SOCIEDAD | Hace 3 semanas

La lista de prohibiciones que hartó a Meghan Markle

La aún duquesa de Sussex podrá dentro de poco volver a hacer muchas de las cosas que antes le estaban prohibidas.

Meghan Markle es la mujer del momento. En honor a la verdad lleva años siéndolo, pero la última semana ha sido de auténtico vértigo. El famoso comunicado en el que los duques de Sussex anunciaban al mundo su intención de dar un paso atrás, “dejar de ser miembros senior de la monarquía” y “vivir a caballo entre Canadá y Reino Unido” ha supuesto un gran terremoto en la casa de Windsor y muchos han sido los que han señalado a Markle como la gran responsable de “esta enorme irresponsabilidad” cometida por la pareja. Más allá de que algunos medios se empeñen en endosarle a la mujer todas las malas mañas y desdibujar a ciertos hombres como meros títeres en sus manos, lo cierto es que la presión está siendo, ahora sí, excesiva. Pero, tras la tormenta siempre llega la calma y puede que, dentro de poco, la aún duquesa pueda, no solo respirar tranquila, sino que, además, hacer cosas que desde el momento en el que se ha convertido en princesa le fueron vetadas, alguna de ellas bastante absurdas.

No a los colores fuertes, no a los jeans y no al esmalte llamativo

Ser princesa equivale a poder vestir los vestidos más caros y más bonitos de los principales modistas del mundo. Puede ser el sueño de muchas, pero cuando se le la letra pequeña no todo es oro lo que reluce. Meghan estaba prohibida de pintarse los labios o las uñas con colores fuertes- el rojo por ejemplo está vetadísimo- y también en su indumentaria debía seguir algunos patrones. Nada demasiado vistoso, ni demasiado corto, ni demasiado provocativo. Nada de transparencias en zonas comprometedoras y no a unos cómodos jeans. 

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No tener redes sociales, no ejercer tu profesión y no firmar autógrafos

Antes de convertirse en la Princesa de Harry de Windsor, Meghan Markle era una actriz de éxito mediano, reconocida principalmente por su papel en la serie ‘Suits’. Mucho antes de ser portada de todas las revistas por su matrimonio, la joven tenía millones de seguidores en Instagram, un blog, ‘The Tig’, donde ejercía de influencer y firmaba autógrafos sin parar siempre que pisaba una alfombra roja. Tampoco podía hablar de política- ella tan contraria al presidente Trump- ni presentarse en ninguna parte con su nombre. Desde el momento en el que se anunció su compromiso, Meghan tuvo que renunciar a todo eso. En definitiva, Meghan tuvo que renunciar a ser Meghan.

No a los mariscos, no al ajo y no al agua sin embotellar

Seamos sinceros: los británicos se pasan. ¿Quién se imagina a los reyes de España diciendo que no a una pealla o a la salsa alioli? Nadie. Pero allá todo son restricciones y Meghan no tenía más remedio que acatar. El marisco y el agua sin embotellar se evita por una cuestión de intoxicación alimentar y el ajo es porque los miembros de las casas reales deben evitar, al estar en permanente contacto con el público, un aliento fuerte.

Y por último…no al Monopoly

Lo que leen: los Windsor no pueden jugar al Monopoly por tratarse de un juego “cruel y ambicioso”. Sin embargo, si pueden dedicarse a la especulación inmobiliaria y al lobby. 

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