martes 20 de abril de 2021

SOCIEDAD | 11-01-2021 16:39

Desde adentro: Cómo son las fiestas -legales- en pandemia

El viernes pasado, en medio de las versiones de un toque de queda nocturno en la ciudad, El club de la Serpiente celebró una edición muy especial en el Hipódromo de Palermo. Estuvimos allí y te contamos todos los detalles.

El Club de la Serpiente es una fiesta que en marzo cumple 4 años y se ganó su público gracias a su música especializada en los 80, llena de disco, funk y soul. Con protocolos había logrado finalizar un 2020 para no olvidar en Museum, con un 25 por ciento del aforo permitido.

Pero las ganas de hacer una fiesta aún más grande para arrancar el 2021 se cumplió el sábado 9 y en una locación muy especial: el Hipódromo de Palermo.

“Son tiempos de mucha incertidumbre para la actividad. Hasta el día anterior a la fiesta no sabíamos en qué horario la íbamos a hacer y eso generó mucha confusión en el público”, contó a Marie Claire Mariano Hargain, uno de los productores de El Club de la Serpiente.

Claro, se trató de una jornada muy intensa, repleta de rumores de un posible toque de queda nocturno en la ciudad que finalmente mutó en la prohibición de actividades culturales y de entretenimiento de 1 a 6 de la mañana.

 

Casi una matiné

Por redes sociales la fiesta anunció que no se cancelaba sino que se llevaba a cabo de 20 a 1, casi como una matiné (su horario original era de 23 a 4). Las entradas se compraban de a packs: 2 personas por 2200 pesos, 3 personas por 3300, 4 personas por 4200 y el pack de 6 personas por 6000 pesos.

Para las 19:30 la fila para ingresar al Hipódromo ya comenzaba a llenarse, la edad de los concurrentes era variada y los looks estilo ochentas también.

El ingreso fue puntual y la sensación de libertad caminando por el pasto prolijo (apto para tacos), por un momento, aliviaba el alma de cada amante de la noche.

Un gran escenario era el centro de la fiesta, los espacios tenían sillones cómodos y estaban separados por corrales. Los pasillos eran amplios para cualquier tipo de emergencia.

Los precios de las entradas, explican sus organizadores, están relacionados al despliegue de una fiesta así en plena pandemia: no sólo había una ambientación y operativo integral, sino también camareros que podían llevar la bebida y la comida hacia tu lugar sin tener que moverte del corral. Era optativo, pero el servicio estaba.

El menú no era apto para cualquier bolsillo. Comer una hamburguesa simple con papas fritas valía 600 pesos, una lata de cerveza 400 y el bendito Campari 600 pesos. El punto a favor era que todo era de entrega inmediata.

Los baños eran químicos y había una persona que se encargaba de tener papel higiénico en abundancia (lo que antes era casi siempre un problema) y alcohol en gel para la entrada y salida del mismo.

Con respecto a la fiesta ocurrió algo original, había cámaras en el escenario que proyectaban al público en las pantallas, los concurrentes se volvieron protagonistas absolutos de la noche al punto de que en algunos momentos dejaban subir a los más destacados para que sigan brillando…siempre con distancia.

 

Homenaje a Bowie

El Club de la Serpiente tenía una sorpresa coincidiendo con el recuerdo del fallecimiento de David Bowie hace cinco años y se encargó de reunir a un equipo de músicos profesionales para el gran tributo que sólo tuvo dos ensayos: Mariano Vega (voz); Fernando Caram (teclados); Agustin Fares (guitarra); Jeremías Segall (batería); Eline Janssens (saxo y coros) Cinthia Allegra (coros) y Leonardo Introini (bajo y coros).

“Los convocamos puntualmente para esa fecha con la ayuda de Mariano Pfeiffer en la co-producción. Es una manera de trabajar que ya se nos va haciendo costumbre y que nos permite armar estos shows especiales”, declaró Hargain.

Vega, quien interpretó a Bowie nos contó: “¡Fue adrenalínico! Hace mucho que no tocaba en vivo porque me fui a vivir a Cañuelas hace varios años y fui a CABA especialmente para el show. Se sentía la energía de todos en la banda, de haber estado guardados tanto tiempo. Mi preparación fue particular porque soy baterista en realidad, pero gran parte de mi trabajo es imitar voces para pistas de karaoke. No había escuchado mucho a David en mi vida y al tener que estudiar para estos temas me absorbió por completo en un agujero negro, lo investigué a fondo y descubrí que lo amaba fuerte”.

 

Diversión con protocolos

Durante toda la noche hubo mucha seguridad en cada punto que se encargaba de que nada se desmadre en la fiesta. Lo que era antes subirse arriba de un sillón a bailar…ya no existe para el recuerdo del día siguiente, ni tampoco merodear por los pasillos, por estricta orden de que los espacios tenían que estar liberados.

Incluso, como suele pasar en cualquier fiesta, siempre hay alguien que se toma unos tragos de más y termina descompuesto, también había contención para ellos.

A pesar de los altos costos, que se justifican por su tremendo despliegue, vale la pena darse el gusto en momentos tan difíciles en donde poder salir es un lujo de por sí y también pensar que en este tipo de eventos se le da trabajo a muchas personas que están en inactividad hace muchos meses.

El Club de la Serpiente demostró prolijidad, profesionalidad y sobre todo cuidado entre todos, pero sabemos muy bien que también la responsabilidad del cuidado es 100 por ciento personal. La diversión fue explícita y todos se preguntarán cómo va a ser la próxima fiesta, si la pandemia lo permite...

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