martes 19 de noviembre de 2019

SOCIEDAD | Hace 7 meses

Cómo es el camino de las mujeres que deciden ser madres solas

El estereotipo de la maternidad en soledad se redefine a pasos agigantados de la mano del coraje, el amor y el quiebre de los modelos tradicionales.

Alguna vez te preguntaste cómo es el camino de una mujer que decide ser madre sin depender de un hombre, en esta nota te contamos cómo llegar a maternar en soledad.

Texto. Malen Lesser.

“Cuando decidí hacer el tratamiento de inseminación artificial lo primero que tuve claro es que necesitaba de mi tribu. Mamá, papá, mi hermana y mi cuñado que viven cerca. Una madre soltera no es una madre sola en muchos casos. Creo que no se puede criar a un chico sin ayuda de nadie porque la demanda es intensa. También tuve en cuenta que mi situación profesional estaba resuelta, trabajo como contadora en un estudio contable, tengo un buen ingreso por media jornada de trabajo y pude comprar mi casa propia con espacio para tener niños. En el momento en el que me llamaron para empezar el tratamiento, de hecho, estaba cambiando el departamento por uno más grande y estaba viviendo con mis padres. Eso fue una casualidad, pero con lo que vino después me di cuenta que de otra manera no hubiera sido posible.
Madre soltera Desde siempre había dicho que si a los 30 no estaba en pareja ni con proyecto familiar, lo haría sola. Sabía que quería ser madre, era un deseo profundo. Cuando comencé a hacer los estudios me detectaron menopausia precoz por lo cual estaba amparada por la Ley de fertilización asistida dentro del Hospital Italiano. Estuve con medicación para ver si podíamos regular la situación y cuando fue imposible sentí que era el momento de hacer lo que siempre había querido. En mi caso la única chance era que me donaran tanto lo óvulos como el esperma y me transfirieran los embriones. Así fue. Supe enseguida que estaba embarazada y que era un varón. Podía sentirlo. Ni el embarazo ni el parto fueron ideales. Me sentí fatal el primer y el tercer trimestre y como tuve preeclamsia (hipertensión inducida por embarazo) severa y estuve medicada el último mes, me hicieron cesárea. Para colmo tuve una hemorragia interna así que estuve en terapia intensiva, mientras Salvador estaba prematuro en neonatología. A pesar del estrés, siento que es anecdótico totalmente. Ahora no recuerdo dolor ni angustia alguna. Sólo certeza de que todo iba a estar bien y que habíamos nacido, él y yo, para encontrarnos. Y así fue. No podría estar más feliz de tenerlo”. 


“Me enamoré de un hombre que no quería hijos, porque era separado por segunda vez y ya tenía niños con ambas ex parejas. Yo tenía 34 y toda las ilusiones. Cuando me separé de ese novio, me anoté en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA). Ese acto fue el primer pasito concreto para hacer realidad mi deseo. En el ínterin seguía buscando un hombre que fuera el padre de esa criatura, me puse de novia con muchos desastres y los desengaños fueron muchos. Me enganchaba más con los hijos de los señores que con los hombres en sí. Hacía de madres sustituta, jugaba al rol que más quería, pero las relaciones amorosas no prosperaban hasta que al consultorio vino la hermana de una amiga que no veía hacía muchos años. Yo soy médica neuróloga, me vio en la cartilla y pidió un turno. Resolvemos su problema y ahí me cuenta que mi amiga había adoptado recientemente a un bebé en la provincia de Formosa. Que allí todo era más sencillo, y allá me fui a 1600 kilómetros a buscar a mi hija. Fácil no fue. Pero en el camino sucedieron cosas maravillosas. Primero que el día que nos encontramos, cuando me la presentan para ver si quería adoptarla, me dicen su nombre y no lo podía creer. Milagros Belén era como yo quería llamarla. Sentí una conexión jamás antes experimentada. Todo era alegría y amor, pero a las 24 horas de conocerla, tuvo una asepsia y entró en coma. Fue duro porque la gente para consolarme me decía que al menos le había dado un día de felicidad. Pensábamos lo peor, los expertos no me daban esperanzas. Yo al ser médica entraba a cualquier hora a verla y le cantaba nuestra canción a partir de entonces Para dormir un elefante. Le prometí que si salía de esa, se venía conmigo a casa, que la iba a llevar de viaje para sus 6 años a conocer a Mickey, le hablaba de futuro, le decía que la amaba. Y despertó. Estuvo internada un mes más y los papeles para traerla a Buenos aires tardaron 6 meses más en salir, yo viajaba todos los fines de semana a verla a la casa de la mujer que la tenía en guarda. Y un día me la llevé por fin a casa y nunca más nos separamos. Cuando cumplió 6 nos fuimos a Disney World y a Nueva York como regalo. La vida con ella es maravillosa. Atrás quedaron tragos amargos como la internación o la llegada a Buenos aires, que tampoco fue ideal: yo no tenía licencia en el trabajo porque no está contemplada para los casos de adopción, aunque sé que hay proyectos para cambiar esa injusta realidad. Me ayudó mi mamá, que es acompañante terapéutica y dejó su empleo para criarla conmigo.

Madre soltera

Milagros es una nena brillante, con un ángel inmenso. Sus amigas la adoran. Es súper activa, hace natación, comedia musical y patín. Bailamos, cantamos y aprendemos juntas todos los días. No pasa un día sin que le diga que la amo y que nunca la voy a dejar, porque claro, es su miedo y lo pregunta. Sabe que no la tuve en la panza, pero es mi hija, conoce su historia pero no me gusta cuando se dice hija adoptiva, es hija y punto. Su existencia es un ejemplo de superación diario, y sin duda este pequeño milagro es mi motor para esforzarme yo misma y darle lo mejor de mí”. 


“No imagino mi vida sin él. Es raro, porque la idea de tenerlo empezó de una forma extraña. Siempre quise la familia tradicional, esperé que apareciera la pareja para pensar en formar una estructura donde amparar a los niños, pero no sucedió. Mientras tanto, en un estudio de rutina que me hice se vio un cuerpo extraño en la mama y me realizaron una biopsia. Y hasta que me dieron los resultados, me puse a pensar mucho. Fue un período corto en donde se dieron todas las preguntas existenciales juntas. Procesé todas las frustraciones de todo lo que no tenía, me di cuenta cuánto quería ser mamá, y cuando llegó el resultado de que estaba todo bien y de que no tenía nada fue un shock. Tanto lamento junto no podían ser en vano. La vida es corta, hay que buscar ser feliz y ser mamá era mi mayor deseo. Decidí no esperar a nadie más para cumplirlo. Cuando fui a los médicos me dieron la fría estadística de que a mis 41 años era improbable, difícil, la edad de mis óvulos era tema permanente de conversación en las consultas y uno se asusta. Pero el deseo era fuerte. Tomé la decisión de congelar los óvulos para comenzar.

Madre soltera

Pasó un año hasta que intenté el tratamiento. Justo tuve un accidente que implicó mucho reposo y me vino bien para informarme. Me empoderé e informada fui a buscar mi sueño. Los médicos sugerían que fuese con un óvulo donado porque esto aumenta las posibilidades de éxito, pero yo quise probar con los míos. Así lo hice y quedé embarazada en el primer intento. En el centro de Fertilidad San isidro encontré la contención. Me apoyé en los profesionales y en una psicóloga especialista en el tema que busqué específicamente. Cuando nació Agustín sentí que podía volcar todo ese amor que tenía para dar, desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. En eso consiste ser madre para mí. Darlo todo sin esperar retribución. Es lo más maravilloso que me pasó en la vida, y le daría un hermano o hermana en las mismas condiciones. No pienso en un hombre al lado para hacerlo, me enamore o no, tenga o no tenga pareja, no esperaría de nuevo esa situación para concretarlo. Siento que formé mi familia. Tener pareja no es necesariamente querer ser padres, a veces el hombre no acompaña. Es sólo la mujer la que se ocupa, la que está de cuerpo presente. Hay muy buenos compañeros que a su modo pueden poner el cuerpo también, pero no es la mayoría de los casos. Creo que no difiere mucho mi experiencia de cualquier mujer viuda, separada u otras situaciones en donde el padre no cumple su rol, por eso sé que si cualquiera de esas mujeres pueden, yo también. Sé que no tengo que tener todas las respuestas, que las voy encontrando en el camino y es algo que valoro, que antes no lo hacía. Soy administrativa en una empresa, muy organizada, estructurada, ordenada. Creo que lo mejor de ser madre es lo que los hijos te enseñan. Cómo este pequeño ser llegó a cambiar mis ideas, mis estructuras, todo lo que creía inamovible o pensaba que tenía que ser de una forma y sino, era imposible. Yo creo que aprendo más de él que él de mí. Me enseña a disfrutar de lo simple, de una mirada, un gesto. A esta altura de la vida, estar aprendiendo todo de nuevo a través de sus ojos, y ver las cosas más simples, es una bendición. Estoy realmente agradecida”.
 

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