domingo 26 de enero de 2020

PERSONAJES | Hace 2 semanas

Cala Zavaleta, a la conquista de España

Se crió en un mundo de campo y polo pero prefirió seguir su pasión por la actuación. Tras haberlo soñado varias veces, este mes se mudará finalmente a Madrid. Sobre viajes, feminismo, relaciones tóxicas, duelos y alegrías se compone la charla con esta actriz itinerante.

Ella misma se ríe de su look y de las asociaciones que despierta: “Algunos me dicen que doy francesa, otros me asocian a lo centroamericano y muchos me preguntan si en realidad no soy brasileña”, cuenta con su sensual sonrisa y ese marco distintivo formado por unos rulos tan relajados y cool como rebeldes. ¿Como ella misma? 

Algo así, ya que aunque tarde en revelarlo por completo, termina siendo indudable que en su espíritu conviven todas esas cualidades con envidiable armonía y desparpajo.

Criada en un ambiente campestre, en el seno de una de las familias más ilustres y conocidas del polo nacional, Cala (28) creció sin televisión, cines ni teatros a mano, pero aún así confiesa que desde muy chica tuvo una notable inclinación por el arte dramático. “Seguramente gracias a mi mamá Alicia (Goñi), que era artista plástica”, cuenta.

Compartió colegio con Laura Laprida, con quien comparte además varios familiares (María Emilia, una de las Trillizas de Oro, está casada con su tío Clemente Zavaleta) y ahora también la profesión.

Con su vocación muy clara, decidió formarse en la Universidad Nacional de la artes (UNA), de donde salió, tras seis años de estudio, con una licenciatura en Artes Dramáticas bajo el brazo y muchas ganas de empezar a recorrer sets de grabación y escenarios.

Hizo teatro, sí, y su oportunidad masiva llegó con Amar Después de Amar (ADDA), la novela de Telefé que se convirtió en 2017 en todo un suceso de rating (y terminó vendiéndose a países como México, España, Portugal y El Líbano).

Allí fue Cynthia, la hermana pueblerina de Raquel (Isabel Macedo), un papel que le dio sus primeros encuentros con “la fama” y le permitió dejar atrás una serie de trabajos eventuales y no del todo gratos, como cuando debió soportar las altas temperaturas de Río de Janeiro debajo del traje de Cauê, la mascota oficial de los Juegos Panamericanos que se celebraron en esa ciudad.

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“Esa semana encima hubo una tremenda ola de calor en río y yo sentía que estaba todo el tiempo adentro de un sauna, no me lo olvido más”, cuenta entre risas.

Cala Zavaleta

Este año, ya separada de Dante Spinetta, y tras algunos trabajos salteados en teatro y televisión, decidió apostar a full por nuevos horizontes.

“En 2019 estuve viajando bastante, sobre todo entre España y Francia y ahora siento que llegó el momento de instalarme allá. Elegí Madrid porque es la ciudad en la que más planté semillas, incluso tengo representante allá, pero estoy abierta a cualquier cosa que pueda suceder”, afirma.

-¿Siempre tuviste el sueño trabajar y vivir en el exterior?

-No diría que siempre, digamos que el bichito me empezó a picar hace unos dos años más o menos, ahí hice el primer intento y me fui a París. Estuve unos dos meses, pero me volví porque acá surgieron varios temas, entre trabajo y familia.

Y el deseo quedó un poco latente. lo que descubrí ahora es que cuando decidís llevarlo a cabo de manera bien concreta se mueven muchas cosas. No sólo a nivel organizativo (tu casa, tu rutina) sino, y principalmente, a nivel emocional. Siempre sentí que iba a ser más fácil decir: “me voy” y ahora me di cuenta que no es tan así y que el desarraigo realmente atemoriza.

-¿Qué es lo que más te cuesta soltar?

-(Piensa) La ciudad. Me encanta Buenos aires, ya llevo varios años viviendo acá y estoy tremendamente aporteñada.

-Vos te criaste en General Rodríguez, ¿verdad?

-Sí, en un ambiente muy agreste. La verdad es que estoy súper agradecida de la infancia que tuve. No sólo porque fue muy feliz sino porque también me forjó, me fortaleció. Hay algo de la naturaleza que te enseña a adaptarte, a soltar los miedos y a mandarte. Yo vivía en pelotas, en patas, andando a caballo todo el día o dándole de comer a las gallinas…

Mi hermano Juan Gris es un poquito mayor que yo pero siempre fuimos muy cercanos, muy compinches en todo ese universo.

Cala Zavaleta

-Él también juega al polo, como tu papá. ¿Nunca te tentó a vos ese mundo?

-No. Viajé muchísimo gracias al polo, y esa es otra de las cosas que agradezco de mi infancia, pero hasta ahí llega mi amor con ese deporte. Es un ambiente que aunque te abre muchas puertas, termina siendo un poco endogámico.

Yo sentía que me quedaba chico ese mundo y que necesitaba expandirme… En muchos sentidos posibles. Viajar te expande de una manera única. Y te ayuda a desarrollar el don de la adaptación. Mi psicóloga siempre me decía que yo era una sobreadaptada, aunque ahora que lo pienso no sé si lo decía como algo positivo… (ríe).

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-¿Cortarás la terapia ahora que te vas o seguirás vía Skype?

-En realidad hace un tiempo que no estoy yendo regularmente. La contacté un par de veces por temas puntuales pero la rutina de ir todas las semanas ya la abandoné. Igual re creo en el psicoanálisis, como también en otras terapias alternativas. De chica fui a unos años a un colegio Waldorf y gracias a mi mamá tuve mucho contacto también con la antroposofía, así que pensar y repensarse es algo habitual para mí.

-¿Existe la famosa neurosis del actor?

-Mmm, quizá nos pesa más el tema del ego pero creo la neurosis es un poco un mal de época, ¿no? Hay cada neurótico suelto por ahí... No lo veo tan propio del mundo de la actuación.

Cala Zavaleta

-¿Sentís que rompiste un poco el molde cuando elegiste esta profesión?

-(Piensa) No. mi vieja era artista plástica y diseñadora, falleció hace 4 años y si hay algo que me dejó fue un enorme legado de libertad. Siempre me inculcó eso y hoy de hecho siento que la libertad es lo que más me define. mi vieja en todo momento me impulsó a crear, a tener un pincel en la mano, a disfrazarme, a jugar y divertirme. Fue un privilegio tener una mamá así.

-¿Cómo falleció?

-Tenía cáncer de ovario. Estaba en una etapa de su vida hermosa, muy plena. Fue muy duro para todos. Y sigue siguiéndolo. Yo tenía 21 años cuando se lo detectaron y a los dos años falleció. El otro día pensaba que prácticamente todos estamos atravesados por el cáncer en alguna de sus múltiples formas.

Es tremendo, pero a todos nos cruza el mismo dilema: ¿cómo se avanza después de la muerte de alguien tan cercano y amado?

-¿Cómo avanzaste vos?

-Me costó muchísimo, siento que recién hace un año estoy retomando las riendas de mi vida. Fue mi prioridad casi absoluta atravesar ese duelo.

Cuando alguien se muere surgen además un montón de temas burocráticos muy agotadores que yo en este caso me tomé muy a pecho, tomé el compromiso de resolverlo y le puse mucha energía a eso. Fueron años de guardarme bastante, no pude hacer tantas cosas. Ahora siento que podré unir todo ese dolor y transformarlo en algo más artístico o creativo.

-¿Eran muy compinches con tu madre?

-Muy. Súper compañeras. Ella se enojó bastante cuando me fui a vivir sola pero al final lo entendió.

-A los seis meses de su muerte, te llegó tu primer gran papel para televisión, en Amar Después de Amar (ADDA)…

-Sí, fue duro pero a su vez me ayudó a matizar un poco ese duelo. Fue un gran entrenamiento en un punto. Y en lo personal, además, me dejó grandes amistades, como Cami Mateos y Delfi Chaves. 

-¿Te sentís parte de una nueva generación de actrices, más comprometida con su tiempo quizá?

-No estoy en el colectivo de Actrices Argentinas, soy un poco colgada y además, lo confieso, algo fóbica. Cuando supe que había un grupo Whatsapp con más de 400 actrices… Sé que no podría lidiar con eso. Pero sí estoy involucrada con el feminismo, con la lucha por legalización del aborto ¡que tiene que salir ya! y con todo lo que este movimiento está provocando a todo nivel, social, vincular, cultural…

-En 2019 compartiste en Instagram la historia de maltrato y violencia que viviste junto a tu ex novio, Tomás Díaz de León…

-Sí, salí 10 meses con él y decidí publicar ese texto a raíz del testimonio de la cantante y música Francisca Gil, que también estuvo de novia con él y sufrió algo muy similar.

Para mí fue muy sanador encontrarme con ella, antes de esta experiencia yo juraba que jamás me podría suceder algo así pero estos tipos saben manipulador y psicopatear como nadie. Lo primero que buscan los tipos violentos es aislarte a full de tu entorno. Por suerte mis amigas estuvieron firmes junto a mí y yo también supe reaccionar a tiempo y despertar de esa relación tan tóxica y nociva.

Ahí me di cuenta de todas las cosas que tengo que revisar de mí misma. El feminismo es muy rico porque también te ayuda a revisar todo eso, a desarmar la culpa, la vergüenza... Luciana Peker dice que nos han condicionado durante siglos para no gozar, para pedir perdón constantemente y te juro que es así.

El feminismo no es solo un pañuelo verde. Es algo enorme, que nos enseña de verdad a disfrutar, a liberarnos, a gozar, a poner límites. Esto último es esencial, venimos de una historia de mucho ultraje, mucho maltrato. Y falta un montón todavía. Los y las que se pelean con las “feminazis”, como nos dicen, también son parte de eso. Yo tengo mucha esperanza en las nuevas generaciones.

-¿La relación con Dante Spinetta fue sana?

-No sé si llamarla así. Digamos que sencillamente no funcionó. Igual, ojo, fue una relación linda, de mucho amor y aprendizaje. Y también de muchas diferencias.

-¿Ahora estás de novia?

-Estoy empezando a salir con un compañero. Me gusta más esa palabra. Es actor como yo, pero prefiero guardarme su nombre.

-¿Y qué piensa él de tu viaje?

-Me banca, y seguramente él también vaya un tiempo. o quizá vuelvo yo un rato, no lo sé... la idea es ir fluyendo con lo que suceda. La libertad hoy me parece un valor central para cualquier relación. Yo estoy en un momento que necesito eso, que las cosas partan del deseo y el disfrute. Quiero ser fiel a eso, por sobre todas las cosas.-

 

Fotos: Martín Sarrabayrouse.

Estilismo: Priscilla Attanasio.

Maquilló: Angie Barrionuevo  para Estudio Duo.

Peinó: Tef di Carlo para Estudio Duo.

Locación: Invernadero Gin & Tapas.

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