Olvidemos a las ninfas corriendo por campos de lavanda. En 2026, la perfumería cambió el romance por el estado de nirvana. Los nuevos aromas llegan con mucho más para ofrecer que un bouquet de flores con especias y madera. La industria tomó un atajo más pragmático y holístico a la vez, hasta llegar a nuestro sistema límbico, el centro de mando emocional ubicado en lo más profundo del cerebro. Bienvenidas a la era del Mood Scent.
Del romanticismo al bienestar emocional
El olfato es el sentido más evocador. Lo dicen la ciencia, la experiencia y los expertos que estudian el hipnotismo de los aromas. Esto nos lleva al punto de partida: las esencias y su capacidad para provocar emociones.
“La niñez, por ejemplo, suele ser la época sin preocupaciones, de recuerdos felices, bienestar y calma. Lleva impresa una huella olfativa única. Una evocación a momentos de paz que se da la mano con otros gestos como perfumarse antes de dormir y adentrarse en las bondades del scent hacking”, explica Olivier Cresp, fundador de Akro Fragances.
Y le da crédito a esta tendencia desde que se convirtió en un gesto cotidiano, perfumando espacios íntimos para generar lugares de placer. “Tras la pandemia aprendimos como nunca que es importante prestar atención a los pequeños detalles en los sitios que habitamos cada día. ¿Por qué no llevar, entonces, ese confort con nosotros siempre? Si de eso se trata la perfumería”, agrega Cresp.
La perfumería deja atrás la intuición pura para entrar en una era donde ciencia y emoción se combinan. Cada aroma se diseña como una experiencia sensorial capaz de impactar directamente en el cerebro.
El poder del olfato en el cerebro
Hubo un tiempo, casi pintoresco, en el que elegíamos una fragancia, motivadas sólo por los gustos personales. Hoy las ambiciones son más pragmáticas: lograr que cada nota actúe como un regulador de nuestro estado de ánimo.
Así es como llegamos a la era de la neuroperfumería y del confort, un movimiento que no muestra signos de desaceleración. Todo lo contrario, la alta perfumería está en su mejor momento: un producto puede oler sexy y llevarnos a un estado de paz en partes iguales.
Según un informe de McKinsey, este agregado de valor está generando
un crecimiento de entre un 5 % y un 10 % anual en el consumo de fragancias. Un fenómeno de placer pone en relieve la importancia del equilibrio mental y físico.

Fragancias funcionales: el nuevo lujo sensorial
Los ingredientes hoy valen más que las palabras bonitas o promesas de éxito. Así, surge una nueva generación de perfumes que prometen una experiencia más holística, centrada menos en la apariencia y más en el wellness. Se llaman Fragancias Funcionales y son esencias creadas para promover una determinada sensación.
“El aroma tiene un poder persuasivo más convincente que las palabras, la apariencia, los sentimientos y la voluntad”, escribió Patrick Süskind en El perfume. Según estudios recientes, el olfato influye hasta en el 75 % de nuestro estado de ánimo. Y los expertos están encontrando la combinación perfecta de moléculas que despierten emociones, evoquen recuerdos, nos transporten a experiencias felices e incluso provoquen cambios de humor.
Ya podemos encontrar perfumes que no solo sean agradables, sino que nos brinden beneficios reales como conciliar el sueño, promover la relajación, reducir la ansiedad o mejorar el estado de ánimo.
Basándose en décadas de investigación que han establecido la conexión entre perfumes, emociones y memoria, los investigadores especializados en neurociencia están profundizando en la química cerebral para descubrir las combinaciones de notas específicas que nos proporcionen esos sentimientos.
Como explica Fiona Harkin, editora de The Future
Laboratory: “Las Fragancias Funcionales son una tendencia en auge… las marcas no solo buscan el olor, sino también influir en el estAado anímico, la presión arterial o el estrés”.
Una de las empresas líderes en este campo es The Nue Co., que en 2019 creó una de las primeras Fragancias Funcionales, combinando palo santo, cardamomo verde, bergamota y cilantro para calmar la mente.
A esto se suman otras variantes como Forest Lungs, Mind Energy y Water Therapy, que buscan reproducir sensaciones asociadas al bosque, la concentración o el agua.
Como señala Flo Glendenning: las notas amaderadas tienden a calmar, mientras que las cítricas estimulan la energía.
El olfato influye hasta en el 75 % del estado de ánimo, convirtiéndose en una herramienta clave para el bienestar. Hoy, las fragancias no solo evocan recuerdos: también pueden relajar, energizar y mejorar la calidad de vida.
La tecnología que redefine el rol del perfumista
Estée Lauder, Natura y Givaudan también avanzan en esta línea, utilizando estudios neurosensoriales y tecnologías como Scent Trek para validar el impacto emocional de sus perfumes. Otras marcas como Vyrao, Heretic o Edenist desarrollan fragancias diseñadas para elevar emociones y generar bienestar, incluso incorporando elementos como cristales o estudios con EEG y resonancias.
Las posibilidades son ilimitadas. Y aunque algunos sostienen que la perfumería es un arte que no puede reemplazarse por algoritmos, todo indica que esta nueva generación de esencias transformará la forma en que experimentamos los aromas.
En este nuevo escenario, la figura del perfumista se redefine. Como explica Coralie Spicher, hoy el trabajo es un diálogo entre intuición y tecnología: el profesional define la intención emocional y las herramientas digitales ayudan a encontrar las combinaciones exactas. “Ya no se trata de mezclar notas de forma intuitiva, sino de manipular la estructura mínima de la materia para que cada partícula encaje en nuestros receptores neuronales”, afirma.
Un ejemplo es el Ambrofix, una molécula sintética que replica el ámbar gris con gran estabilidad y puede incluso influir en la producción de cortisol.
Esta nueva arquitectura invisible impulsa lanzamientos de alto perfil y redefine el lujo: una perfumería que ya no solo vende fantasía, sino bienestar medible.
at María Molina
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