sábado 12 de junio de 2021

CULTURA | 08-05-2020 17:14

Yo soy Betty, la fea: un cómico retrato de la moda     

Cada uno de los 338 capítulos que incluye la telenovela colombiana que se estrenó en 1999 refleja muchas situaciones que ocurren en la industria fashionista.

A fines de la década de 90, la producción creada por RCN Televisión y escrita por Fernando Gaitán, lanzó a la fama la actriz Ana María Orozco - que actualmente vive en Argentina, después de participar en éxitos nacionales como Somos Familia y Mi Problema Con Las Mujeres.

Yo soy Betty, la fea fue exhibida en 180 países alrededor del mundo, doblada a decenas de idiomas y adaptada a más de 20 regiones (con su propio storyline basado en el contexto socio-cultural de cada nación) 

Para refrescar tu memoria, la telenovela cuenta la historia de Betty, una chica muy inteligente y extremadamente acomplejada con su aspecto físico, lo que hace que todos a su alrededor la vean como la fea.

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Después de concluir con honores sus estudios, Betty se lanza al mercado de trabajo y consigue su primera oportunidad en la empresa Ecomoda, la numero uno en indumentaria del país – poniendo a nuestra protagonista en la cuna de la vanidad.

Sin dudas, un hit que sacaba de encima un velo místico que tenía el mundo de la moda, abriendo una puerta para el ojo de los curiosos. La novela muestra de manera muy cómica a diferentes personalidades de la moda, que generalmente no tienen protagonismos.

Acá, vamos a desglosar a tres personajes principales de la trama y buscar un sentido más profundo en el significado de su representación.

Betty

Yo soy Betty, la fea
Betty: la protagonista

El personaje principal es nuestra anti-heroína: el opuesto de una protagonista tradicional de telenovela (que muchas veces es pobre, pero con una belleza exuberante)  

Betty hace el doble de esfuerzo que cualquiera para probar su valor en la empresa. Usando la inteligencia y un profesionalismo inigualable, siempre se burla de sí misma al ver modelos que vienen a castings, tirando el pelo y posando para cámaras.

Ella debe enfrentar constantemente las cargadas de sus superiores y no ceder a las tentaciones cuando la intentan manipular; es fiel a sus valores y su ética es lo que la guía en el recorrer de la trama.

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Cuando Don Armando (el galán) arma un plan para enamorarla y obtener la empresa que estaba a nombre de Betty – lo que la deja simplemente destrozada – la asistente de presidencia jamás piensa en venganza, o hacer el mal a quienes la hirieron.

El turning point para ella es cuando se libera del ambiente tóxico del que formaba parte, y algo muy curioso que sucede es que su cambio de look no viene para llamar la atención de un hombre que le rompió el corazón. ¡Viene porque ella misma está cansada de la persona que está acostumbrada a ser!

El cambio de Betty y quizás toda la moral de la historia es que la belleza es subjetiva y viene desde adentro. A partir del momento en que una se ve bonita con sus propios ojos, los que están a su alrededor van a mirar de la misma manera.

Marce: la tóxica

Yo soy Betty, la fea
Marcela Valencia

Marcela Valencia es presentada como la boss woman que lo tiene todo: es accionista principal de la empresa, está a punto de casarse con el galán, tiene un departamento increíble y es dueña de una belleza impactante.

Es, sin dudas, una mujer de poder y no es la villana de la historia, ya que es siempre muy empática con los empleados – con excepción de Betty. A quien le hace la vida imposible para hacer de su jornada laboral una tortura psicológica; lo que le juega en contra es que ella es su propia enemiga.

Marce es el tipo de persona que siempre tuvo todo – la empresa y su patrimonio le fue heredado, además de casarse con el hombre de sus sueños, una vez que él era el presidente y ella la empresaria de Ecomoda.

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Todo en su vida fue muy fácil, sin un esfuerzo significativo para lograrlo lo que hacer que su poder tenga una raíz superficial. A pesar de su alto cargo en la compañía, todo lo que le parece preocupar es el bienestar de su hombre – de manera sumisa, dejando sus propias ambiciones de lado para complacer a su novio.

Después de muchas peleas por motivos de infidelidad, finalmente se da cuenta de que está perdiendo a Don Armando y enfoca toda su energía en pelear por su amor, aunque no sea reciproco.

Siempre indaga a otras personas porque no confía en nadie y sospecha que están tramando algo en su contra. Por eso se pone a sí misma en situaciones ridículas para encontrar alguna prueba de que sus suposiciones son correctas. Marce es la prueba de que aún teniendo todo, no tenés nada si no tenés respeto propio.

Patri: la superficial

Yo soy Betty, la fea
Patricia Fernández

Patrícia Fernández es, dentro de todas, mi favorita – quizás porque conozco más de una persona en la industria moda igual a ella. La “peliteñida” es la femme fatale de la empresa: consigue todo lo que quiere con su poder de seducción.

Es dueña de un pelo rubio-oro, ojos azules, una estructura facial armónica y fuerte y un par de piernas esculturales, que les acompañan con todos los estilos de micro faldas.

Es un arma ambulante, y ella lo sabe. No es por poco que la actriz Lorna Cepeda fue nominada a distintas ternas como Mejor Actriz de Reparto (llevándose para a casa un buen par de trofeos); Pati robó escena y ganó el corazón de muchos admiradores.

El personaje es presentado en el mismo momento que Betty – disputando por el mismo cargo de trabajo. Mientras Betty tiene un resumé lleno de referencias y mayor habilidad en idiomas, Pati no presenta nada más que un par de semestres en la facultad de finanzas, y… bueno, la belleza.

Al final, las dos consiguen el puesto. Pati representa la típica daddy’s girl, que elige la moda por pensar que es una carrera fácil, llena de glamour. Su pecado es la arrogancia, que no la permite ver realmente la situación que está y hacer algo a respeto.

20 años después, “Betty, La Fea” ha envejecido de muy buena manera, tratando temas muy actuales como la representación de la cultura, la diversidad de género en el ambiente de trabajo y  el poder femenino, sin la necesidad de la sexualización. Está disponible en Netflix, así como su más nueva adaptación americana “Betty in New York”, lanzada el último año.

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