Thursday 30 de May de 2024

LIFESTYLE | 06-05-2023 11:44

Elvira Sastre hizo latir Buenos Aires

La poeta española se presentó en el Teatro Ópera y brindó un show inolvidable junto a Manu Miguez.

María Clara Silles
María Clara Silles

Editora de CARAS. Posgrado en Periodismo Digital en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Especialista en Redacción SEO. Autora de los libros "Gaspar, perderte o perderme" y “Ramé”

Elvira Sastre lo hizo de nuevo. Llenó un teatro y con un show en el que se fusiona la poesía y la música para crear un mundo paralelo en el que nos adentramos por dos horas y el bullicio de Buenos Aires se detiene. 

Sí, estamos en el Teatro Ópera, sí, la calle es un caos de gente y los bocinazos son moneda corriente. Pero eso no importa, nada importa porque durante el tiempo que dura el concierto la comunión que se crea entre esta poeta española y el público, sus lectores, hace que el mundo se detenga. Estamos en un tiempo paralelo, estamos ensimismados escuchándola recitar sus poemas uno tras otro, estamos en el paraíso de la literatura, estamos al frente de la poeta contemporánea más importante. El mundo, ese micromundo que por un lapso de tiempo tiene residencia fija en Av.Corrientes 860, se rinde ante la voz de Elvira Sastre, la celebra, la ovaciona, le grita que la ama y la abraza con el fervor de los aplausos. 

"Yo no quiero ser recuerdo", dijo Elvira Sastre sin saber que será, eternamente, un recuerdo vivo de la poesía

Terminó el show de Elvira Sastre y se nota. El ambiente se siente distinto, la gente comienza a levantarse de las butacas y es inevitable no conmoverse con lo que sucede alrededor: amigas fundiéndose en abrazos, mujeres que se deshacen de sus pañuelos descartables luego de haber llorado de la emoción, madres e hijas que se retiran mirándose a los ojos sin poder emitir palabra. Choques generacionales que se entremezclan y se vuelven un solo lenguaje: el de la poesía.

Y es que escucharla recitar a Elvira Sastre es una bocanada de aire fresco, irreverente y desafiante. Pero también es una puñalada de recuerdos, de emociones, de heridas que se abren en cuestión de segundos y que mientras uno las ve sangrar intenta agarrarse fuerte para hacer un falso torniquete. ¿Cómo se le explica al cuerpo que nada de eso que nos generó la herida en verdad está sucediendo? ¿Cómo se le explica que el simple (y complejo) acto de escuchar un poema nos hizo sangrar porque nos trajo un recuerdo? Se hace difícil, las lágrimas caen igual. 

Elvira Sastre hizo latir Buenos Aires
Elvira Sastre hizo latir Buenos Aires

Al rato eso se evapora, la música sana y la existencia de un teatro repleto sintiendo lo mismo hace que el dolor sea pasajero. Elvira hace chistes entre los poemas y nos reímos todos. Un poco porque es ella y otro poco porque es cierto, somos 1500 personas escuchando poesía un sábado de lluvia en la ciudad de la furia y nada podría ser más poético que eso.

Si bien se trata de un show literario en el que el silencio es indispensable, es inevitable percibir que ese evento está sucediendo en Argentina. Todos sabemos que “el público argentino es diferente” y no lo digo yo, lo dicen todos los artistas que pisan este suelo. Y aunque estamos ante una joven que recita poesía, el argentinismo se percibe en las butacas. Al momento de aplaudir, se aplaude con fervor, al momento de llorar, la platea sea convierte en un mar, al momento de celebrar, todo se vuelve una gran fiesta.

Estamos en la mitad del show, Elvira Sastre decidió recitar un poema que para mí, a nivel personal, tiene mucho significado. La miro a mi mejor amiga mientras escucho recitar a la rockstar de la poesía y ella también me mira. Esa frase nos une y es como si lo hubiésemos planeado, como si Elvira supiese que de los millones de poemas que tiene, ese día tenía que recitar ese porque mi mejor amiga y yo estamos ahí. “Y que ojalá sonrías y no te culpes, ni te castigues, tú cambias vidas pero no destinos”, dice el emblema de la poesía hecho persona y un teatro entero se rinde ante su pies, o su voz. Yo también. Imposible no hacerlo.

Música, poesía y el inicio de algo que no olvidaremos nunca

¿Saben algo? Ir a un show de poesía no es lo mismo que ir a un recital, es una fiesta sí, pero también es un acto intimista. Cada uno de los espectadores se conmueve con un poema distinto y celebra frases distintas y ahí, en esos microsegundos en los que uno puede percibir la emoción de cada persona que se encuentra sentada en la butaca, es cuando uno entiende que todos y cada uno de nosotros somos una historia. A mí lado una joven llora desconsoladamente, en algún momento empiezo a mirar su paquete de pañuelos para ver cuántos le quedan porque temo que no le duren todo el show y percibo que aunque llora tiene la sonrisa instalada en su rostro. Y es que claro, está sintiendo la poesía y a eso vino.

Y Elvira lo sabe y es por eso que sus poemas atraviesan a los lectores de una forma en la que, sin lugar a dudas, uno nunca vuelve a ser el de antes cuando termina un poemario de ella.

“Miradnos. Somos la luz de nuestra propia sombra, el reflejo de la carne que nos ha acompañado, la fuerza que impulsa a las olas más minúsculas. Somos el azar de lo oportuno, la paz que termina con las guerras ajenas, dos rodillas arañadas que resisten con valentía. Miradnos. Decidimos cambiar la dirección del puño porque nosotras no nos defendemos: nosotras luchamos", recita mientras el público escucha con atención. Y es que segundos antes contó que ese poema, al que titula "Somos mujeres", lo escribió luego de ver la lucha feminista en Argentina y ver cómo las mujeres de este país luchamos porque el aborto fuera, al fin, legal en todo el territorio. "Es el sitio en el que más he aprendido sobre feminismo", dice, y sus lectoras la ovacionan. Perdón, me corrijo, la ovacionamos.

Elvira Sastre hizo latir Buenos Aires
Elvira Sastre hizo latir Buenos Aires

Estoy llegando al final de esta crónica, pero también al inicio del show. El teatro “se cae” de gente como decimos los argentinos. Miles de personas sentadas en sus butacas esperando que se abra el telón y aparezca ella y con su acento español diga “Buenas noches” y nos de la bienvenida al show más espectacular que vamos a ver (o mejor dicho, a sentir) en nuestras vidas. Nosotros todavía no lo sabemos pero ella sí. Sin embargo, no es lo primero que dice al pisar el escenario, por el contrario, comienza recitando uno de sus poemas más icónicos. "Tus huesos que chocan como placas tectónicas y destruyen reinos y crean países nuevos y llueven inundan arrasan derrumban. Tus huesos que chocan como placas tectónicas y me obligan a empezar de nuevo a ser valiente y a construirme esta casa sobre ellos".

“Buenas noches Argentina”, dice Elvira Sastre y el público no puede dejar de aplaudirla, tanto que es casi imposible que pueda continuar con el show. Estamos ante la poeta más importante de todos los tiempos. Estamos ante la rockstar literaria y esto es solo el inicio del mejor show de nuestras vidas.




 

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María Clara Silles
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Editora de CARAS. Posgrado en Periodismo Digital en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Especialista en Redacción SEO. Autora de los libros "Gaspar, perderte o perderme" y “Ramé”

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