Las banderas multicolores, los abrazos, los besos, la música y los cuerpos que se expresan libremente volvieron a transformar las calles de Buenos Aires. Pero detrás de cada imagen de la 35ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+, realizada el sábado 7 de noviembre, hubo mucho más que una celebración. Este año, la convocatoria estuvo atravesada por una urgencia particular: salir a las calles para defender derechos que durante décadas costó conquistar y que hoy vuelven a ser objeto de cuestionamientos.
Bajo la consigna “Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia”, miles de personas se movilizaron hacia el Congreso de la Nación para reivindicar la diversidad, denunciar la discriminación y reclamar políticas públicas que garanticen la igualdad.
Porque el Orgullo siempre fue una celebración, pero también una manifestación política. Y en un presente atravesado por la polarización, los discursos discriminatorios y la violencia contra las identidades disidentes, marchar se convirtió, una vez más, en una necesidad colectiva.

Por qué la Marcha del Orgullo 2026 tuvo una importancia especial
A pocos días de la movilización, un ataque grupal contra mujeres trans en los Bosques de Palermo volvió a exponer una de las realidades más preocupantes que atraviesa la comunidad LGBTIQ+ en la Argentina.
Las víctimas fueron perseguidas y agredidas por un grupo de jóvenes que filmó los hechos y difundió las imágenes en las redes sociales. El episodio generó un fuerte repudio y dio lugar a una investigación judicial por presuntas lesiones agravadas por odio a la identidad de género.
La violencia no empieza necesariamente con una agresión física. También se construye a través de discursos que deshumanizan, de prejuicios que se naturalizan y de narrativas que convierten a determinadas identidades en blancos de hostilidad.

En ese contexto, las organizaciones de la diversidad vienen advirtiendo sobre el debilitamiento de políticas públicas, el cierre de organismos destinados a combatir la discriminación y las dificultades que enfrentan especialmente las personas travestis y trans para acceder al trabajo, la salud y condiciones de vida dignas.
Los datos también resultan alarmantes. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, durante 2025 se registraron 227 casos, un 62% más que el año anterior. Los registros preliminares difundidos para 2026 ya contabilizan 263 casos.
Estas cifras evidencian por qué la visibilidad, la protección de derechos y el rechazo a la violencia siguen siendo reclamos fundamentales.

Una marcha para celebrar, resistir y defender derechos
La movilización también estuvo marcada por demandas concretas, como la aprobación de una Ley Integral Trans, una nueva legislación antidiscriminatoria y el proyecto Reconocer es Reparar, que busca establecer una reparación histórica para personas travestis y trans adultas mayores que sufrieron persecución y violencia institucional.
Son reclamos que recuerdan que la igualdad legal, aunque fundamental, no siempre garantiza una igualdad real en la vida cotidiana.
La Argentina fue pionera en la región con la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010 y la Ley de Identidad de Género en 2012. Sin embargo, los derechos conquistados necesitan políticas que permitan ejercerlos y una sociedad comprometida con su defensa.

En este escenario, la Marcha del Orgullo volvió a demostrar que la diversidad no puede reducirse a una consigna ni a una fecha en el calendario.

Las mejores fotos de la Marcha del Orgullo 2026
Las imágenes de esta nueva edición retratan la multiplicidad de identidades, generaciones e historias que forman parte de la comunidad LGBTIQ+.
Hubo familias, parejas, activistas, artistas y miles de personas que encontraron en el espacio público un lugar para expresarse, celebrar y reclamar. Los colores, los carteles y las intervenciones artísticas convivieron con mensajes de denuncia y reivindicación.
Cada fotografía es también una forma de memoria colectiva. Un registro de los cuerpos que ocuparon las calles, de las voces que se hicieron escuchar y de una comunidad que, frente a la violencia y la discriminación, volvió a responder con organización y visibilidad.
Porque el Orgullo no es solamente una celebración de las diferencias. Es, sobre todo, la reivindicación del derecho a existir, amar y vivir libremente, sin miedo.
Y quizás ese sea el mensaje más importante que dejó esta nueva Marcha del Orgullo: en tiempos en los que los discursos de odio ganan espacio, la libertad de ser no puede darse por sentada.
at redacción Marie Claire
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