jueves 23 de septiembre de 2021

PERSONAJES | 04-06-2021 18:43

Fenna Frei: “Con la pandemia sentí que ninguna canción podía ser importante"

La joven artista Candela Cibrián (sobrina de Pepe), nos habla acá de su alter ego musical, de sus procesos creativos y del fuerte machismo que existe en el mundo del sonido.

Candela Cibrián se abrió a una charla íntima con Marie Claire vía Zoom en la cual contó anécdotas con su abuela, la inolvidable Ana María Campoy, sus travesías con su tío Pepe Cibrián en el musical de Drácula, y la construcción de Fenna Frei, el personaje que eligió para explorar musicalmente universos inalcanzables.

-¿Cómo fue tu relación con tu abuela Ana María Campoy?

-Ella era un ángel. Me paraban en la calle cuando estábamos juntas y todos la adoraban. Pasé muchos días de mi vida a su lado, me quedaba a dormir en su casa.

A mi abuela le gustaba mucho ir al Solar de la Abadía a tomar un café, después me llevaba a las camas de saltar, a los sets de filmación y a los programas de televisión que hacía ella. ¡Tengo recuerdos muy mágicos! Para mí, que era chica, todo era nuevo y estimulante.

¡Mi abuela era muy especial! Me hacía jugar e improvisábamos escenas de teatro, a veces me decía: “Hagamos que estoy en una sala de parto y vos sos la enfermera. ¡Ya empezamos eh!”, y hacía toda la secuencia de ese momento, era muy graciosa. También era de despertarse muy tarde, tipo 14, a la mañana no existía.

Conmigo y con mi hermana ella se sacó las ganas de tener hijas mujeres y pudo tener su revancha, porque cuando tuvo a sus hijos trabajaba mucho y no podía estar con ellos, sobre todo con mi papá (Roberto Cibrián Campoy), que fue el más abandonado desde ese lugar.

Mi abuela era muy creativa, con mucha personalidad, tenía mucha fuerza, era una líder y única. Fue una imagen del rol de la mujer muy distinto al que se estilaba ver en esa época.

-Hace 10 años tu tío, Pepe Cibrián, te ofreció estar en el musical de Drácula, ¿qué tal fue esa experiencia para vos?

-Mi tío me ofreció la oportunidad de audicionar para el rol de Mina Harker, Ángel Mahler tenía que verme y una vez que lo hizo, le gustó. El tema es que Pepe me dijo que yo tenía que ensayar seis meses antes de que empiecen las audiciones, tenía que trabajar mucho más duro que los demás por ser su sobrina.

Mi tío fue mi coach, yo no tenía una postura de plantarme en un escenario, así que empecé a estudiar teatro con Claudio Quinteros. ¡Gracias a los dos me liberé de los prejuicios! Pepe es característico por llevarte a un límite donde realmente no podés pensar, todo el tiempo te sorprende con la dirección y te lleva a un lugar donde vos no esperabas.

Recuerdo ese año de Drácula como uno de los más creativos que tuve. Yo no sabía todo lo que se me venía, estaba jugando. Me llevé muy bien con todo el elenco, fue un destape total en muchos sentidos y la obra ya la tenía aprendida en mi sangre. No sentí en ningún momento tener que aprenderme algo porque todo era muy Cibriano.

Una parte del proceso fue muy nueva, otra parte sentía que me acompañaba una fuerza mágica que no sé cómo explicar… Eso me acompañó el día del estreno, me sentí muy liviana, flotando.

Para mí hacer Drácula fue una experiencia única, placentera, reveladora y es hermoso lo que aún genera la obra en la gente. Me sentí muy privilegiada de poder estar ahí y siempre tuve en cuenta mi apellido, tratando de romper los prejuicios que estaban a mi alcance. Fui nominada a revelación femenina en los Premios Hugo, así que fue muy positivo para mí ese reconocimiento. 

-Estudiaste Composición y Producción musical, ¿cómo fueron esos años de estudio y de tu propia búsqueda como artista?

-Siempre fui más música que actriz, pero le agradezco a Pepe haberme metido en el escenario a estudiar teatro porque sirve para todo. El teatro es entender la verdad de por qué estás haciendo algo, entender ese rol de canal que estás cumpliendo y es preciado porque tiene sinceridad.

Desde chica estudio música, tuve más facilidad en esa área y también por vocación. Estudié canto desde los 10 años, después toqué la flauta traversa en el colegio, en las orquestas y participaba de todas las actividades. Cuando terminé de estudiar ya venía experimentando con unos sintetizadores que me habían regalado y ahí me di cuenta que me gustaba mucho producir y generar universos musicales. El teatro, la música y la producción son explosivos para mí.

-¿Quién es para vos Fenna Frei?

-Fenna Frei es una tercera persona, un personaje. Que surge de la necesidad de buscar un nombre que remitiera al mundo sonoro que me imaginaba y estoy generando y de desligarme del prejuicio de mi apellido y de lo que representa. Además, el universo que planteo con ella es muy distinto.

Cuando empecé, todo era como si fuera de los países nórdicos. Freya, es una diosa de la belleza, la guerra y del amor. Entonces, yo había encontrado el nombre Frenna, que es noruego, y además la palabra libertad en alemán es “freiheit”. Así que probando y buscando encontré ese nombre que me cerraba el personaje. Quería generar algo alejado y surrealista que no lo pudieras asociar a algo conocido.

Mi manera de comunicar de Fenna Frei es muy distinta a como, por ejemplo, me comunico en redes sociales. Es una composición que me sirve también a nivel visual. Es toda una construcción, totalmente independiente y alejada de mí, pero al mismo tiempo una versión de mí misma que va cambiando.

-Fuente Nocturna (2017) fue tu primer disco, que te llevó a ser finalista de la Bienal de Arte Joven y en 2018 estuviste de gira por Europa. ¿Cómo viviste todas experiencias?

-La sensación siempre de los primeros álbumes es que es un menjunje de todo lo que tenías guardado desde el día que quisiste componer. Es difícil a veces volver a escucharlo para mí porque Fenna no está del todo definida, pero si presto atención, me sigo encontrando.

 

Auto gestionar un proyecto solista, empezar a mostrar lo que hacés, pensar videoclips y cómo tocar en vivo fue muy complejo en mi caso. En la Bienal di mi primer show y fue todo un desafío.

Me embarqué en un camino largo de preparar vivos electrónicos y además querer llevarlo a Europa. ¡No sé cómo hice para que mi banda entre en ese delirio conmigo! Por suerte pudieron y tuvimos esa oportunidad. Muchas veces las cosas no salen como uno las piensa. La verdad es que es mucho esfuerzo, remar y frustrarse. Por suerte muchas de esas canciones hoy sobreviven en mis presentaciones.

-Sos parte de Red Multisonora (RMS). ¿Querés contarme un poco de eso?

-Sí, soy muy activa en la Red. ¡Estoy a full! Incluimos personas trans, no binaries y otras disidencias. Con la cuarentena empecé a estar un poco más presente en el activismo virtual.

RMS es una organización sin fines de lucro y luchamos para visibilizar todas las mujeres y disidencias que coexsiten en el mundo del sonido. Estamos en los márgenes de la industria, tratamos de expandirnos y de demostrar que existimos para que haya un incentivo a las futuras generaciones de estudiar esta carrera y además que te puedas profesionalizar siendo mujer, increíblemente tenemos que mostrar eso.

El mundo del sonido es un terreno muy patriarcal, entonces hay que hacer mucha militancia. Desde la Red hacemos capacitaciones, damos cursos, entre nosotras nos pasamos trabajo, nos mostramos los presupuestos, estamos demostrando que se puede.

El manspreading en este mundo es frecuente. A mí me tocó trabajar en el sonido como asistente, después de Drácula, y sentía la mirada machista. De hecho, con Fenna Frei quería mostrar que hacía todo, y un día no disfruté nada.

En el último show que di en 2018 me preguntaba por qué me estaba sacrificando tanto, y era eso: quería demostrar que podía porque iban a pensar que iba a haber alguien detrás de mí. Ese fue mi clic, quería que eso cambie.

Es arduo el camino para RMS. En Músicas Unidas hay mucho más territorio conquistado, de a poco, pero a largo plazo. También hay que concientizar a las músicas que contraten mujeres, porque están ahí.

-Exilios (2020) cumplió un año, ¿qué significa ese proyecto para vos?

-Fue muy casual el momento en que me tocó lanzar este material, que lo había producido en 2019. Ese año estábamos en crisis cultural, había pasado lo de Chile, y había tantas cosas alrededor cayéndose y cuestionándose, ¿cómo la cultura se deja siempre para el final?

Me daba la sensación todo el tiempo de que los artistas soñamos con exiliarnos, puede ser que a otros rubros también les pase. Había algo de ese universo que te expulsa por varias razones y de querer conocer otro mundo que te de más esperanza. Eso unió la temática de los temas y por eso se llama de esa manera.

Fue raro sacarlo en un momento donde no había donde exiliarse ni correr. El desasosiego era colectivo, pero global. También estaba muy marcada mi historia por mis abuelos y la posguerra, ambos fueron exiliados de la Guerra civil española.

Es el pop de posguerra el género de Exilios, siento que le calza mucho. Todo esto ya pasó antes y pude hacer un exorcismo de todo lo que venía acumulando. Fue interesante defenderlo durante el 2020.

Con Santiago Iezzi, mi socio, co productor y con quien hago todo lo de Fenna Frei hasta ahora, estábamos necesitando hacer algo distinto que nos corriera de los moldes. Ambos trabajamos en la música y vivimos acotándonos a los moldes cuando hacemos nuestra labor, entonces queríamos exiliarnos del sistema hegemónico de la música.

Así que nos pusimos a trabajar teniendo todas las herramientas en un estudio de grabación en ese momento. Hoy esa oportunidad no la tenemos más, la perdimos con la cuarentena, no lo pudimos seguir pagando y obviamente volvés a producir en versión home studio. Es un ritual que da pena, pero ahí nos quedó un lindo recuerdo que es Exilios.

-“Sin Miradas” es tu nueva canción y es muy distinta a las demás. ¿Cuál fue tu inspiración para este giro?

La génesis de “Sin Miradas”, hablando de lo que me sucedía emocionalmente, es muy distinta a lo que fue con los discos anteriores.

A los artistas nos toca crear después de haber pasado un año terrible. Yo sentí que ni siquiera podía seguir haciéndolo, no podía convencerme de que una idea o canción mía fuese lo suficientemente importante como para poner tanto esfuerzo cuando todo lo demás se caía.

¿A quién le iba a importar que yo saque un tema ahora? Me costó mucho volver, sentí que perdí la identidad. Fue un golpe y un cambio de estructuras, y en el medio la desesperanza de la cultura.

Un día escribí algo en mi Instagram de lo que me había pasado durante el 2020 y mucha gente sintió empatía. Ahí volvió a tomar sentido: abrir el corazón desde un lugar poético y sincero, y desnudarme... Quería que lo que saque esté muy conectado con lo que me pasa y pueda resonar en otros cuerpos y otras conciencias. Ese es el sentido del arte.

“Sin Miradas” surgió mientras estudiaba piano y escuchaba unos aplausos que venían de un show en un bar de la esquina de mi casa, y me entró una nostalgia y melancolía absurda de preguntarme: “¡hace cuánto tiempo no aplaudo ni recibo aplausos?”. Ahí me conecté con la creación y fluyó. El próximo contacto que haya con la gente desde el escenario va a ser desde un lugar muy nuevo, transformado e interesante. ¡Ansío vivirlo!

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