SOCIEDAD | Hace 3 semanas

Charlene de Mónaco, el ayer y el hoy de la eterna aspirante a Grace Kelly

El estilo de la esposa de Alberto II de Mónaco ha evolucionado, pero sigue teniendo una asignatura pendiente: deshacerse del “fantasma” de Grace Kelly.

Parece fácil. De repente conocés a un príncipe europeo y te convertís en princesa, gozás de todo tipo de lujos y atenciones. De chica normal pasas a mujer del momento y en el “mejor” de los casos, a princesa o reina consorte. Pero los cuentos de las películas suelen ocultar, la mayoría de las veces, la parte menos bonita de estas grandes historias de amor. Las princesas y reinas de la actualidad no lo han tenido fácil para llegar a donde han llegado ni por ser aceptadas dentro y fuera de palacio. De todas, hay una que lo ha tenido especialmente difícil. Dijo Jaime Peñafiel que ser reina de España es un trabajo que pocas mujeres quieren. El más sacrificado. Ser princesa de Mónaco y tener que competir con un mito como Grace Kelly y con una “diosa pagana” como su hija Carolina es, quizá, una auténtica pesadilla.

Charlene Witstook comparte con las demás consortes, con excepción de Matilde de Bélgica, el haber sido una mujer de su generación, deportista olímpica, ser hija de la clase media y haber vivido, en definitiva, durante 30 años como un común mortal. Al conocer a Alberto II de Mónaco su vida dio un gran cambio y eso se evidencia al observar su forma de comportarse, de vestir y, porque no decirlo, también en su cara.

 

La exnadadora ha sido y es una mujer llamativa. Cuerpo atlético, melena rubia, mirada limpia y clara. Se presentó al mundo dentro de una piscina y con ropa deportiva. Cuando se le empezó a relacionar con el ex rompecorazones monegasco, esa mujer dio paso a otra. De risueña pasó a mustia. De espontánea pasó a encorsetada. De expansiva a tímida. Y de ser una mujer corpulenta gracias a años y años de competición al más alto nivel se le ha visto empequeñecer, más aún si su cuñada Carolina de Hannover está cerca.

Charlene lo ha intentado y lo sigue intentando. Ha depurado su estilo. Armani es uno de los dueños de su armario. Al contrario del resto de la mayoría de las mujeres Grimaldi, la princesa parece confiar más en el italiano que en lo que hacía el desaparecido Karl Lagerfeld para la casa Chanel. Eso, lejos de ser un error, ha sido y es un acierto. Charlene ha querido trazar desde el principio un perfil propio, lejos de las comparaciones odiosas y de burdas imitaciones. Salvo algún guiño estilístico a su suegra, Gracia de Mónaco, la sudafricana ha pretendido siempre seguir su proprio camino. ¿Por qué se empeña entonces la prensa en compararla con la difunta princesa?

Dicen que los mitos nunca mueren y total, Gracia es, a día de hoy, un recuerdo lejano pero un mito del estilo, la belleza y la sofisticación muy presente. Luchar contra los vivos no es fácil, pero.., ¿y los muertos? Charlene, cuya evolución en cuestiones de estilo no es menor que otras consortes como Letizia, Catalina o Máxima, le está costando, sin embargo, mucho más hacerse notar. Nadie duda de que la mayoría de las veces va impecable. Todos sabemos que ha sido amiga del bisturí y ha salido ganando, teniendo en la actualidad una cara más armoniosa y dulce. Pero la sombra de Grace y también de Carolina, máximo exponente del chic actual, le sigue pasando factura.

Marie Claire España. 

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