martes 19 de noviembre de 2019

LIFESTYLE | Hace 3 semanas

Menopausia: cuando el estrés nos juega una mala pasada y puede engañarnos

Continuamos con la entrega de la columna a cargo de Miriam De Paoli en la que cuenta sin tabúes como es vivir la etapa de la menopausia.

¿Hola, cómo andan? ¡Tuvimos 15 días intensos por el mes de la menopausia! Entrevistas, eventos, ¡hablamos e intentamos visibilizar el tema en todos los momentos y lugares en los que tuvimos oportunidad.

Pero, como pasa muchas veces, una de cal y una de arena… Nos tocó un mensaje directo sobre un tema que habíamos tocado en www.nopausa.com pero nunca en nuestra columna para Marie Claire: experimentar los síntomas de la menopausia causada por estrés extremo.

Exactamente: ¡estrés! Como decimos siempre en No Pausa, si hay algo que tenemos en común absolutamente todas las mujeres – hasta con Beyoncé o Kim Kardashian (un poco de humor )  es que vamos a entrar en la menopausia en algún momento de nuestras vidas.

El cómo, en qué momento y por qué motivo o razón nos diferencia y varía en cada uno de los casos. Lo que no sabíamos es que cerca del 1% de la población femenina mundial experimenta la menopausia antes de los 40 años.

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Y que los diferentes estudios muestran que existe más de una razón por la cual esto puede suceder. Entre todas, una de ellas es la que más nos llamó la atención ya que está vinculada al estilo de vida moderno: la menopausia por estrés.  

Como ya lo hemos hablado, la menopausia antes de la edad promedio (50 años, 2 más o 2 años menos acá por tierras argentinas) puede ser resultado de diferentes factores: cirugías, tratamientos con quimioterapia, cuestiones genéticas, problemas emocionales y, en el final de la lista aparece el estrés extremo.

¿Pero cómo?

Sabemos que el estrés viene en muchas formas y tamaños, y puede que ni siquiera sea percibido como estrés en el momento que aparece. Algunos lo definen como un estado mental que cree que todo es una emergencia.

Hay formas de estrés “bueno” como la responsabilidad, la expectativa de algo positivo, las citas y el parto, así como formas “malas” como la inseguridad financiera, la violencia, el desempleo, la baja autoestima y la muerte.

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En realidad, nuestro cuerpo no asocia el estrés como “bueno” o “malo”, sino que reacciona de la misma manera si el estrés es físico, químico o emocional.

Nuestros cuerpos fueron diseñados para responder al estrés y hacerlo muy bien, pero a medida que el estrés se vuelve un estado continuo, las partes del cuerpo que regulan el estrés comienzan a fatigarse y ya no funcionan tan bien como se esperaba.

Esto dificulta que el cuerpo se mantenga saludable. Y, en algunos casos extremos, adelantar la menopausia.

El estrés

El estrés hace que una glándula llamada suprarrenal secrete una hormona llamada cortisol. El cortisol está diseñado para controlar la respuesta del cuerpo al estrés estimulándolo a calmarse.

Cuando hay mucha producción de cortisol, o una situación crónica donde el cortisol se libera durante un largo período de tiempo, se producen efectos secundarios.

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Muchos de estos síntomas incluyen sueño interrumpido, mala digestión, aumento de peso, mala memoria y más. ¿Suena familiar no? ¿Por qué está relacionado con la menopausia?

Acá entra un poco de información “dura” pero no hay otra. La secreción crónica de cortisol puede provocar trastornos menstruales y el exceso de cortisol crea una remoción (conversión) más rápida de otra hormona conocida como progesterona.

A medida que la progesterona y el estrógeno se desequilibran nuestro cuerpo se “acerca” a la menopáusia, con una transición hormonal acelerada.

Muchas mujeres en esta situación de estrés extremo experimentan lo síntomas comunes de la menopausia aún estando lejos de la edad “habitual”: sequedad vaginal, relaciones sexuales dolorosas, aumento de peso, sueño interrumpido, problemas de memoria, pesadez en la vejiga y sofocos, ya que sus hormonas están desequilibran.

La buena noticia (¡una buena!) es que, si se diagnostica a tiempo y se logra reducir el nivel de estrés a través de la modificación de la dieta, suplementos nutricionales (casos necesarios) y el ejercicio en algunos casos es posible volver a equilibrar el cortisol, el estrógeno y la progesterona.

Otro ejemplo de que la información nos permite tomar riendas de esa etapa ¿Conocen casos así? ¿Se animan a compartirlos? U

n abrazo, Miriam

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