Hay mujeres que identifican oportunidades. Y hay otras —muchas menos— que crean universos propios. Carina Radonich pertenece a ese segundo grupo. Nacida en Rosario, llegó a Estados Unidos con una idea clara: transformar la experiencia hotelera en algo más profundo, más humano. Así nació Magic Moment Resort & Kids Club, un hotel boutique en Kissimmee que, a diez años de su apertura, se convirtió en un caso de estudio dentro de la industria.
Su historia excede el relato clásico del “sueño americano”. Es, sobre todo, un ejemplo de negocio con propósito. Tanto que Wyndham Hotels & Resorts eligió su propiedad como insignia de la línea Dazzler Select en Estados Unidos, validando un modelo donde la rentabilidad convive con la sensibilidad.

Un hotel que interpela
En el universo de Carina, los espacios no son neutros. Hablan, contienen, acompañan. Las paredes del resort están atravesadas por mensajes que invitan a detenerse, a mirar distinto, a reconectar con lo esencial.
“No es solo un hotel; es un recordatorio de que cada momento en familia cuenta”, explica. En un contexto donde todo parece pasar por la pantalla, su propuesta es otra: crear un entorno que habilite la conexión real.
Mientras los chicos exploran un mundo propio —con juegos, personajes y espacios pensados para ellos—, las madres encuentran algo menos visible pero igual de potente: un lugar donde soltar. Sin culpa, sin exigencia, con tiempo propio.

El refugio inesperado del Mundial 2026
Con la mirada puesta en la Copa Mundial de la FIFA 2026, Radonich proyecta su propuesta hacia un nuevo escenario. Porque detrás de la euforia del fútbol, hay otra logística: la de quienes sostienen el viaje. Ahí aparece su diferencial.
El hotel funciona como un “safe place” para las madres: un espacio donde descansar, vincularse con otras mujeres y saber que sus hijos están contenidos. Lejos del estrés de los mega-resorts, la experiencia apuesta por una escala humana, emocional y consciente.

Diez años de una intuición que se volvió sistema
Sostener un proyecto así durante una década en uno de los mercados más competitivos de Estados Unidos no es casual. Es resultado de una mirada que entiende algo clave: la sensibilidad también es una estrategia.
En un mundo saturado de opciones, Carina Radonich propone otra forma de lujo. Una que no se mide solo en estrellas, sino en lo que queda después: el recuerdo, el vínculo, el tiempo compartido.
Porque, al final, quizás de eso se trate todo. De volver con algo más que fotos. De volver con el corazón lleno.
at Clara Ballester
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