miércoles 25 de noviembre de 2020

MODA | 02-11-2020 08:02

Así es cómo se redefine hoy el mundo de la moda en clave inclusiva

A la luz de movimientos como #blacklivesmatter, la industria de la moda comienza a redefinirse en clave inclusiva. Avances de un rubro históricamente elitista.

La imagen babélica de hoy dista de los salones parisinos donde se gestaron los primeros desfiles, hace poco más de cien años. Padre de la alta costura, el anglo-francés Charles F. Worth sentó las bases del formato atelier al mudar los fittings de domicilios particulares a su propia boutique: una suerte de club frecuentado por damas de haute société, donde el modisto exhibía sus creaciones en modelos de carne y hueso.

Además de liberar a las mujeres del corsé, el francés Paul Poiret pasó a la historia por organizar fastuosas galas para mostrar sus colecciones. En teatros y hoteles de lujo celebró desfiles como si fueran bailes de sociedad. También orquestó el primer editorial de moda en 1911, al shootear sus modelos con el fotógrafo Edward Steichen para la revista Art & Décoration. Hasta ese entonces, las publicaciones sólo mostraban socialités.

Los portones del exclusivo reino couture se abrieron un poco más cuando, en auge del cine sonoro, Elsa Schiaparelli comenzó a vestir estrellas de Hollywood. La italiana asentada en París llegó a la masividad de la gran pantalla con sinuosos looks para Marlene Dietrich y Mae West. A Schiap le siguieron colegas como Madeleine Vionnet y Hubert de Givenchy, quien fue pionero en trasladar la alta costura al mainstream gracias a su línea Givenchy Université, en 1954.

Moda diversidad
Colección primavera - verano 2021 de Tom Ford.


Pese a los intentos de acercarse a la gente, la moda mantuvo su ADN selecto y se cargó víctimas de discriminación. La diseñadora afroamericana Ann Cole Lowe, creadora del vestido de novia de Jackie Kennedy, cuya lista de clientas incluía apellidos como Rockefeller, Whitney o Roosevelt, fue la primera mujer de color en abrir un local de moda en el Upper East Side neoyorquino. No obstante, la sociedad condenó sus creaciones al anonimato y tuvo que declararse en quiebra. Algo similar le sucedió a la cubana-estadounidense Zelda Wynn Valdes quien, pese a diseñar el icónico traje de conejita de Playboy y vestir a Ella Fitzgerald y Marlene Dietrich, jamás obtuvo reconocimiento.

 

Versalles era una fiesta


Aires de cambio llegaron al viejo continente en los 70 cuando, en pos de participar de La Batalla de Versalles, desfile-competencia entre diseñadores franceses y estadounidenses, los embajadores americanos abogaron por la diversidad. Empapada del espíritu multicultural del Movimiento por los derechos civiles y la guerra de Vietnam, la tropa arribó con un diseñador afroamericano, Stephen Burrows, y diez modelos de color. Era la primera vez que tantas musas “exóticas” pisaban una pasarela europea.
Los franceses sucumbieron a la gracia de sus estrellas invitadas. Enseguida, nombres como Yves Saint Laurent o Givenchy incluyeron modelos negras en sus castings. Y las tapas de medios tradicionales abrieron paso a Beverly Johnson, primera cover girl de color.

Aunque el boom prometía ser un punto de inflexión, Johnson denunció diferencias en el pago y el trato en relación con sus colegas blancas, además de la falta de profesionales que comprendieran cuestiones básicas como su pigmento de piel y la textura de su pelo. En años posteriores, el apogeo del minimalismo y los rostros hegemónicos parecieron devolver la industria a su punto de partida.

Moda diversidad
Billy Blair, una de las modelos de La Batalla de Versalles (1973).

Revolución del social media

Las redes sociales dieron visibilidad a individuos otrora considerados marginales, pese a representar gran parte del público. Esta pluralidad de voces y miradas resonó en la moda, dispuesta a normalizar lo antes ignorado. Así, la década de 2010-20 enmarcó sucesos revolucionarios en el campo de la inclusión.

Movimientos sociales como la cuarta ola del feminismo y el activismo de la generación Z, dieron pie al avance de modelos transgénero del calibre de Andreja Pejic y Lea T; de musas plus size como Ashley Graham, primer talle grande en la tapa de Sports Illustrated; y de referentes de todas las edades en campañas como Versace e Yves Saint Laurent.

Los emporios también se diversificaron con directores creativos negros, como Olivier Rousteing (Balmain) y Virgil Abloh (Louis Vuitton). El machismo de los conglomerados de lujo tembló con figuras como Rihanna, primera mujer de color al mando de una marca del grupo LVMH, Fenty. Y a raíz de denuncias por casos de apropiación cultural, marcas como Gucci, Ralph Lauren y Chanel sumaron a sus equipos diversity chiefs, encargados de llevarlas hacia puerto inclusivo.

Moda diversidad
Beverly Johnson, la cover girl que revolucionó los 70.


Los nuevos años 20

 

Esta década comienza con el impulso de #blacklivesmatter, movimiento que expuso la desigualdad en la industria de la moda. Ante diversos testimonios de racismo institucionalizado, han salido a disculparse gigantes como el Council of Fashion Designers of America y el British Fashion Council. Las consecuencias del fenómeno también pueden verse en campañas, desfiles y editoriales regidos por la diversidad.

Asimismo, el verdadero cambio trasciende lo superficial de una imagen o una disculpa pública. Es momento de poner todas las cartas sobre la mesa y reconstruir un sistema que cumpla con cuotas de inclusividad tanto en los boards de las compañías, actualmente dominados por hombres blancos, como en las tiendas.

Moda diversidad
Virgil Abloh, director creativo de Louis Vuitton Homme.

 

at Matías Tortello

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