domingo 26 de septiembre de 2021

SOCIEDAD | 17-08-2021 19:00

Conocé Sumá Nativas, un proyecto de reforestación nacido de las cenizas en Potrerillos, Mendoza

Tras los graves incendios de 2019 en esa importante zona andina, un grupo de mujeres científicas se unió para recuperar, tierra y semillas en mano, su ecosistema natural. Sobre ese plan, su gestación e impacto hablamos con ellas.

Nacieron bajo el signo del fuego. No el de Aries, Tauro ni Sagitario sino uno mucho más terrenal, concreto y abrasador: el de los incendios que asediaron la localidad de Potrerillos, en Luján de Cuyo, Mendoza, en julio de 2019.

Provocado por la acción -y negligencia- humana (los festejos y asados con motivo del Día del Amigo) y potenciado por fenómenos naturales (sequías y un zonda muy poderoso), aquel incendio que arrasó con decenas de casas y más de ocho mil hectáreas de monte y vegetación natural terminó plantando una semilla inesperada: Sumá Nativas.

Que nació por la suma de muchas voluntades y de esa sinergia que ocurre cuando se logran juntar organizaciones públicas, privadas y comunitarias en pos de un objetivo común: la restauración ecológica de una zona clave -la cuenca alta del río Mendoza-, para la provisión de agua de toda el área oeste de la provincia.

Proyecto Sumá Nativas
El proyecto (apoyado por cervecería Quilmes) culminará con la construcción de un vivero comunitario.

Manos a la obra

Y así se juntaron la ONG internacional The Nature Conservancy, la cervecería y maltería Quilimes (con su iniciativa Conservar Agua, que se concentra en la protección de las cuencas hídricas y en garantizar la eficiencia del y el acceso al agua.), el Centro Científico Tecnológico CONICET Mendoza, la Fundación Cricyt (a cargo de la administración de los fondos), los gobiernos locales y provinciales y muchas manos y ayudas voluntarias.

El proyecto, que además tiene un interesante enfoque de perspectiva de género, está liderado por dos científicas (y amigas): Clara Pissolito, doctora en Ciencias Biológicas con Orientación en Ecología y Emilia Fernández, ingeniera en Recursos Naturales y doctora en Biología.

“Hacía tiempo que veníamos hablando en el ámbito de las becarias del Conicet de la necesidad de un proyecto de conservación natural para esta zona. Los incendios terminaron de definir el dónde y el cuándo”, comenta Clara, que es mendocina “por adopción”, ya que nació en la Capital y se crio en la Patagonia.

“Del barrio porteño de Palermo recuerdo muy poco, lo que más me quedó es el ruido del tránsito que hasta el día de hoy funciona en mi cabeza como una especie de canción de cuna. Escucho autos y bocinas y me duermo”, comenta divertida.

“Para nosotras no hay nada como poner las manos en la tierra. Desmalezar, recolectar, regar, sembrar… Fueron sin duda los momentos más placenteros”


El equipo, formado por una veintena de profesionales y estudiantes de disciplinas como Ecología, Geografía, Botánica y Geología, arrancó trabajar a fines de 2019 y a pesar de la pandemia de Covid-19 logró en muy poco tiempo sentar las bases de esa restauración.

Que requería además varias etapas, desde los primeros estudios sobre el terreno a la recolección de semillas de especie nativas (instancia clave) y la subsiguiente producción de plantines.

“Para nosotras no hay nada como poner las manos en la tierra y poder salir un rato de los Zooms y computadoras para compartir con ese grupo de becarios y científicos las tareas manuales fue algo maravilloso. Desmalezar, recolectar, regar, sembrar… Fueron sin duda los momentos más placenteros”, relata Emilia, que sí impregna con tonada mendocina cada una de sus palabras y que enseguida se entusiasma con lo que vendrá: la revegetación de las zonas afectadas de la mano de esa producción de plantines y de la ayuda de una comunidad local que estuvo presente desde el vamos.

Proyecto Sumá Nativas
La recolección de semillas fue una de las primeras tareas. Sin ellas, no hay revegetación posible.

La unión hace la fuerza

Sí, los lazos con los lugareños de Las Vegas, Los Zorzales y El Salto (entre otras muchas comunidades) se tendieron y fortalecieron desde el origen del proyecto.

Con talleres y encuentros (que fomentaron un aprendizaje integral y en ambas direcciones) y también con una constante colaboración en cada una de las tareas. “Nos pareció importante armar un proyecto de restauración que tuviese impacto en lo ambiental y ecológico, pero también en lo social”, resume Emilia.

Tania Bilbao, ex compañera de estudios de Clara y Emilia y especializada además en educación ambiental fue quien coordinó gran parte de esas instancias.

Proyecto Sumá Nativas
El proyecto se nutrió y agigantó con la activa participación de las comunidades locales.

“En febrero de 2020 comenzamos con los primeros encuentros en los que pudimos corroborar el firme interés de estas comunidades por el cuidado de sus recursos naturales. Sin ir más lejos fue la propia movilización de los vecinos la que logró en 2011 la declaración de Área Municipal Protegida para Potrerillos”, relata.

Y ese compromiso conjunto entre Sumá Nativas y la comunidad se coronará este año con la construcción (ya en etapa de obra) de un vivero comunitario, donde se producirán muchas de las especies necesarias para el equilibrio ambiental de la zona.

“Nos pareció importante armar un proyecto de restauración que tuviese impacto en lo ambiental y ecológico, pero también en lo social”


Que suele sufrir, y mucho, por la mano del hombre, ya sea por el desmonte y la explotación de recursos como por el turismo irresponsable (o descuidado) e incluso por la introducción de especies exóticas.

“Uno de los ejes del proyecto es justamente trabajar en el control de exóticas que incluso pueden haber visto favorecidas por los incendios. La principal preocupación en esta zona es la rosa mosqueta, que forma densos matorrales espinosos de hasta 2,5 metros de altura, volviendo inaccesibles a muchos márgenes de los cursos de agua. La idea del proyecto es hacer limpieza de esta especie en algunos de esos sectores, plantando nativas en su lugar”, cuenta Clara.

El algarrobo, el calafatillo, la leña amarrilla, la melosa, el coirón son alguno de los nombres “comunes” de esas especies nativas. “Si bien nosotras solemos usar los nombres científicos, sabemos la enorme importancia de esos nombres cotidianos que acercan y otorgan identidad a un lugar”, comenta Tania. ¿Un ejemplo cercano? La leña amarrilla, que terminó bautizando nada menos que al emblemático resort de ski de la provincia, Las Leñas.

Proyecto Sumá Nativas
Sumá Nativas, un proyecto multidisciplinario, multisectorial y con perspectiva de género.

Una semilla que crece

Por ahora, los más de 3500 plantines producidos esperan en el vivero del Conicet en la ciudad de Mendoza. En breve serán traslados al nuevo vivero comunitario y finalmente gran parte de ellos serán sembrados a lo largo y a lo ancho de las zonas más afectadas por los incendios.

“Si bien en la formalidad el proyecto terminará en diciembre, todas sentimos que allí no termina nada, que esa siembra marcará un final simbólico y a la vez el comienzo de otra etapa, ya que allí en ese vivero se producirán, a manos de pobladores locales, las próximas tandas de plantas nativas. Saber que fuimos parte de todo eso a través de un proyecto multidisciplinario, multisectorial y con perspectiva de género es algo que nos enorgullece muchísimo”, comenta Tania y acto seguido concluye:

“La creación de conciencia ecológica es un proceso largo, casi infinito. Va de generación en generación y nunca llega a un techo y por tanto lo mejor que te puede pasar es generar un hito, un punto de referencia desde donde se pueda multiplicar, expandir y desparramar esa sensibilidad ambiental. Creo que en Potrerillos estamos plantando esa semilla”.

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