sábado 6 de marzo de 2021

SOCIEDAD | 09-02-2021 17:48

Inteligencia erótica: hacia una nueva, y más rica, cultura sexual

En esta columna, la psicóloga y sexóloga clínica Andrea Orlandini nos explica cómo esta nueva era está reconfigurando las relaciones afectivas y sexuales.

Enriquecer nuestra cultura sexual es un alimento espiritual e intelectual para nuestro ser en el mundo y en comunidad mucho más valioso y necesario de lo que muchas veces creemos.

No voy a entrar en estas líneas a contar las bondades que el sexo puede tener para la piel, o decirles -aunque es así- que la actividad sexual es tan rendidora como cualquier ejercicio aeróbico.

Quiero aprovechar para decirles que debemos hacerlo primero porque podemos pero también porque tenemos una gran oportunidad.

En tiempos donde la tecnología y las leyes vienen acompañando una tendencia hacia la amplitud de derechos, a una mayor colaboración e inclusión de las diversidades, se vuelve oportuno enriquecer nuestra inteligencia erótica.

En esta dirección, para muchos hoy el futuro está en el pasado. Necesitamos parar la pelota y desacelerar algunos comportamientos que se fueron desarrollando a la luz de la sociedad de consumo, regida por una cultura del descarte y de búsqueda de la satisfacción inmediata y a como dé lugar.

Hoy estamos frente a un escenario complejo que requiere desarrollar nuevas capacidades pero que al mismo tiempo se manifiesta como propicio para la creatividad.

Así nos lo demuestran las nuevas generaciones que comienzan a ser parte del universo adulto con una mentalidad más predispuesta a pensar en el otro y a la acción colaborativa como el camino para lograr un mundo mejor.

Una comunidad que está más atravesada por la sensibilidad y que considera que puede ser artífice y protagonista de los cambios.

Es interesante pensar en lo que algunos especialistas están definiendo como sociedad gamer. Para esta comunidad la evolución y el progreso dejan de ser lineales. Se construye y reconstruye, y se retrocede si es necesario para volver a aprender, construir y deconstruir.

Una comunidad que valora más la experiencia (viajar, compartir, cuidar, alquilar) que la propiedad de las cosas (comprar una vivienda propia, un auto o un trabajo estable).

En este contexto, ¿qué pasa con la sexualidad? ¿Somos incultos sexuales? ¿Tenemos las herramientas para vivir nuestra sexualidad sin prejuicios? Si la colaboración es la premisa de los nuevos vínculos emprendedores, por ejemplo, ¿por qué no trasladarla al plano del amor y del sexo?

Si el gamer valora la experiencia, volvamos a darle sentido al encuentro con los demás. Valga también la alegoría para animarnos a jugar, a recrear las reglas que configuran nuestros espacios para compartir.

En la mayoría de los casos, y por la experiencia del consultorio, lo que suelo observar es que no tenemos las herramientas y los conocimientos para hacerlo. No tenemos las lecturas y conversaciones, o los suficientes debates encima como para eliminar definitivamente aquellos prejuicios y estereotipos que nos limitan la vida sexual.

La cultura sexual está dada por esa posibilidad de desarrollar la inteligencia erótica y sexual, dada como la posibilidad que tiene nuestro ser de implementar de manera creativa la posibilidad de conectarse con su propio cuerpo. Y poder transmitírselo a nuestras personas favoritas.

De lo que hablo es de poder vivir con mayor libertad. Comencemos por considerar que la sexualidad es un recurso y un área de la vida que es digna de ser explorada, y de ser desarrollada.

Luego, avancemos en el deseo de seguir curioseando y ampliando esta suerte de mirada panorámica en muchos sentidos: el cine, la literatura, pueden ayudar, y el desarrollo de pasiones y placeres más mundanos.

Esa empatía y solidaridad sexual tiene que ver con amigarnos con la sexualidad, con la nuestra y con la de los demás. Desde esta perspectiva, las personas incultas sexuales son las que siguen enraizadas en sus propios prejuicios y no se dan el permiso de hacerse nuevas preguntas.

En cambio, una culta es la que se permite cuestionar, deconstruirse y querer saber más acerca de lo que es la vida erótica, que va mucho más allá de tener sexo.

Lejos de trabajar sobre la patologización de la vida sexual, cuando ya llegamos a un punto que no nos permite ejercitar plenamente nuestras libertades y vínculos, elijo promover instrumentos que nos permitan prevenir y superar las dificultades, poniendo en el centro el reconocimiento de nuestra vida sexual.

Si nos amigamos con la sexualidad, si somos amigos del erotismo, vamos a poder conocernos mejor, eliminando prejuicios y aprendiendo también de los demás.

 

*Andrea Orlandini es psicóloga, sexóloga clínica y educadora sexual.

at Andrea Orlandini*

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