CULTURA | Hace 1 semana

¡Vive y resiste! Las nuevas facetas del papel

Aunque hace mucho que se viene vaticinando su final, hoy la impresión exhibe un renovado vigor gracias a originales actividades como origami, edición, lettering y papercut. Cinco variantes para desconectar y volver a las raíces.

Se vaticinó muchas veces. Conforme la tecnología evolucionó, se fue hablando con cada vez más fuerza de la extinción del papel.

Y sin embargo, a pasos del 2020, los libros siguen siendo pasión de multitudes y distintas tendencias de hobbies artesanales demuestran que el soporte sigue más vivo que nunca.

Hoy el papel no solo se lee, sino que se toca, dibuja, pliega y diseña. En tiempos digitales, son cada vez más los que eligen volver a las raíces analógicas y desconectarse un rato de la ansiedad para crear algo único.

El arte de plegar Práctica japonesa de larga data, el origami es una de las disciplinas más elegidas para esta reconexión. Por eso, son muchos los espacios en los que se enseña y se venden figuras hechas con la técnica. Entre los más reconocidos se encuentra Origamiteca, un clásico de Palermo con más de 15 años de existencia.

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“En ese entonces el origami no era tan conocido como ahora, y pensar en una tienda sonaba bastante insólito. Por suerte hubo gente que creyó en la idea”, ilustran desde el emprendimiento. Gracias a ese apoyo pudieron ir creciendo y sumar su propia línea de papeles, algo escaso en el mercado hasta ese momento.

Aunque hoy, dado el crecimiento del interés, también cuentan con una selección de papeles japoneses de gran calidad. “La Origamiteca es como una biblioteca, pero de origamis. Es un lugar destinado también a la exhibición y la contemplación de las formas plegadas”, cuentan. Y asimismo, es un espacio donde el curso inicial de plegado es sumamente solicitado, y lleva más de mil asistentes.

Sin necesidad de experiencia previa, enseña a leer diagramas y técnicas básicas, de modo que luego pueda seguirse la investigación por cuenta propia.

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Para los que quieren continuar, talleres de poliedros, estrellas y kusudamas, cursos de teselados y para aprender sobre piezas específicas son otras de las opciones en cartel. Incluso tienen un taller para niños, nacido tras ver que hay toda una generación que, inmersos en la era de las pantallas, empiezan a descubrir que el papel “les ofrece una forma diferente de crear, ver y hasta de pensar”.

En sintonía con el arte de plegar, el emprendimiento Guardabosques también propone crear figuras de papel. En venta en diversas tiendas de diseño, sus colecciones incluyen mamíferos, aves, cetáceos y dinosaurios, todos listos para armarse en casa. Ideales para hacer en familia, cada kit resulta un poco como regalarse tiempo, pues exige dedicación y paciencia hasta llegar al bellísimo resultado.

Creado por Carolina Silvero y Juan Nicolás Elizalde para una exposición en un centro cultural en 2012, el proyecto fue creciendo con alabanzas de todas partes del mundo, y su primera colección, la de aves, surgió a partir del pedido del público de poder replicarlas en casa.

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“Es el trabajo del que estamos más orgullosos. Nos gusta además el concepto de que ya no se tengan más aves enjauladas y puedan ser reemplazadas por estas, objetos de diseño”, ilustra Juan.

Junto a sus ventas al público general crecieron también los trabajos a pedido, con clientes como Amarula, Hermès, Villavicencio y Fibertel, por solo nombrar algunos interesados en perpetuar este romance entre papel y naturaleza.

El papel tiene alma

Quienes solían recorrer Palermo cuando aún era Viejo y no Hollywood o Soho, seguro recordarán Papelera Palermo. Reducto de hallazgos, papel de increíble calidad y de una nutrida cartelera de cursos, fue uno de los puntos más creativos del barrio durante muchos años. a su cierre, por suerte, encontró continuación en Alma Papelera, un proyecto que nació a principios de 2016 para recuperar la esencia de aquel local.

Entre sus cursos más convocantes se encuentran los integrales, que permiten acceder al arte de la encuadernación y del diseño de cajas en un año y sin experiencia previa, para terminar encarando trabajos con terminación profesional.

“En el integral de encuadernación se aprende a realizar desde libretas de tapa blanda con costura japonesa, pasando por el clásico cartoné de tapas duras y cuadernillos cosidos, hasta álbum de fotos japonés, costura copta, de ojal y encuadernación de hojas sueltas, y hasta a trabajar con telar”, cuenta Claudio Máspero, fundador, quien agrega que muchos de sus cursos son dictados por quienes lo hacían en Papelera Palermo.

Otros de alta demanda son valijas cintage, caligrafía, serigrafía, pop up y calado. Y por estos días también están comenzando una nueva etapa de producción y oferta de productos creados por quienes cursaron.

Por su parte, Noe Arata lleva más de 5 años haciendo maravillas en Dobleufa, un emprendimiento que comenzó creando guirnaldas de papel cosido para su pastelería, les croquants, y que hoy es un negocio en sí mismo, en el que también vende objetos de papel calado, cuadros de papercut, hace instalaciones y productos y con el que dicta clases de la técnica.

“Creo que lo que logran los emprendimientos que trabajan con papel es que el público empiece a entender y conocer las infinitas posibilidades de un material con el que se relaciona constantemente pero solo en los formatos tradicionales. con papel se pueden construir escenografías, instalaciones gigantes, muebles, y, al mismo tiempo, permite hacer trabajos mínimos de altísima precisión, llenos de detalles”, apunta la emprendedora, que pronostica que este interés seguirá creciendo, dadas las enormes posibilidades que brinda el soporte, y que “una vez que te familiarizás con la técnica, es difícil dejar de probar cosas”.

De letras y evolución

Finalmente, entra en escena el lettering. Esta suerte de arte de dibujar letras está por estos días al servicio de medios y productos por igual, y hasta se enseña en coleccionables de diario.

Y aunque son varios los ilustradores que trabajan desde lo digital, la gran mayoría comienza en papel.

“Empiezo dibujando en lápiz y después escaneo y sigo en la computadora. Me gusta que el estilo sea imperfecto, que las cosas no queden simétricas y se note que detrás hubo una mano”, ilustra Paula Ramos, diseñadora gráfica que abraza esta técnica hace 7 años.

Para ella, el auge se debe a que es un arte al alcance, porque todos sabemos dibujar letras y lo hicimos de chicos. “La infancia siempre es el recurso principal para crear, es bueno volver a eso y soltar la mano”, recomienda.

En un mundo en el que todos parecen ensimismados en sus pequeñas pantallas, sigue habiendo lugar para lo artesanal y para la conexión que significa asistir a un curso presencial.

Y mientras el aprendizaje va quedando a cargo de lo digital, el papel se renueva. “Durante cientos de años ha tenido la dura tarea de ser el soporte principal del conocimiento. Hoy finalmente descansa un poco de esa gran responsabilidad, pero sigue estando cerca de lo humano en las nobles tareas de jugar, aprender y crear”, sintetizan desde Origamiteca.

at Vicky Guazzone di Passalacqua

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