Friday 17 de April de 2026

CULTURA | Hoy 07:42

Mariana Enríquez: "El terror no es territorio exclusivo de los hombres”

Con sus historias oscuras y poéticas, Mariana Enriquez ha conquistado una amplia audiencia a nivel mundial. La autora argentina, que vive en Tasmania, combina el terror, la política y la vida cotidiana en una literatura que resulta a la vez perturbadora y fascinante.

Los libros de Mariana Enriquez suelen empezar donde terminan otras historias: en la oscuridad. La autora argentina —traducida a 30 idiomas— conquistó lectores en todo el mundo con sus relatos perturbadores y poéticos. También en el ámbito de habla alemana ya es una figura reconocida: sus libros Nuestra parte de noche, Las cosas que perdimos en el fuego, Los peligros de fumar en la cama y Cómo desaparecer completamente fueron publicados en alemán.

Por su obra recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Herralde de Novela y el Grand Prix de l’Imaginaire. Algunos de sus relatos ya fueron adaptados al cine, como “La casa de Adela”, del libro Las cosas que perdimos en el fuego, que forma parte de la película de terror Satanic Hispanics. Otros proyectos, incluida una posible adaptación en serie de Nuestra parte de noche, están en desarrollo.

Bienvenidos al mundo oscuro y fascinante de Mariana Enriquez.

 

Mariana Enríquez

 

-Tus historias están llenas de fantasmas, rituales, cuerpos y ciudades oscuras. ¿Recordás el primer momento en tu vida en que el terror se convirtió en una fascinación literaria para vos?

-Para mí siempre fue una fascinación literaria o, digamos, narrativa. Desde chica, lo que más me interesaba de los clásicos que tenía que leer eran las historias de fantasmas y demonios. Eso era lo que captaba mi atención: en la mitología argentina, en los mitos griegos, en los pasajes más macabros de la Biblia o de la Odisea, en libros como La historia interminable de Michael Ende o en los cuentos de terror de Ray Bradbury.

A partir de ahí llegué a la literatura gótica, a las hermanas Brontë, a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar… pero lo que más me gustaba de ellos eran siempre sus textos más cercanos al terror.

-En América Latina, el terror suele estar vinculado a la historia, la política o la violencia social. ¿Creés que el terror latinoamericano tiene una identidad propia?

-Creo que en América Latina pasan dos cosas al mismo tiempo: la política está muy presente en la vida cotidiana, muchas veces por una cuestión de supervivencia, y lo sobrenatural se vive con menos prejuicios que en otras culturas. Está más cerca de lo cotidiano, porque por un lado las prácticas tradicionales siguen formando parte de la vida diaria y, por otro, la religiosidad popular se vive de otra manera.

Todo eso se refleja en la literatura o en cualquier producción artística, y por lo tanto también en el terror. Un artista latinoamericano está muy atravesado por su contexto, que a su vez está marcado por la política en sus distintas formas.

De todos modos, no me gusta hablar de América Latina como un bloque. La religiosidad en Brasil no es la misma que en Chile o en Argentina, y la política también es muy distinta. Y en el caso de Brasil, incluso el idioma cambia. Creo que deberíamos empezar a hablar de cada país de la región como hablamos de otras partes del mundo. Que compartamos el español no significa que seamos un bloque uniforme.

-Durante mucho tiempo, el terror fue un género dominado por hombres. Hoy vemos muchas autoras que lo están renovando. ¿Qué cambia cuando el terror se escribe desde una perspectiva femenina?

-Sinceramente, no creo que el texto en sí cambie tanto. El cambio tiene más que ver con la posición de las escritoras. Tampoco creo que en el terror haya existido una dominación masculina absoluta. La literatura gótica fue en gran parte escrita por mujeres y también dirigida a ellas.

En el terror hay autoras muy influyentes, especialmente en el mundo anglosajón, como Shirley Jackson, Amparo Dávila o Poppy Z. Brite. Creo que las escritoras completamos el canon, lo ampliamos, lo reformulamos y lo volvemos más rico.

 

Mariana Enríquez

 

-Hoy tus libros se leen en muchos países y se traducen a numerosos idiomas. ¿Qué hace que historias tan arraigadas en Argentina sean accesibles para lectores de todo el mundo?

-Mis libros se leen de maneras distintas según el país, y eso muchas veces es sorprendente. Por ejemplo, en Francia se leen muchísimo, mientras que en Italia menos, y no hay una razón clara para eso.

-¿Existen miedos universales?

-Creo que el miedo es una de las pocas cosas verdaderamente universales. Todos tenemos miedo a la muerte, a la violencia, a la locura, a la pérdida, al final, a las amenazas. La forma en que aparece el peligro puede cambiar, pero todos reaccionamos ante él.

-¿A qué le tenés más miedo hoy, no como escritora sino como persona?

A la enfermedad y a la vejez.

-El mundo parece atravesar una gran incertidumbre: guerras, crisis políticas, violencia, miedo al futuro. ¿Sentís que vivimos en una época especialmente “oscura”?

-No. Creo que todas las épocas fueron oscuras. No creo que la nuestra sea más oscura que las purgas estalinistas, la Segunda Guerra Mundial con Hiroshima, la trata de esclavos o las masacres de pueblos indígenas.

Lo que sí es distinto es internet. Ya no se trata solo de que podamos verlo todo, sino de la dificultad para creer en lo que vemos, junto con cierta apatía o discursos absolutos. Creo que la red cambió todo, incluso nuestra percepción.

-Tu literatura nace en Buenos Aires, una ciudad intensa, caótica y urbana. ¿Cómo dialoga ese recuerdo con vivir en un lugar tan distinto como Tasmania?

-Estoy en otra etapa de mi vida. Ya no necesito ese caos constante; en lugar de estimularme, me altera. Igual, la mudanza no estuvo pensada en relación con la escritura. Mi marido es australiano y siempre hablamos de la posibilidad de mudarnos, quizá más adelante. Ahora que estamos en nuestros cincuenta, se dio.

Creo que mis textos seguirán siendo inevitablemente argentinos durante bastante tiempo, muy marcados por Buenos Aires, porque viví toda mi vida ahí. Eso no cambia rápido.

Lo que me interesa es ver cómo este cambio puede influir en mi escritura a futuro. Por ahora, como le pasa a muchos migrantes, la vida cotidiana es muy intensa: trámites, organización, empezar de nuevo. Todo eso ocupa tanto espacio que es difícil pensar en abstracto sobre la escritura.

 

Mariana Enríquez

 

-Algunas de tus historias están siendo adaptadas al teatro, cine y televisión. ¿Cómo vivís esa transformación a lo audiovisual?

-Bien. Son lecturas, y como tales, van a ser distintas del texto original. En general siento más curiosidad que preocupación. Hasta ahora estoy muy conforme con la película La virgen de la tosquera de Laura Casabé y con las obras teatrales que vi. Veremos qué pasa en el futuro.

-Estás trabajando en una nueva novela. ¿Podés adelantar algo?

-¡Nada! Todavía estoy trabajando… y soy bastante supersticiosa.

 

Este artículo se publicó originalmente en MC Deutschland. 

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