Hay algo bastante más difícil que construir un código reconocible: lograr que cuatro décadas después siga funcionando. Tommy Hilfiger lo sabe. El rojo, blanco y azul, el polo, el blazer, el college americano y esa idea tan suya del prep ya forman parte de un imaginario que excede a la marca. Pero cuando le preguntamos cómo se mantiene relevante sin perder aquello que la hizo reconocible, no dudó: “Nunca perdemos nuestro ADN. Nos aferramos a él, pero lo hacemos nuevo, fresco y relevante”.
Nos recibió en sus oficinas de Nueva York en el contexto de su regreso al calendario de New York Fashion Week con Spring Summer 2027. La ciudad tampoco es un detalle en la historia de Tommy. “Hay todo tipo de personas, todo tipo de cosas. La gente arma sus looks como quiere”, dice. Esa libertad para agarrar un clásico y hacerlo propio terminó siendo, justamente, una de las claves del desfile.
La colección, bautizada Plaza Prep, se presentó en The Plaza Hotel, donde Hilfiger vivió durante años con su familia. El prep estaba ahí, obvio, pero corrido apenas de lugar: polos enormes o diminutos, blazers relajados, camisas Oxford, tartanes, chinos convertidos en microshorts y el histórico rojo, blanco y azul atravesado por amarillos y verdes mucho más estridentes. Cuando durante la entrevista le preguntamos qué puede hacer nuevo a algo tan clásico, su respuesta parecía resumir perfectamente la colección: “Proporción, fit, color y detalle”.
“Nunca perdemos nuestro ADN. Nos aferramos a él, pero lo hacemos nuevo, fresco y relevante”.
Y quizás ahí esté una de las claves de una marca que hoy vende alrededor de 9 mil millones de dólares a nivel global: crecer sin perder cercanía. Tommy lo explica de una manera mucho más simple: “Cuando te volvés grande hay muchísima gente y todo se vuelve más corporativo. Tratamos de mantener el círculo lo más chico posible”.
¿Y qué pasa cuando ve a alguien usando Tommy del otro lado del mundo? Primero, orgullo. Inmediatamente después, aparece el diseñador. “Siempre estoy mirando y pensando: quizás tendría que ser un azul más oscuro, más rojo, un cuello más largo… Siempre lo estoy criticando porque pienso que podemos hacerlo mejor”, explica. Hay algo encantador en esa respuesta. Después de cuarenta años, todavía mira una prenda como si pudiera ajustarla un poco más. En una industria donde aparecen nuevas marcas, nuevas tendencias y nuevas formas de consumir moda todo el tiempo, Hilfiger sigue volviendo a los mismos códigos para llevarlos un poquito más lejos.

Para Tommy, además, un desfile no termina en la ropa. Lo define con una palabra propia: fashiontainment, la mezcla entre fashion y entertainment que volvió a aparecer en The Plaza con Gigi Hadid abriendo el show, Romeo Beckham en el último look, Slayyyter en el escenario y una primera fila donde moda, música, cine y deporte convivieron con naturalidad.
Tal vez ahí esté la fórmula después de cuatro décadas: saber perfectamente quién sos y, aun así, seguir encontrando nuevas formas de contarlo.
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