Friday 19 de June de 2026

MODA | Hoy 08:02

Sevilla y la Feria de Abril: donde la moda y la tradición se encuentran

Entre casetas privadas, trajes de flamenca, claveles y albero, la Feria de Abril despliega cada año una sofisticación profundamente ligada a la tradición andaluza. Una celebración donde el costumbrismo, el color y las tendencias conviven hasta convertir a Sevilla en una de las expresiones más auténticas de la moda en estado puro.

La Feria de Abril no se entiende: se atraviesa”. Esta frase funciona casi como una advertencia para quien llega por primera vez a Sevilla buscando una fiesta popular y se encuentra con algo bastante más complejo: una ciudad paralela, levantada durante una semana en el barrio de Los Remedios, donde el albero —esa tierra dorada que cubre el Real—, los farolillos, los caballos, las sevillanas y más de mil casetas construyen uno de los grandes escenarios sociales y estéticos de España.

La primera clave para entender la feria es aceptar que no es un festival abierto en el sentido contemporáneo del término. Las casetas no son puestos comerciales ni discotecas con decoración típica. Una caseta es una estructura efímera, decorada como una pequeña casa festiva, donde se come, se bebe, se baila y se recibe a los invitados. Son el salón de casa de los sevillanos trasladado a la calle. La mayoría son privadas, pertenecen a familias, grupos de amigos, hermandades o entidades, y para entrar hace falta ser socio o acudir de la mano de alguien que actúe como anfitrión. En la Feria, el acceso también forma parte del estilo.

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Las calles de Sevilla son escenario de esta fiesta popular.

Por eso, lo primero para asistir como alguien local es tener un buen anfitrión o un buen hotel. No solo porque muchas de las casetas más exclusivas son privadas, sino porque en cada edición las tradiciones dialogan con nuevas tendencias: de un año a otro cambian los estampados, el maquillaje, los accesorios, la colocación del mantoncillo o la manera de interpretar el traje. Hesperia Sevilla es una excelente opción ya que ofrece ese acompañamiento esencial: un showroom de moda flamenca y servicio de estilismo de La Parrala Flamenca, pensado para que las invitadas puedan asistir vestidas como una sevillana más, incorporando las claves reales de la temporada sin caer en el disfraz.

Vestirse de flamenca no es disfrazarse. Esa es la frontera más importante. El traje de flamenca es la única vestimenta regional del mundo que evoluciona como moda urbana y se rige por tendencias de pasarela.

La silueta sevillana

Porque vestirse de flamenca no es disfrazarse. Esa es la frontera más importante. El traje de flamenca es la única vestimenta regional del mundo que evoluciona como moda urbana y se rige por tendencias de pasarela. Su poder está en esa mezcla de arquitectura textil, artesanía y sensualidad popular: entalla la cintura, realza el busto, abre la silueta en la cadera y convierte el movimiento en una declaración estética. Los volantes no son adorno; son volumen, ritmo y carácter. El mantoncillo no es un chal; es una línea estructural. Y el mantón de Manila, esa gran pieza bordada de seda con flecos largos heredada del imaginario hispano y oriental, puede elevar un look sencillo hasta convertirlo en una declaración de elegancia.

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La Plaza de toros es epicentro de los desfiles.

La diferencia entre quien va vestida y quien entiende la Feria está en “el flow del estilismo”. Una mujer que domina el código lleva la flor arriba, en el centro de la cabeza, ligeramente proyectada hacia delante. Lleva el pelo recogido, porque el cuello, los pendientes y el escote forman parte del conjunto. El mantoncillo va cruzado, sujeto, integrado en el traje. Las cuñas de esparto sustituyen al tacón imposible, porque el albero no perdona. 

La jornada también tiene su liturgia. De día, la Feria es paseo, almuerzo, conversación y carruajes. El desfile de caballos y coches aporta esa atmósfera cinematográfica que sorprende al visitante: jinetes, amazonas, enganches tradicionales y una precisión casi decimonónica moviéndose entre casetas. Por la noche, cuando se retiran los caballos, cambia la temperatura de la fiesta: se encienden las luces, crece la música y las sevillanas ordenan el ritmo emocional del Real. La Feria es maximalista en sus formas, pero extremadamente sofisticada en su ejecución. Nada parece contenido, pero todo tiene medida. Nada parece silencioso, pero todo responde a un código.

La Feria es maximalista en sus formas, pero extremadamente sofisticada en su ejecución. Nada parece contenido, pero todo tiene medida. Nada parece silencioso, pero todo responde a un código.

Ahí aparece la segunda llave de acceso: no basta con estar dentro, hay que saber cómo estar. La entrada a la caseta de la histórica Hermandad del Rocío de la Macarena, facilitada por Hesperia Sevilla, permite vivir una de esas experiencias que explican de verdad el carácter privado, social y ceremonial de la Feria. No se trata solo de entrar en un espacio exclusivo, sino de comprender la hospitalidad sevillana desde dentro: comer, brindar, bailar, mirar y dejarse guiar.

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El estilo de las mujeres cambia año a año. 

La Feria de Abril inaugura cada año el gran calendario festivo de Andalucía, pero también marca su tono: después vendrán muchas ferias, en pueblos y ciudades, hasta el final del verano. Sevilla abre la temporada y dicta el estilo. 

FOTOS: Gerardo Morillo. 

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