Estaba ese apodo, Kaiser Karl, con su inevitable referencia al rigor teutón. Y también los eternos anteojos de sol, la disciplina con la que de un día para el otro recuperó una silueta envidiable, los accesorios de rockstar. Honestamente, Karl Lagerfeld no evocaba precisamente una idea de ternura o romanticismo. Por eso, visitar en Roma la muestra C’était bien puede dar ganas de llorar de sorpresa al descubrirlo en una versión completamente distinta, melancólica. Ese tipo de sorpresa que devuelve la fe en los sentimientos humanos y en el amor, porque eso es lo que aparece al recorrer con la mirada las cientos de cartas y faxes que Lagerfeld le enviaba a Armelle de Bascher, la madre de su gran amor, Jacques de Bascher. Lo hizo durante veinticinco largos años, desde la muerte de él en 1989, con un único objetivo: mantenerlo vivo de alguna manera.
Emilie Grangié es la sobrina de Jacques de Bascher; su mamá era la hermana de él, mientras que la destinataria de las cartas, madame Armelle, era su abuela. En Spazio Opis, en Via Ferdinando di Savoia 2, a pasos de Piazza del Popolo, es posible verla recorriendo las vitrinas de la muestra curada por Clara Tosi Pamphili. El visitante desprevenido no sabe que esa mujer rubia comparte mucho ADN con el silencioso protagonista de la exposición: un hombre culto, refinado, de enorme encanto y gran gusto, que antes de Karl Lagerfeld también fue venerado por Yves Saint Laurent, y al que el HIV le arrebató la vida a los 39 años.
Karl Lagerfeld le escribía a la madre de Jacques de Bascher una o dos veces por día, incluso por fax, hasta la muerte de ella en 2015. Y en cada mensaje aparecía el nombre del fallecido acompañado por un recuerdo, una nostalgia, un “si estuviera acá diría esto” o “se sintió mucho su ausencia en el desfile”. De vez en cuando, Lagerfeld calculaba la edad que Jacques tendría en un cumpleaños póstumo y coincidía con su madre en que personas como él no estaban hechas para superar los 50 años, retomando esa vieja idea —tan triste como consoladora— de que quienes son amados por los dioses mueren jóvenes.
Jacques de Bascher junto a su madre Armelle
“Mi abuela no pertenecía al mundo de la moda, era completamente ajena a ese ambiente. Vivía en un castillo en el campo, trabajaba en la producción de vinos y, a veces, Lagerfeld iba a visitarla y hasta hacía de secretario: reorganizaba los planes comerciales y corregía los borradores de las publicidades en alemán”, cuenta madame Grangié mientras muestra los conmovedores apuntes escritos a mano por el diseñador, fallecido en 2019. “Pero la abuela Armelle era la única persona con la que Karl podía recordar a Jacquo —como lo llamaban en familia— sabiendo que eso también la hacía feliz”.
Cuando Emilie Grangié visitaba a su abuela, a veces ella le decía: “Bueno, vamos a leer las cartas”, y desparramaba todas esas misivas sobre la cama. Después de la muerte de Armelle de Bascher, Emilie las heredó y se las entregó a Richard Mogni, amigo íntimo y compañero de universidad, con la idea de convertirlas en un libro que pronto se publicará en Francia. Hoy Mogni es además el creador de la muestra romana y el narrador oficial de esta historia, con la sensibilidad y la empatía necesarias para contarla, también porque —igual que Lagerfeld— perdió prematuramente a su pareja.
Jacques de Bascher y Karl Lagerfeld
“Alguien como Karl Lagerfeld podría haber tenido a cualquiera”, explica Richard Mogni. “Pero no podría haber amado a cualquiera. Jacques conocía la literatura, amaba el arte. Pero para la relación entre ellos hubo un factor histórico muy importante. Lagerfeld llegó a Francia en un momento en que los alemanes no eran precisamente populares después de la Segunda Guerra Mundial. Al principio, en París, decía que era sueco. Jacques lo ayudó a reconciliarse con sus orígenes y a recuperar su identidad; hizo que se sintiera como un árbol trasplantado”.
Jacques de Bascher estaba presente en todos los desfiles de Lagerfeld. Cuando dejó de estar, el diseñador decía que durante los shows se había sentido “solo”. “Jacques lo ayudaba a sentirse fuerte”, agrega Mogni.
Una muestra que construye un retrato íntimo y profundamente conmovedor de uno de los nombres más importantes de la moda. Pero, sobre todo, que revela cuánto dolor sintió Karl Lagerfeld cuando la vida le arrebató a alguien irremplazable. Y que, por primera vez, nos permite verlo como uno más de nosotros, sin miedo a cometer lesa majestad —o incluso blasfemia— al imaginarlo vulnerable.
Este artículo se publicó originalmente en MC Italia.
at redacción Marie Claire
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