jueves 9 de abril de 2020

PERSONAJES | Hace 3 meses

Claudia Scherer-Effose, la primera embajadora francesa en nuestro país

Desde que llegó lucha porque las mujeres puedan asumir las mismas funciones que los hombres. Trabajó en Argentina durante el gobierno de Cristina Fernández y hoy, con el principal cargo diplomático, aclara que con el nuevo presidente tendrán buenas relaciones. 

La cita es en la embajada de Francia, ubicada en esas calles bien europeas como Cerrito y Avenida Alvear. La primera embajadora de la historia de Francia en nuestro país se dispone a responder todas las inquietudes, pero antes desliza: “Marie Claire tiene un papel muy importante, ya que debe sensibilizar a sus lectoras sobre el hecho de que es posible que las mujeres puedan asumir las funciones que están relegadas a los hombres”.

Aún hoy están relegadas…
Los diplomáticos varones siguen siendo la gran mayoría. De hecho acabo de chequear las estadísticas francesas. De un total de 190 personas, hay 50 embajadoras y representantes permanentes de Francia frente a organizaciones internacionales. Es decir un porcentaje bajo, pero que mejora muchísimo.

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Si recordamos que la primera mujer embajadora de mi país asumió en los años 70, en la actualidad aumentamos de una a 50.

¿Considera que Francia está a la vanguardia en paridad de cargos?
Voy a ser totalmente honesta, y mis colegas europeos lo van a apreciar, debo reconocer que los países nórdicos son los que están a la vanguardia. En particular, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia.

Son las naciones más progresistas desde hace mucho tiempo. Francia no está atrasada y hay muchas cosas que se lograron. Y desde esta perspectiva un momento importante, fue el debate sobre la cuota de género que se dio hace 15 años.

Algunas personas creían que no era necesaria una cuota porque eso sería forzar las cosas y que el cambio vendría por si mismo. Mientras que otras, decían que como ese cambio iba a ser tan lento, había que imponerlo.

Entonces, en 2012 el parlamento francés adoptó una Ley que reglamentó que obligó a los Ministerios federales a que un cuarto de las designaciones sean mujeres.

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Para 2015 y 2016 ese porcentaje tenía que ascender al 30 por ciento, y después del 2017 al 40 por ciento. Lo más interesante es que si un Ministerio no cumple con esa cuota, por cada mujer que falta se cobra una multa de 90 mil euros.

Personalmente, ¿cuál es su opinión respecto del cupo?
Me parece que el sistema de cupos es una buena fórmula e incentivo para las nuevas designaciones; y la ventaja es que no es un cupo para siempre. Por ejemplo cuando yo fui embajadora por primera en 2016 en Estonia logré el objetivo del cupo, en cambio cuando vine a Argentina ya no tenía que ser así.

Entonces como mujer una puede concentrarse en su carrera profesional, es decir continuar el camino gracias a tus propias habilidades. Aunque, debo reconocer, que es complejo acceder a cargos políticos, ya que consume demasiado tiempo y eso a las mujeres las afecta más.

¿En qué sentido?
Es un trabajo de 24, 7. Y eso es difícil. Por eso es importante que las mujeres ocupen cargos políticos para poder cambiar las reglas.

¿A qué reglas se refiere?
Por ejemplo, a las referidas al tiempo. Cambiar esa disposición que dice que hay que estar trabajando el ciento por ciento del tiempo, porque una también tiene que estar con su familia.

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Cambiando de tema. No es la primera vez que trabaja en Argentina...
No, de hecho escogí este país porque quería trabajar en una nación hispanohablante. El español fue mi idioma materno porque mi madre era diplomática mexicana y su primer destino fue París, aunque también fue su último puesto porque se casó con mi papá y dejó el servicio exterior mexicano.

Por eso también creo que me inicié en esto. Porque mi madre tuvo que dejar una carrera que le gustaba muchísimo, ya que no se podía quedar en Francia luego de casarse con mi padre. Esas eran por entonces las reglas del servicio exterior mexicano.

A raíz de eso estuve desde chica inmersa en un universo multicultural. Además, a la nacionalidad de mi mamá se suma la región de Francia en la que nací, que es el noreste, muy cercano a Alemania, con raíces culturales muy arraigadas a ese país vecino. La mezcla de culturas es parte de lo que soy.

¿Qué similitud encuentra entre Francia y Argentina? ¿Y entre los feminismos de cada país?
Es muy interesante por la relación tan fuerte que tenemos. Aquí, hubo mucha inmigración francesa y, casualmente, mi nación no es un país que mandó a muchos ciudadanos fuera de su territorio.

Si quizá a Argelia o a Canadá, pero no fueron demasiados, como el caso de Irlanda o Italia. Por eso la presencia francesa es algo muy importante.

También la cultura es muy fuerte, comenzando por San Martín.Respecto a mi figura como embajadora tiene que ver con la decisión de Emmanuel Macron de tener una diplomacia feminista.

También para responder a las críticas, ya que si bien hay muchas embajadoras francesas en todo el mundo, casi nunca se designaban en países importantes.

¿Qué representa para usted ser la primera embajadora de la historia en Argentina?
Es fantástico porque sé que Argentina es un destino muy codiciado en el servicio exterior. Buenos Aires es conocida como una ciudad muy agradable de vivir, comparada con otras capitales de la región, por su clima y su cultura.

¿Y políticamente? Porque se conoce que Macron y el ex presidente Mauricio Macri tenían o tienen muy buenas relaciones. ¿Qué ocurre con el gobierno de Alberto Fernández?
Vamos a establecer buenas relaciones con el nuevo gobierno. Yo estuve entre 2008 y 2012, es decir que llegué después de que Alberto Fernández se vaya del gobierno kirchnerista.

Pero aunque con él no tuve contacto, sí lo tuve con muchas personas que son parte de este nuevo gobierno. La situación también es diferente, desde el punto de vista de lo que significa a nivel global.

Los gobiernos que hay en Brasil, Estados Unidos y la situación económica mundial es muy distinta.

En ese aspecto, ¿qué cree que va a pasar con el Acuerdo comercial Mercosur- Unión Europea?
No es un tema ligero (risas). Pero creo que las compradoras argentinas ganarían mucho en la implementación del acuerdo porque se mejoraría el intercambio textil. Ahora en Argentina hay muy pocas marcas extranjeras y en particular francesas. A mi me gustaría que lleguen aquí firmas que me gustan mucho y que son intermedias, no de lujo sino más accesibles.
 

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