martes 28 de septiembre de 2021

PERSONAJES | 26-05-2021 18:30

Conocé a More Gemma, música, poeta y “cantautora por desgracia”

Con más de 13 años de carrera, la artista desnuda sus sentimientos más puros en su nuevo disco, La sabiduría del mar.

More Gemma tiene 38 años y es autora, compositora, arregladora y productora musical. Con más de 13 años en la música, More recibió a Marie Claire en su estudio palermitano La Posada a través de Zoom para hablar de todos estos años de crecimiento a través de sus libros de poesía y sus álbumes, que cada vez son mejores. 

-Llevás más de 13 años en la música, pero comenzaste escribiendo poesía. ¿Cómo fue esa primera aproximación a la escritura?

-Fue algo súper inconsciente, no tengo registro de por qué comencé a escribir poesía. En su momento recuerdo que le mandé unos poemas y una carta a Mario Benedetti, que todavía vivía, y me respondió un mail su asistente diciéndome que Mario había leído todo y que algunas cosas le habían gustado más que otras, pero que lo siguiera haciendo.

Eso me alentó, más que nada para dejar un registro. La edición que se desarrolla con los libros y con los discos tuvo que ver con eso, con dejar registro del tiempo vivido.Edité ese primer libro, Simplemente Somos (Alloni/Proa, 2007), a través de unos amigos familiares que había en el mundo editorial.

Es un libro bastardo, no lo publicito mucho, porque es muy adolescente. Con los años mi voz poética fue madurando, entonces un poco empiezo a contar desde Eusebia Florestán (el seudónimo que utiliza desde 2012). Además, fui alternando mis álbumes con los libros de poesía, así se distribuye mi energía artística. Son etapas.

-En Vela, tu segundo disco, cumple 10 años, ¿qué recuerdos tenés de aquella época?

-¡Mis álbumes son premonitorios! Y eso me pasó con En Vela, que me dejó sin dormir. El recuerdo que tengo de él es de mucho aprendizaje, a los tumbos, como son la mayoría de mis proyectos. El primer aprendizaje fue que yo no tenía por qué hacerlo todo. Me liberé del mandato y de la exigencia.

Lo mío es poner los temas, tomar determinadas decisiones, elegir a la gente adecuada para rodearme y ya. En el disco hay canciones que quiero mucho, pero siento que fue necesario todo lo que ocurrió para lo que fue después Respirar (2014), un álbum súper expansivo para mí.

-En Respirar elegiste el tema “No Hay” junto a Hilda Lizarazu, ¿cómo fue esa colaboración?

-Hilda es una querida amiga y admirada colega. Me acuerdo que le mandé un mail y le conté que sentía que por primera vez tenía una canción que era digna de invitarla, de la cual ella fuera parte. Se la mandé sin compromisos y me dijo que sí. Cuando llegó al estudio para grabarla, le abrí la puerta y lo primero que hizo fue abrazarme y decirme: “¡Qué lindo tema hiciste!”, y eso para mí fue maravilloso. Hubo mucha ternura en el encuentro e Hilda tiene esa cosa tan presente y tan liviana que es tan admirable. Fue una buena colaboración y ella se entregó con total humildad. ¡Fue hermoso!

-Hace tres años hiciste una selección de temas que terminaron en “Canciones Ajenas”. ¿Harías una segunda tanda?

-Estoy por terminar de producir una versión de “Tumbas de la gloria”, de Fito Páez. Me quedan grabar un par de cosas de ella, como el piano y unas guitarras. Fue difícil versionar este tema, ya que es una gran canción de nuestra literatura musical. Mi intención es seguir con eso, es una manera de mantener la maquinaria creativa en funcionamiento.

Está bueno, genera algo sin pretensiones y no se trata de elegir un tema porque te queda bien, sino que te tiene que conmover y atravesar el corazón. Ese tiene que ser el faro.

-Contame un poco de La sabiduría del mar, tu reciente disco, pensado en Uruguay antes de la pandemia, pero grabado en 2020 en Buenos Aires.

-En enero de 2019 estaba en la playa, en Uruguay, y como soy muy friolenta y me cuesta romper la barrera térmica, me suelo parar en la orilla y dejo que el mar me moje los pies para templarme. El mar de por sí me calma mucho y me hace bien, es energía y tiene inmensidad.

Estaba ahí y veía el vaivén marino y yo pensaba que el amor debería ser lo más parecido a ese movimiento de arrimarse, acariciar, retirarse y sin tanto daño a terceros.

No tiene que ser tan dramático, tiene que ser todo mucho más orgánico. Me quedé con esa idea del amor y de la vida. Entonces, pensé un en un álbum que tuviese ese movimiento. Las canciones fueron en tres tiempos: el primero en arrimarme, que son las autorreferenciales; el segundo que es acariciar, las de amor; y el tercer movimiento que es retirarme y dejar un “nosotres”. Al mismo tiempo me debía un disco con la guitarra sola y necesitaba animarme a esa desnudez.

En la pandemia me separé, me mudé, tuve duelos, y decidí grabar el álbum de esta manera. Ahí llamé a Tatu Estela para que me acompañe y fue la mejor elección del mundo porque él es un gran ingeniero y arriesga mucho en lo sónico y eso se nota.

La sabiduría del mar es el primer disco de toda mi discografía que no tiene temas de desamor, es increíble, pero a la vez muy crudo para mí con respecto a las letras. El álbum va del día a la noche, es un recorrido.

-¿Cómo sigue tu 2021?

-Proyecto para finales del año empezar a grabar mi música de cámara. Tengo cierta obra compuesta en los últimos años y lo vengo posponiendo, quiero hacerlo para poder pasar a otra cosa en el ámbito de la música instrumental.

También voy a seguir promocionando La sabiduría del mar, me encantaría poder tocarlo en vivo porque es tan poco lo que necesito: una guitarra, la voz y a Nicolás Mu Sanchez, guitarrista y hermano con el que toco hace 11 años.

La pandemia me ubicó en lo que significa sacar un álbum hoy, que es algo mínimo, y simplemente espero que esa media hora que dura le genere a alguien un recreo mental o una bocanada de oxígeno.

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