Durante años, el ramen fue asociado casi exclusivamente al invierno: vapor, caldos intensos y mesas humeantes. Sin embargo, la cocina japonesa —siempre atenta al ritmo de las estaciones— propone otra lectura para los meses cálidos. En verano, el ramen se vuelve más liviano, más fresco y más sutil, sin perder su carácter de plato completo y profundamente reconfortante.
Caldos claros, bases vegetales o de pescado, fideos más finos y toppings como pepino, brotes, algas, cítricos o huevos marinados a temperatura ambiente transforman al ramen en una comida posible incluso con altas temperaturas. Algunas versiones frías, inspiradas en preparaciones tradicionales japonesas, refuerzan esta tendencia que dialoga con una forma de comer más consciente y estacional. Porque incluso en verano, el confort también puede servirse en un bowl.
En clave de calor
En Fukuro Noodle Bar, el ramen se libera definitivamente de la estacionalidad con el tsukemen, una versión pensada especialmente para los días de calor. A diferencia del ramen clásico, aquí los fideos se sirven fríos o a temperatura ambiente, separados de un caldo más concentrado —el tsukejiro— que funciona casi como una salsa intensa en la que se sumergen antes de cada bocado. El contraste entre la textura firme de los fideos y la profundidad del caldo genera una experiencia más liviana y refrescante, sin resignar sabor. Con toppings que van desde los clásicos hasta opciones como tonkatsu y una carta dinámica que propone versiones semanales, Fukuro busca cambiar la forma de consumir ramen en Buenos Aires y demostrar que este plato también puede disfrutarse durante todo el año.

Ramen todo el año
En Haiku Sushi, el ramen no es una concesión estacional sino un plato que se ofrece de manera permanente y que también encuentra su lugar en verano. La clave está en el proceso: un caldo profundo elaborado a partir de huesos de cerdo y vegetales, cocido durante horas para lograr sabor y untuosidad, que se arma recién al momento de servir. Los fideos se hierven por separado para conservar su punto, el cerdo se cocina lentamente hasta quedar tierno y se corta en láminas, y el plato se completa con choclo, brotes de soja y cebolla de verdeo. El huevo, cocido a baja temperatura con precisión, se suma al final, con la yema cremosa como contrapunto. Todo responde a una secuencia exacta que permite mantener la misma calidad durante todo el año, fiel al espíritu de la cocina japonesa que Haiku Sushi sostiene desde hace casi tres décadas en Belgrano.

Intensidad y técnica en cada bowl
En Osaka, el ramen se piensa desde la fusión entre técnica tradicional e innovación local. Su método distintivo comienza con la caramelización intensa de alitas de pollo y vegetales, llevados a un punto profundo, casi azabache, que funciona como base de sabor. A partir de allí, los ingredientes se cubren con agua en una olla de gran capacidad y el líquido se reduce hasta la mitad; un proceso que se repite cuatro veces para concentrar aromas y profundidad. Antes de llegar al bowl, la preparación se termina de definir con salsa de soja y pasta de miso, logrando un caldo complejo y envolvente. El resultado es un ramen de carácter marcado pero equilibrado, que demuestra cómo este plato puede reinterpretarse sin perder su esencia.
at redacción Marie Claire
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