Durante años parecieron quedar atrapadas en el universo de los recuerdos infantiles: tardes de pileta, vacaciones familiares, arena, juguetes de plástico y colores translúcidos. Pero la moda tiene una obsesión conocida por resignificar aquello que parecía imposible de recuperar. Y este verano 2026, las jelly sandals vuelven convertidas en una de las tendencias más inesperadas —y deseadas— de la temporada.
Lo que antes generaba cierta división estética, hoy encuentra una nueva lectura mucho más sofisticada. Las sandalias jelly ya no aparecen únicamente como un guiño nostálgico, sino como parte de una conversación más amplia sobre comodidad, funcionalidad y lujo relajado.

El regreso del PVC blando
Después de temporadas dominadas por siluetas rígidas, estructuras arquitectónicas y estéticas extremadamente pulidas, la moda parece buscar algo distinto: piezas más lúdicas, más blandas y menos solemnes. Ahí es donde las jelly sandals encuentran su gran regreso.
El PVC flexible, los acabados glossy y las transparencias suaves funcionan casi como una respuesta emocional al exceso de perfección. Son zapatos que acompañan el ritmo del verano sin imponerse demasiado. Y justamente en esa aparente simpleza aparece gran parte de su atractivo.
Más que un accesorio, funcionan como una actitud.
De la infancia al lujo contemporáneo
Las jelly sandals activan una memoria colectiva inmediata. Hay algo profundamente emocional en volver a usar un objeto tan ligado a la infancia, pero reinterpretado desde una estética adulta y contemporánea.
La industria entendió rápidamente el potencial de esa nostalgia. Por eso las versiones 2026 abandonan cualquier lectura puramente naïf para transformarse en piezas mucho más refinadas. Los colores pastel conviven con tonos translúcidos, acabados minimalistas y siluetas más depuradas que acercan este calzado al universo del lujo silencioso.

Cuando las firmas de lujo las reinventan
El verdadero punto de inflexión llegó cuando las grandes marcas comenzaron a reinterpretarlas desde su propio lenguaje estético.
The Row apostó por versiones minimalistas y silenciosas donde el PVC se vuelve casi escultórico. Chloé, en cambio, exploró un costado más romántico y relajado con flip-flops delicadas y femeninas. Mientras tanto, Loewe llevó las jelly sandals a un terreno más experimental, transformándolas en piezas cercanas al diseño industrial.
El mensaje es claro: aquello que alguna vez fue considerado puramente funcional hoy también puede ser aspiracional.
Cómo se usan en verano 2026
La clave estilística está en el contraste. Las jelly sandals funcionan mejor cuando rompen la lógica del look.
Con vestidos fluidos aportan una sensación relajada y fresca. Con jeans amplios generan un guiño noventoso más urbano. Y cuando aparecen junto a prendas sastreras o faldas estructuradas, introducen esa tensión estética que hoy domina buena parte de la moda contemporánea: lo casual infiltrándose dentro de lo sofisticado.
Sí, siguen siendo perfectas para la playa o la pileta. Pero ya no se quedan solamente ahí.
Una tendencia entre el lujo y lo cotidiano
Otra de las razones detrás de su regreso tiene que ver con su enorme versatilidad comercial. Las jelly sandals existen hoy en múltiples versiones: planas, tipo ballerina, con taco bajo, formato mule o incluso reinterpretadas como cangrejeras contemporáneas.
Mientras las firmas de lujo las convierten en objeto fashion, marcas masivas también las reinterpretan desde una mirada más accesible. Y quizás ahí esté parte de su éxito: son una tendencia capaz de moverse entre el diseño de autor, la nostalgia pop y el consumo cotidiano sin perder su espíritu divertido.
Porque si algo demuestra el regreso de las jelly sandals es que la moda actual ya no le teme al juego, al recuerdo ni a la ironía estética. Todo lo contrario: los transforma en deseo.
at redacción Marie Claire
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