda liberarse.

Los accesorios siguen la misma lógica. El desfile comienza con Dyanira Hurbuscher llevando un bolso 2.55 de Gabrielle Chanel perteneciente a los archivos de Patrimoine y vuelve sobre esa misma pieza hacia el final. Entre ambos momentos aparecen nuevos flap bags, bolsos inspirados en las nubes y una minaudière en forma de jaula de la que los pájaros parecen haber escapado. Hay algo especialmente potente en ese gesto. La historia está presente, pero no funciona como una jaula. Los símbolos permanecen mientras las formas cambian. El tweed, el traje, el negro, las joyas y las siluetas reconocibles de Chanel pueden atravesar distintas épocas precisamente porque nunca permanecen completamente inmóviles.
Blazy continúa así escribiendo su Chanel desde una tensión cada vez más interesante: preservar una identidad sin convertirla en una fórmula. La tradición funciona como punto de partida y no como destino.
La Primavera-Verano 2027 termina dejando la imagen de una casa que abre sus propias ventanas. Entran el aire, la luz y el movimiento. Y aparece también una idea que atraviesa toda la colección: transformarse no necesariamente implica dejar atrás aquello que fuimos. A veces, es justamente esa suma de versiones la que permite seguir avanzando.

Como sintetizó el propio Blazy al presentar la colección, cada paso de Gabrielle Chanel terminó conduciéndola hacia la libertad, “como un pájaro”.
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