Wednesday 8 de July de 2026

MODA | Hoy 08:02

Sofía Hita: la fotógrafa argentina radicada en Madrid que ahora diseña gafas con historia

Después de años construyendo universos visuales para marcas, hoteles y campañas internacionales, Sofía Hita decidió crear algo propio. Así nació Vazquier, una firma de gafas inspirada en el legado de sus abuelas y en una forma de mirar el mundo donde el diseño, la curiosidad y los detalles importan más que las tendencias.

Conocí a Sofía Hita en Madrid, a pesar de haber pasado siete años viviendo en Argentina. Lo curioso es que hizo falta cruzar el océano para encontrarnos. Todo empezó cuando le envié un mensaje directo por Instagram para proponerle tomar un café. Ella aceptó enseguida y, desde ese primer encuentro, me sorprendieron su amabilidad y su cercanía. Creo que desde aquel día supe que terminaríamos siendo grandes amigas.

Con el tiempo entendí que esa misma autenticidad que transmite en lo personal también atraviesa todo lo que hace. Sofía tiene un gusto muy definido, pero jamás rígido. Le gusta experimentar, probar, jugar y observar. Hay algo profundamente creativo en su manera de estar en el mundo: una curiosidad constante que aparece tanto en su trabajo como en las conversaciones cotidianas. Tiene, además, un sarcasmo inteligente que suele aparecer cuando menos lo esperás y que termina revelando su versión más genuina y divertida. Es también una de esas personas que logra reunir en una misma mesa a perfiles completamente distintos. La amiga de sus amigos. Y quizás por eso ha construido a su alrededor una comunidad tan diversa como fiel.

 

Sofia Hita Richmond

 

A nivel profesional, Sofía Hita parece haber vivido varias vidas en una sola. Nació y creció en Adrogué, al sur de Buenos Aires. Estudió Publicidad, se mudó a Nueva York con apenas 19 años para formarse en fotografía y más tarde continuó sus estudios de Fashion Business en Londres. Hace casi siete años vive en Madrid, ciudad donde completó un máster en Comunicación Digital y desde la que ha desarrollado gran parte de su carrera internacional.

Su trabajo la llevó a fotografiar desde hoteles y campañas de moda hasta eventos internacionales de primer nivel. Fue fotógrafa del Papa Francisco, trabajó junto a Lacoste en Roland Garros y cubrió citas como Copenhagen Fashion Week y Paris Fashion Week. Bajo el nombre de ClickCollector, construyó una identidad visual reconocible, marcada por imágenes cinematográficas, una sensibilidad especial hacia la luz y una capacidad poco común para encontrar emoción en los detalles.

Curiosamente, todo empezó como un hobby. De adolescente les hacía fotos a sus amigas y realizaba books de quince años. Poco después, las marcas de su barrio comenzaron a llamarla para fotografiar campañas y proyectos comerciales. Lo que durante mucho tiempo pareció un simple pasatiempo terminó convirtiéndose en una profesión.

 

Sofia Hita Richmond

 

Ahora, esa mirada que durante años estuvo al servicio de otras marcas encontró una nueva forma de expresarse. Se llama Vazquier y es una firma de gafas nacida en Madrid, pero construida sobre una historia mucho más íntima: la de dos abuelas, dos herencias y una manera muy personal de entender el diseño.

-Después de años detrás de la cámara, construyendo imágenes y universos visuales para otras marcas, ¿en qué momento sentiste que era el turno de crear algo propio?

La fotografía es preciosa y efímera: una imagen se consume y desaparece en un scroll. Quería hacer algo que se quedara, un objeto que alguien conservara durante años. Vazquier nació de ese deseo de pasar de la imagen al objeto. Siempre hice la dirección creativa de la mayoría de mis proyectos, pero estando anclada en las necesidades de cada cliente, por lo que me tentaba demasiado poder hacer algo 100% propio, con mi impronta, y que reflejara mi estilo y mi sensibilidad por cada detalle.

-Vazquier es un nombre precioso y con una historia muy personal detrás. ¿Cómo surgió la idea de unir los apellidos de tus dos abuelas y qué significa para vos llevar ese legado en el nombre de la marca?

Vazquier une los apellidos de mis dos abuelas: Vázquez, de mi abuela materna, con sus raíces españolas, y Darquier, de mi abuela paterna, de linaje francés. Son dos mujeres muy distintas —una más urbana, con la elegancia de quien no sale de casa sin pintalabios y un look a tono; la otra amante del campo y la naturaleza, de un ritmo más lento pero no menos lúdico— y, de algún modo, las dos conviven en la marca. Es una manera de honrarlas a ambas: cada una, desde su lugar, inspiró siempre mi manera de ver la moda y la vida.

 

Sofia Hita Richmond

 

-Tu trabajo como fotógrafa siempre tuvo una sensibilidad muy marcada hacia la luz, los objetos y los detalles. ¿Qué aprendizajes de tu carrera terminaron influyendo en el diseño de las gafas?

Fotografiar retratos y objetos te enseña proporción y paciencia y, sobre todo, el arte de observar: dónde cae la luz, cómo se comporta un material, en qué punto descansa el ojo. Una montura funciona igual: ciertos detalles lo cambian todo.

Pero lo que más me ayudó en el proceso creativo fue entender que tanto una foto como unas gafas cuentan una historia. Un retrato fija un gesto, una manera de mirar; unas gafas hacen algo parecido sobre la cara de quien las lleva. Son de las pocas piezas que de verdad definen un rostro, que cambian cómo te ven y cómo te sentís. Diseñarlas fue, para mí, seguir contando historias, solo que esta vez la historia la lleva puesta la persona, en lugar de quedar enmarcada en una imagen.

-En la web hablás de las personas que convierten los días comunes en historias que merecen la pena contar. ¿Quiénes son esos personajes para vos y cómo imaginabas a la persona que usaría Vazquier mientras diseñabas la colección?

No pensé en un perfil demográfico, sino en una manera de ver el mundo. Pensé en alguien que convierte los días corrientes en historias que merecen contarse: que se fija en los detalles, que viaja ligero, que elige pocas cosas, pero las elige bien. Esa persona que no persigue tendencias, que tiene criterio propio. Diseñé para quien compra algo que considera especial y lo conserva. Alguien que entra con la misma curiosidad a un hotel de diseño o a una fonda de pueblo, sabiendo que lo verdaderamente valioso está en nunca perder la capacidad de asombro y en apreciar los pequeños detalles.

 

Sofia Hita Richmond

 

-Hay una atención muy especial a los materiales, desde el acetato Mazzucchelli hasta los detalles de construcción. Para vos, ¿por qué era importante apostar por la calidad y la permanencia?

Por reacción a lo desechable. Quería piezas que envejezcan bien, de esas que uno guarda y vuelve a elegir con los años. Por eso elegí el acetato italiano: lo llevan perfeccionando desde hace décadas y se nota en la profundidad de color y en una calidez que el plástico común no consigue, por más que lo intente. Y el titanio para la estructura, porque es súper liviano, pero muy resistente, y aguanta el uso diario sin deformarse. La buena materia prima se siente al primer tacto. Al final, la calidad es una forma de respeto: por el objeto y por quien lo va a usar.

-Trabajaste con muchas de las marcas más reconocidas de la industria y fotografiaste hoteles, campañas y editoriales alrededor del mundo. ¿Qué fue lo más difícil de pasar de contar historias para otros a construir una marca desde cero?

Como fotógrafa, te invitan a un mundo que ya existe y está creado por otros. Acá tuve que construir ese mundo antes de poder fotografiarlo, y cada decisión creativa recae sobre mí. También fue aprender las partes menos visibles —producción, logística, números— que no se ven en una campaña, pero sostienen todo.

Emprender es una montaña rusa de emociones y desafíos. Y, desdramatizando un poco, es tan gratificante como difícil, sobre todo en los inicios de cualquier proyecto. Me ayudó muchísimo no haberlo hecho sola: es un proyecto que comencé con mi marido que, como buen ingeniero en sistemas, tiene una cabeza analítica y es la mente operativa detrás de la marca. Es pragmático, organizado y tiene la capacidad de convertir la visión en estructura. Lidera la parte financiera y tecnológica del negocio, mientras yo aporto la dirección creativa, liderando el equipo de diseño, la fotografía y la comunicación de la marca.

-Como argentina viviendo en Madrid, ¿sentís que tu identidad está formada por varias ciudades? ¿Hay algo de Buenos Aires y algo de España dentro de Vazquier?

Creo que, después de haber vivido tantos años fuera de mi país, uno va recolectando un poquito de cada ciudad mientras forma su visión y su criterio estético. Pero mi esencia está, sin dudas, inspirada por Buenos Aires, que me dio cierta romanticidad, una manera de mirar con algo de melancolía. Madrid me abrió las puertas al mundo y me enseñó una forma más ligera de habitar el día a día.

Vazquier vive justo en ese cruce, y el lema de la marca lo resume: “For the elsewhere kind”. Es para esos nómadas que son de todos lados un poco y de ningún lado del todo. Eso es lo lindo de explorar: descubrir el mundo, atreverse a pensar diferente y ser curioso vayas donde vayas, aunque el corazón siga siempre anclado a las raíces.

-Más allá de las gafas, ¿qué te gustaría que sintiera alguien cuando se encuentra por primera vez con una pieza de Vazquier?

Supongo que el reconocimiento de pensar: “Esto lo hizo alguien a quien le importaba cada detalle”. Un placer privado, pequeño, una oda al diseño y un homenaje a las cosas bien hechas. Más que unas gafas, me gustaría que sintieran una pequeña complicidad: la de un objeto pensado para acompañar y durar, ese que elegís sin pensar antes de salir de casa.

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